Su memoria no registra un momento de su vida sin pincel. Desde muy niño, la vocación hacia las artes asomó a su existencia. “Tenía cuatro años y, desde entonces, no recuerdo un día de mi vida en el que no haya pintado”, dice el artista Norberto Moretti, quien nació en Rosario, en 1943.
En el terreno expositivo, una infinidad de muestras colectivas e individuales, nacionales e internacionales, avalan su calidad. Así, sus trabajos se lucieron en las salas de distintas ciudades de la Argentina. Expuso, además, en Alemania, Bélgica, Italia, Holanda, Perú, España, México, Bulgaria y Paraguay, por supuesto. “Tengo amigos entrañables acá”, admite.
Sus obras transmiten mucho color; a veces, se muestra abstracto, con agobio o paisajes. Otras exponen frutas, retratos, historietas. Ya por algo Josefina Plá calificaba su arte como “libre”. Decía también que “el pintor que es fiel denodadamente a su ansia de libertad no puede resultar infiel al arte”.
Moretti dice que todo lo que le llega, y nada le es indiferente, lo convierte en arte. “Más tarde o más temprano llega al lienzo”, asegura.
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Algo pasa y él cambia. Cambia su esencia, su arte. Como bien dijo también Vicky Torres, “lo que importa de Moretti es su mirada. El secreto de cada pintor radica en ella. Es su punto de vista sobre el mundo lo que trata de transmitirnos, y el punto de vista de Moretti, fuerte y vigoroso, está preñado de sombras y oscuridades”.
Él mismo cuenta que aparecieron los cielos en sus lienzos en un tiempo en el que se encontraba internado y desde su ventana solo veía el firmamento. A partir de allí surgieron pinturas sobre el cosmos. En otra época, cuando sucedió el conflicto con las islas Malvinas, pintó colores neutros, oscuros. Y, en un tiempo, las figuras de Hollywood con las que se “educó”, como Rita Hayworth, Chaplin, Marilyn y otras.
Sigue pintando sentimientos. Todo lo que le venga al alma traduce en formas; algunas con tonos brillantes y, otras, con más opacos. Como él mismo dice, sentado en la galería de arte Técnica, en la que están expuestas sus obras, “el hilo conductor está al igual que la sensibilidad... Quien vio mi obra hace 20 años y la vuelve a ver ahora, a mis 73 años, tiene el corazón para sentirlo, entenderlo, captar mi esencia”.
En este tiempo se ve “como no eterno”. “Tengo amigos que ya se han ido... No es que me asuste la idea, en absoluto, para nada, pero empiezo a pensar que también soy finito. Por primera vez en mi vida cobro conciencia de ello; espero que más tarde que temprano”, bromea.
Además de pintar e impartir clases de pintura, Moretti también tiene un programa televisivo en su natal Rosario y desde hace varios años. “Tengo una vida muy activa”, cuenta.
Dentro de ese esquema está la familia, esposa, hijos, nietos; estando con ellos es cuando más disfruta. También escucha mucha música y ve mucho cine. Juega y se pelea mucho con los nietos. Una vida normal, haciendo lo que más ama: pintar. Y cuando el pincel toca a su corazón necesita un espacio de tranquilidad, único, de conexión y muchas horas de intimidad con su lienzo. “Se producen momentos mágicos, es como si el cuadro y yo fuésemos solo uno. En una oportunidad, durante una muestra en Rosario, se me acerca una señora y me pregunta sobre mi inspiración, y con mi explicación me pareció haber quedado un poco romántico-tonto, pero ella me dice que en ese momento estoy pintando con mi integridad”.
No se equivocó. Norberto Moretti pinta con lealtad a su ser, su sensibilidad. No tiene antecedentes familiares que le inocularan. Su talento es innato. Se hizo solo, con pasión. El público que se acerque a la galería de arte Técnica (Lillo casi Malutín) encontrará un resumen de su larga trayectoria, que emociona con su mirada.
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