Saltos de la vida

Desde aquel primer concurso de salto ecuestre en Irlanda, hace 151 años, muchos jinetes y amazonas han trabajado duro por destacarse en esta disciplina. La constante en todos los que consiguieron alguna notoriedad es el inicio precoz en las prácticas y la perseverancia. Sophia Noemí Chaparro Recalde (19) se circunscribe a estas dos premisas y antes de cumplir las dos décadas, además de obtener títulos a nivel nacional y reconocimiento internacional, se ha convertido en instructora.

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Sophia Noemí Chaparro Recalde tiene 19 años y su nombre ha sonado en las competencias nacionales e internacionales del mundo ecuestre. En el 2013 logró ubicarse en el quinto lugar del competitivo Mundial de Salto realizado en Venezuela.

Esa presea la impulsó a buscar algo más que el reconocimiento de terceros como competidora, y fue el motor del deseo de dejar su huella en otras personas que aman esta modalidad.

Su andar sobre los caballos se inició cuando tenía apenas cinco años, en los picaderos de la Escuela Hípica del Jockey Club del Paraguay. Hoy, sobre la misma pista da un salto diferente: ser instructora. De esta manera comienza sus primeros pasos, siguiendo el fuerte legado familiar que la une al amor a los caballos.

Un poco de historia

–¿Cuáles son las competencias que recordás con mayor satisfacción en tu carrera de amazona?

–Mi primera gran incursión fue en el Gran Premio Internacional Sol de Mayo 2010, en el Club Hípico Argentino, en el que me ubiqué segunda, en la categoría tercera (altura de 1,20 m). En el 2013 fui de nuevo y gané en dicha categoría, entre casi 50 jinetes y amazonas, contando con el asesoramiento del profesor Fernando Martínez Zuviría. Pero mi actuación cumbre fue en la final del Mundial de Salto Challenge A de la Federación Ecuestre Internacional, en el 2013, en la que ocupé el quinto lugar entre competidores de 21 países.

–¿Cómo te iniciaste en este mundo deportivo?

–Mi comienzo en este mundo apasionante fue a la edad de cinco años. Todo gracias a mi papá, Carlos Chaparro Martínez, y apoyada por mi mamá, Gloria Recalde Larrea, a quienes estaré eternamente agradecida. Es que provengo de una familia ligada a la hípica, empezando por mi abuelo, Miguel Chaparro, quien fue entrenador de caballos de carrera en el hipódromo, continuando por papá y mi tío, quienes siguieron sus pasos.

–En tu vida como amazona hay un cambio.

–Volví a la equitación como instructora en la Escuela Hípica del Jockey Club del Paraguay, bajo la dirección del Cnel. Ignacio Galeano, a quien agradezco por darme este espacio. Quiero dedicarme a esto que me gusta y madurar, pero igual estoy montando y seguro que este mismo año estaré compitiendo de nuevo. Sueño con tener mi propia escuela y algún día dedicarme a la cría de caballos.

Entrenamientos

–¿Cómo es ese trabajo?

–Entreno a niñas y niños desde los cinco años en adelante, que es una edad ya apta para la práctica. A pesar de lo que cree mucha gente, este no es un deporte tan costoso. Los animales y la infraestructura los suministra la escuela. Es una hermosa disciplina que crea una increíble conexión entre el ser humano y un animal tan noble como el caballo. A propósito de eso, aquí en la escuela también funciona el Primer Centro de Equinoterapia del Paraguay, que está dando excelentes resultados en niños con capacidades diferentes.

–¿Qué hábitos debe cultivar alguien que aspira a ser un buen jinete o amazona?

–Un jinete o amazona debe ser disciplinado y tener una alimentación balanceada. En cuanto a la interacción con el caballo, hay que entender que se trata con un ser viviente y, como tal, tener en cuenta que tiene su propia personalidad, por decir de alguna manera. En el primer día de entrenamiento, por ejemplo, los alumnos se centran en conocer al animal “desde abajo”, antes de montarlo. Luego, en una segunda etapa, se trabaja en la marcha, el agarre y todo se hace de a poco.

–¿Es cierto aquello de que la falta de confianza o, incluso, el miedo del jinete influyen en el desempeño del caballo?

–Los caballos, por decir así, sienten todo. Si vos le demostrás miedo, él va a jugar con eso. El trabajo de ganar confianza es un arte, ya que el instructor es quien le da las claves al jinete de cómo abordar al animal.

–¿Cuáles son los beneficios de este deporte?

–El principal es aprender la disciplina. Un efecto colateral es que ayuda mucho a nivel emocional y neurológico. De hecho, montar a caballo ha desarrollado una modalidad para personas con capacidades diferentes: la equinoterapia. Por ello, también la preparación del instructor es crucial en todos los niveles. De ahí que ahora estoy de lleno iniciando la carrera de Ingeniería en Zootecnia, en la Universidad San Carlos. Un profesional siempre debe apuntar a la excelencia y no dejar ningún resquicio para la duda.

Por Guillermo Caballero Villalba gcaballero@abc.com.py

Fotos ABC Color/Gustavo Báez.