Aunque los recuerdos desaparezcan de nuestra mente, las emociones y los sentimientos asociados a ellos pueden pervivir durante más tiempo en nuestro "archivo neuronal".
Alegría, tristeza, enojo, miedo, sorpresa, aversión son las seis grandes emociones básicas que los seres humanos exhibimos y expresamos a través de las mismas y características expresiones y movimientos de nuestra cara y nuestro cuerpo.
También hay otros estados emocionales, como la avaricia, la vergüenza, el aburrimiento, los celos y el amor, que surgen con menor frecuencia pero pueden tener una gran intensidad, y algunos que son menos notorios y más sutiles, como el interés en algo o alguien, la gratitud, el orgullo o la confusión.
No obstante, todas las emociones tienen algo en común, además de surgir de los estímulos provenientes del ambiente o de nuestro propio interior y constituir una serie de experiencias muy complejas, que expresamos a través de una gran variedad de palabras, gestos y actitudes y mediante reacciones fisiológicas.
Las emociones y los sentimientos asociados a ellas siguen permaneciendo vivos en nuestro interior, aunque los recuerdos de las personas hechos o situaciones que las desencadenaron en su momento ya hayan desaparecido. Puede que las palabras se las lleve el viento, como dice el refrán, pero lo que hemos sentido alguna vez sigue presente en nosotros probablemente para siempre. Es lo que acaba de comprobar una investigación de la Universidad de Iowa (EE.UU.) realizada con un grupo de personas afectadas por un raro tipo de amnesia.
La investigación, publicada en la revista "Proceedings of the National Academy of Sciences", se efectuó con un grupo de cinco pacientes, que al igual que las personas afectadas por el alzhéimer, tienen dificultades para que sus recuerdos a corto plazo se almacenen en la "memoria a largo plazo" (de larga duración) debido a un daño en el hipotálamo de su cerebro.
A lo largo de varios días los cinco voluntarios del experimento dirigido por el equipo del doctor Justin Feinstein fueron espectadores de 20 minutos de filmes, humorísticos o bien tristes.
Al ver las películas, estas personas amnésicas reaccionaron riendo o llorando, de acuerdo a las escenas que observaban.
No obstante, al someter a los amnésicos a una serie de cuestionarios, apenas 10 minutos después de ver las secuencias, los investigadores comprobaron que estas personas no eran capaces de recordar un solo dato de la película, al contrario de lo que sucede con una persona sana, que es capaz de memorizar y evocar unos treinta detalles de lo que ha visionado.
El recuerdo pasa, la emoción queda
Curiosamente, aunque los individuos amnésicos participantes en el experimento no tenían recuerdos de lo que habían vivido 10 minutos antes, en cambio retenían una "huella" del tipo de emoción que habían despertado en ellos las secuencias fílmicas.
Según los investigadores, sus conclusiones pueden ser prometedoras para los cuidadores y familiares de gente con alzhéimer, ya que "una simple visita o llamada telefónica de sus seres queridos puede tener un efecto muy beneficioso en la felicidad del paciente, aunque después olvide qué fue lo que despertó esa sensación positiva".
Aunque han de tener presente que los malos recuerdos o experiencias desagradables también dejan su "huella emocional", despertando en los pacientes sensaciones de pesadumbre, malestar y frustración, sentimientos negativos que, de acuerdo a lo que observaron los investigadores en su ensayo, tardan más tiempo en desaparecer que los positivos.
Pero ¿de dónde surgen las emociones? Según la psicóloga clínica Marichu Hidalgo, "las reacciones anímicas son disparadas por pensamientos, procesos o guiones mentales, que a veces nos pasan desapercibidos porque son muy rápidos".
"Son constructos, es decir construcciones de nuestra mente, que se montan en función de patrones de interpretación de lo que percibimos en el entorno, que son muy íntimos dentro de nosotros y a su vez son producto de una trenza formada por experiencia, educación y genética", señala la especialista.
Para Hidalgo, "la mayoría de los conflictos que hacen que una persona se movilice y busque soluciones tienen que ver con el mundo emocional y el tono anímico en sus relaciones. Son situaciones que dejan en la persona una huella perdurable, que probablemente también llegue a ser indeleble, como muestra la investigación del doctor Feinstein y su equipo".
"Una de las emociones más nocivas es el miedo: al futuro, a la inseguridad económica, a la soledad. La otra gran aventura emocional es el amor, distorsionada por la dependencia y el miedo al rechazo y al abandono, que surgen cuando la pareja afronta situaciones complejas que atentan contra su estabilidad", explica la psicóloga clínica.
"Las emociones y los sentimientos asociados a ellas siguen permaneciendo vivos en nuestro interior, aunque los recuerdos de las personas, hechos o situaciones que las desencadenaron en su momento ya se hayan borrado."
Por Daniel Galilea - EFE Reportajes