Parecían perdidos, pues pocos sabían de su existencia en el Palacio de López. La valiosa colección de seis óleos del célebre pintor compatriota Pablo Alborno se concretó en respuesta a una necesidad histórica, pues en tiempos de la Independencia del Paraguay –madrugada del 14 y 15 de Mayo de 1811– aún no se había inventado la fotografía. Todavía los retratos eran realizados por pintores que hacían posar a los interesados por horas o partían de la base de un boceto dibujado. La obra resultaba bien costosa, entonces eran pocos los que podían acceder al lujo de tener su rostro plasmado en el lienzo. Quizás por causa de esa dificultad o simple apatía es que se haya perdido la identidad visual de tantas personalidades de relevante actuación en la formación y consolidación de la patria. Y fue esa carencia la que motivó en 1910 a las autoridades nacionales a llamar a concurso para la reconstrucción de las figuras de los padres de la patria, en vísperas de conmemorarse el primer centenario de la gesta libertadora. Avalado por el premio Gran Medalla de Plata y Diploma de Honor obtenido el mismo año por su obra “La partida de las cartas” en la Exposición Internacional de Buenos Aires, el pintor Pablo Alborno fue seleccionado para tan importante misión. Obtuvo, además, el apoyo y la confianza de Juan E. O’Leary y Arsenio López Decoud para rescatar la imagen de los patriotas. Y basado en investigaciones biográficas e históricas, comenzó la tarea de dar forma a las caras de Pedro Juan Caballero, Vicente Ignacio Iturbe, Fulgencio Yegros, Antonio Tomás Yegros, Mauricio José Troche y José Gaspar Rodríguez de Francia. Una vez concluidos, los retratos fueron aprobados por cinco comisiones creadas por el Gobierno para examinar los cuadros. El día 14 de mayo de 1911, con gran expectativa, se habilitó la exposición Próceres de la Independencia, en la que el público por primera vez pudo ver las figuras de los valientes héroes (al menos, de los retratados) que lograron romper las cadenas del colonialismo español.
En adhesión a los festejos de los 100 años de vida independiente del Paraguay y a pedido del Consejo de Educación, el pintor Pablo Alborno mandó imprimir en Alemania una serie de tarjetas postales y láminas con base en sus originales para ser distribuidas en todas las escuelas del país. Para cubrir los gastos de las ediciones, procedió a hipotecar una casa suya que al final la perdió por falta de dinero. No obstante, gracias a las tarjetas postales, lanzadas en 1911, las figuras de los padres de la patria recorrieron el mundo y se convirtieron en héroes con rostros humanos.
Pablo Alborno
Nació en Asunción, el 7 de junio de 1875. Desde muy joven se distinguió por su vocación para el dibujo y la pintura. En 1903, junto a Juan Samudio y el escultor Carlos Colombo, fue becado por el Gobierno nacional a Roma para perfeccionar técnicas. En Italia, además de ser alumno de la Escuela de Bellas Artes, se anotó con el pintor español Lorenzo Vallen para aprender la técnica de los desnudos. Tras varias exposiciones y reconocimientos especiales en tierras italianas, regresó al Paraguay a fines de 1908. En 1922 dio conferencias en el Colegio Nacional de la Capital sobre el origen de la raza tupí-guaraní. Al año siguiente fundó el Museo Arqueológico y Etnográfico del Paraguay junto con el doctor Andrés Barbero. En 1926 presentó 85 telas en una gran exposición que se realizó en el Gimnasio Paraguayo. En 1931 concurrió a Baltimore y Nueva York, donde mostró sus obras con coloridos lapachos del Paraguay. Pablo Alborno Alfaro falleció en su quinta de San Lorenzo del Campo Grande, el 11 de enero de 1958, a los 83 años.
