Habrá ejecutivo ladrón, periodista maleante, cocinero timador, etc., y quienes son honorables no tienen por qué molestarse cuando se mencionan incidentes puntuales. Por otra parte, hubo abundantes quejas de patronas sobre la conducta de mucamas, cocineras y afines. Si bien es cierto que las empleadas domésticas suelen sufrir el acoso sexual del lado masculino de la casa, también es real que existen algunas caraduras que buscan seducir al esposo de la patrona.
Por email relata una señora extranjera, mayor, que se casó con señor paraguayo y vino a vivir a este país. Al principio se las arregló sola, pero después de un accidente que le dejó problemas en un hombro, buscó ayuda para las tareas domésticas y contrató a una chica, que se convirtió en la amante de su esposo. Preguntado el marido sobre la infidelidad, el anciano respondió que la chica era una buscona. La patrona requirió a la empleada sobre la traición y esta le respondió con altanería que estaba embarazada, que si no le gustaba se mandara mudar de la casa y que guay de ella si recurría a la Justicia porque su hermano era chofer de un alto funcionario del Gobierno. Atemorizada, sin familiares ni amigos personales, humillada por el doble engaño y el maltrato, sin saber a quién recurrir se fue a vivir al interior con una compatriota que le dio albergue mientras ella se apronta para volver a su país.
Otra carta hace hincapié en las nuevas generaciones de empleadas domésticas que en vez de hacer las tareas, se pasan el día en la recepción y envío de mensajes de texto. Hasta le cortan la palabra a la jefa del hogar para responder un llamado de su celular: “Esperá un poco señora, voy a ver quién me llama”, y a continuación métale charla de cualquier cosa, ignorando por completo a su empleadora, que le estaba dando instrucciones. No todas, pero muchas de las chicas jóvenes, aunque se les pague muy bien, trabajan solo por dos o tres meses, no buscan aprender ni estabilidad laboral. “Yo junto todo para mi aipo y salgo”, decía por teléfono la empleada del vecino de la esquina, cuenta otra carta.
La policía reporta la existencia de mujeres delincuentes, que camufladas de empleadas domésticas ingresan a hogares de personas mayores, hacen inventario de los bienes materiales y luego pasan los datos a sus cómplices, que entran a robar a su gusto. Un correo denuncia que al ser objeto de robo por parte de la empleada doméstica, el hombre reportó el caso a la agencia de empleos. Cuál fue su sorpresa cuando descubrió que volvieron a colocar a la ladrona en otra casa de familia.
Cada vez se hará más complicado conseguir una buena empleada doméstica. Lo digo yo, que trato con respeto, soy comprensiva, enseño todo como si fuera una catedrática mundial de las tareas de la casa… y pago muy, pero muy bien. Tuve muy buenas empleadas que me ayudaron y duraron años. Una se casó, dejó de trabajar y se dedicó a criar a sus hijos. Otra regresó a su país de origen. De todas maneras, así como no hay empleada doméstica perfecta, tampoco existe la patrona perfecta. Y corto aquí porque me voy a lavar los platos. Y los lavo muy bien, con alegría.