LA CANASTA MECÁNICA

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El bostezo es una pauta fija de acción instintiva, por eso no se puede contener. Dura tres segundos y medio aproximadamente, y se estima que un ser humano bostezará alrededor de 250.000 veces a lo largo de su vida.

Para nuestra cultura, toda persona que bosteza indica que está soberanamente aburrida o… que se muere de sueño. Aparte de ser contagioso, el bostezo está mal visto por la Suprema Corte Internacional de la Buena Urbanidad. Es improbable sufrir un acceso de casmodia (así se llama el bostezo frecuente) en mitad de una reunión divertida. No es nada fácil bostezar y estornudar a la vez; lo mismo que es casi imposible zamparse un postre en pleno bostezo. Sin embargo, publicaciones de ciencia y diversión afirman que las únicas personas —de este planeta— que pueden sonreír y bostezar al mismo tiempo se encuentran entre aquellas que ejercen la carrera diplomática.

Dicen que la creatividad y la ocurrencia se juntaron una noche a tomar café, y se hallaron tanto que inventaron un efecto antibostezo al que le pusieron el nombre de insomnio. Para repetir la fiesta se dan cita nocturna en las mentes de poetas y gente fuera de serie que vive en la luna de Valencia. Parece que Morfeo entró en trompo ante lo que consideró una invasión a su onírico territorio y condenó al insomnio a ser considerado una enfermedad. Su irónica venganza se manifiesta en la absurda idea de contar ovejas que impuso como terapia, ya que contar ovejas no lleva a los brazos de Morfeo y solo sirve para asustar pastores que denuncian la desaparición de sus blancas lanudas en los noticiarios de la televisión.

Por otra parte, científicos afirman que existen diferencias individuales en el patrón rítmico de determinados procesos fisiológicos y psicológicos. Eso hace que existan personas diurnas o alondras y gente búho que se despabila a la noche. La gente alondra se levanta con la salida del sol, tiene en la mañana su momento físico y psicológico óptimo, empieza a sentir cansancio al atardecer y le cuesta trasnochar. La gente búho, en cambio, es vespertina, mejora su energía hacia el final del día, carga sus mejores pilas en la noche y la sola idea de madrugar le resulta un martirio.

Estudios de la personalidad de ambas filas indican que los crepusculares tienden a ser más extravertidos y emocionalmente menos estables.

Los matutinos prefieren datos concretos, son más realistas, lógicos, convencionales, tienden a ser más rígidos y conformistas. Los vespertinos prefieren datos abstractos y simbólicos, son afectivos, creativos, reacios a las normas y pautas sociales impuestas.

Ahora se entiende por qué el dios mercado premia la matutinidad y al que madruga Dios le ayuda. Los diurnos siguen el manual al pie de la letra, sin mucho discrepar. Los vespertinos cuestionan, crean ideas y se animan a transgredir normas que consideran injustas. Tal vez sea el momento de rescatar del miedo y la delincuencia las horas de la noche. A lo mejor es hora de crear la República de la Gente Despierta y fundar Centros Buhomáticos Creativos de Ideas Amables; funcionarían a la noche y le darían trabajo a los insomnes. Acabarían los embotellamientos de tránsito y las decisiones políticas que no favorecen a la ciudadanía —que suelen tomarse a pleno sol, entre gallinas y mediodía—.

Fuente consultada: Personality and Individual Differences

carlafabri@abc.com.py