Cinco veinteañeros trajeados miran desafiantes y de perfil a la cámara. Una luz de fondo crea sombras en sus rostros bajo cuidadas melenas. Ninguno de ellos sonríe. La portada, sin el nombre del grupo ni el título del álbum, llega a las tiendas el 16 de abril de 1964, el día en que The Rolling Stones publican su primer LP en Reino Unido decididos a convertirse en las nuevas estrellas de la música.
Cincuenta años después, el grupo liderado por Mick Jagger y Keith Richards es toda una leyenda del rock and roll. Aquel disco homónimo fue su primer número 1 en Gran Bretaña, donde ya eran conocidos por sus singles y por sus arrolladores conciertos.
Poco después, el disco llegaría a Estados Unidos con un subtítulo quizá arrogante para un debut, pero que hoy suena muy real: The England’s Newest Hit Makers, es decir, “Los nuevos creadores de éxitos de Inglaterra”.
Jagger, Richards, Jones y compañía
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Mick Jagger y Keith Richards coincidieron en el colegio en Dartford, pero hasta comienzos de los años 60 no descubrieron que ambos amaban el blues y el rhythm & blues norteamericano por encima de todas las cosas.
Muddy Waters, Little Richard o Bo Diddley eran los espejos en los que Jagger y Richards querían reflejarse, pese a que entonces no era una música popular en Londres. Buscando personas afines y locales en los cuales poder tocar, llegaron al Club Ealing donde conocieron a un guitarrista rubio, un tal Brian Jones, que cerraría el triángulo creativo de The Rolling Stones.
No estaban solos, fueron una formación muy cambiante en los primeros años. Finalmente, al piano se situó Ian Stewart, “Stu”, un amigo de Jones, mientras que del bajo se encargó Bill Wyman, cuya baza fue tener un amplificador muy potente, todo un aliciente en los pobres inicios de los Stones.
El salto de calidad fue la incorporación del batería Charlie Watts, con experiencia en el jazz, y los Stones se lanzaron hacia el éxito en un viaje que pronto se cobraría su primera víctima: el pianista “Stu”, el mayor y el menos atractivo de los seis, tuvo que abandonar el barco.
El disco de 1964 fue la culminación de una imparable escalada. De conciertos en pequeños locales de Londres, pasaron a exitosas actuaciones en clubs por todo el país. The Rolling Stones traían un sonido nuevo, salvaje y excitante, algo así como el revés de The Beatles, que ya arrasaban por entonces.
“De la misma manera que ellos tenían un aspecto perfectamente limpio y correcto, nosotros queríamos parecer desaliñados y malvados”, explicaba Keith Richards.
Tras varios singles y un EP, el debut The Rolling Stones reflejaba la pasión del grupo por el blues y el rhythm & blues en un disco en el que casi la totalidad de las canciones eran versiones de artistas como Bobby Troup, Willie Dixon o Chuck Berry.
El ritmo pesado de canciones como You can make it if you try o Honest I do, contrastaba con las aceleradas versiones de I just want to make love to you o el rock and roll frenético de Carol.
Tan solo tres canciones de las doce del álbum eran originales del grupo. Little by little y Now I’ve got a witness aparecían firmadas por Nanker Phelge, un seudónimo de la banda que tomó el nombre de un desagradable compañero de piso de Brian Jones, mientras que Tell me fue el inicio de Jagger y Richards como exitosa pareja de compositores.
El disco fue desde su lanzamiento número 1 en Inglaterra y se mantuvo en lo más alto durante doce semanas, un nuevo logro para unos Stones que ya sabían muy bien lo que era sufrir el amor y el acoso de las fans.
Pasión
“Hubo un periodo de seis meses en Inglaterra en que no podíamos tocar más en salones de baile porque no íbamos más allá de tres canciones por noche. ¡Era el caos, tío! (...) Era como si sucediera la batalla de Crimea: gente jadeando, tetas colgando, tías que se asfixiaban, enfermeras, ambulancias. No nos oíamos al tocar”.
Así resumía Keith Richards la pasión y la histeria de los fans por acercarse a sus ídolos en 1964, un acoso que encontró pocos límites y que dio lugar a numerosas anécdotas, huidas y peleas.
Por ejemplo, en Bradford los seguidores de la banda empezaron a correr hacia ellos y tuvieron que echar a correr. Brian Jones no logró escapar y tuvo que ser rescatado por la policía, eso sí, sin chaqueta, sin camisa, sin un zapato y con unos cuantos mechones de pelo menos.
Conciertos que se interrumpían a mitad (como la multitudinaria pelea en Blackpool, Inglaterra), la policía frenando auténticos asaltos al escenario, fans que buscaban cualquier fetiche de la banda... La fama de los Stones y sus incendiarios conciertos se extendían por todo el país y, como dice su biógrafo Stanley Booth, “la popularidad había dado paso a la histeria”.
The Rolling Stones eran gamberros y rebeldes y la prensa no lo iba a desaprovechar. Un titular de marzo de 1964 de la revista Melody Maker preguntaba con malicia: “¿Dejarías salir a tu hermana con un Rolling Stone?”. La banda ascendía y ascendía, pero siempre bajo la sombra de un grupo de Liverpool que parecía imbatible.
La sombra de The Beatles
Cuentan las biografías que cuando Brian Jones fue a un concierto de The Beatles y vio la admiración que despertaban en sus seguidores, afirmó solemne: “Eso es lo que quiero”.
Lo cierto es que en 1964, cuando The Rolling Stones lanzan su primer LP, The Beatles ya eran unas estrellas consagradas. Love me do había arrasado en 1962, acababan de girar por Estados Unidos, donde actuaron en el show televisivo de Ed Sullivan, y ya preparaban su película A Hard Day’s Night.
A mediados de los sesenta, estos dos grupos alternaron en el número 1 de álbumes en el Reino Unido, creando una especie de rivalidad en torno a las cifras de ventas.
En lo musical, era diferente. The Rolling Stones admiraban el trabajo de The Beatles y de hecho su segundo single, I Wanna Be Your Man, era una composición que Lennon y McCartney les habían cedido. Incluso compartieron escenario el 15 de septiembre de 1963, en un concierto en el Royal Albert Hall que juntó a los dos grupos ingleses más exitosos de los años sesenta.
Ahora, quedan tres supervivientes (Jagger, Richards y Watts) de aquellos The Rolling Stones que lanzaron el primer disco. Cincuenta años después, continúan arrasando y no se ve el final para esta banda de rock irreductible, algo que quizá ya anunciaba un texto de la contraportada de su disco debut: “The Rolling Stones son más que un conjunto: son un estilo de vida”.
EFE/Reportajes
