Por siglos, San Joaquín se mantuvo alejado de todo signo de modernidad. Y, pese a las carencias, pudo conservar la esencia de su existencia: la iglesia que los padres de la Compañía de Jesús levantaron en la primera mitad del siglo XVIII. En sus paredes de adobe, la edificación, que se ubica en medio de una gran plaza de cuatro hectáreas, guarda los secretos fundacionales del pueblo que vio nacer a generaciones de paraguayos del campo. Se sabe, mediante escritos de los jesuitas, que el padre José Más indica en su relación el hallazgo de los indios tobatines por el padre Sebastián de Yegros, así como la reunión de los mismos en el pueblo de San Joaquín en 1746. Y aunque afirma que el 30 de julio del mismo año se celebró en el lugar la primera misa, no pudo precisar la fecha de fundación de la reducción.
Documentos históricos señalan que, en fecha 23 de junio de 1747, el gobernador español de la Provincia del Paraguay Rafael de la Moneda concedió las tierras pedidas para la fundación de la reducción de los comarcanos, mientras se pudieran escoger mejores tierras. Este decreto sirvió como antecedente fundacional. San Joaquín de los tobatines, San Estanislao de Kotska y Belén fueron las tres últimas reducciones fundadas por los religiosos de la Compañía de Jesús (jesuitas), antes de ser expulsados de la Provincia del Paraguay, por orden del rey Carlos III de España, en el año 1767.
Desde entonces, rodeados de extensos bosques, los pobladores se las ingeniaron para sobrevivir en un lugar alejado y con escasos recursos. Cuidaron y protegieron el mobiliario, los ornamentos sacros del templo y mantuvieron la fe intacta. Quizás esa imposibilidad de introducir mejoras hizo que la enorme construcción jesuítica se conservara casi en estado original. Apenas tuvieron que realizar algunas intervenciones de urgencia para evitar su desplome.
Hasta hace unas décadas, llegar a San Joaquín resultaba una odisea. Las dos vías de acceso se clausuraban apenas caían las primeras lluvias. Y hoy todavía hay que transitar 64 km de arenoso camino para viajar desde la ciudad de Caaguazú. Sin embargo, el asfalto ya llegó a la comunidad. A partir de Coronel Oviedo, la capital del departamento de Caaguazú, se accede por Simón Bolívar, donde empieza la nueva ruta de 30 km que pone fin a siglos de aislamientos. Y la capa asfáltica cubre el área céntrica y los alrededores de la iglesia. Motivados por las obras encaradas por el gobernador liberal Antonio Buzarquis, los lugareños empiezan a esbozar acciones que contribuyen al desarrollo de la localidad. De reciente habilitación, un moderno Museo de Arte Jesuítico es el punto disparador con que cuentan para apostar al turismo.
Alcides Flores, el intendente municipal, admite con convicción que San Joaquín tiene atractivos históricos y culturales capaces de atraer la atención de compatriotas y extranjeros. “Solo debemos dar a conocer lo que tenemos y lo que ofrecemos para que los turistas vengan a visitarnos”, asegura el político liberal.
Por su lado, los sacerdotes Milciades Ortigoza y Alberto Zaracho Barrios, de la Congregación del Sagrado Corazón de Betharrám, encargados de los cuidados espirituales de los católicos, coinciden en calificar de “amables y muy acogedores” a los lugareños. “Hace dos años que estoy aquí y me siento muy feliz entre la gente que, en su mayoría, muy sencilla, muy solidaria y, por sobre todo, religiosa”, dice el padre Ortigoza.
“Rescato la religiosidad popular de toda esta gente que se mantiene despierta, siempre decidida a acoger la palabra de Dios. La fe, la unidad, la hospitalidad y la sencillez son las características más notorias de los sanjoaquinianos”, expresa el padre Zaracho, nacido y crecido en San Joaquín, y ordenado cura el 5 de marzo de 2011.
Todos los domingos, los feligreses llenan los bancos de la antigua iglesia a la hora de escuchar misa. Trabajado en mampostería y madera, el altar mayor delata la calidad artesanal de los religiosos que dieron origen al pueblo. En los nichos se pueden ver tallas de San Joaquín, Santa Ana, San Pedro, San Miguel Arcángel, San José y San Roque. Dos altares laterales exhiben también las figuras sacras del Señor de las Palmas, Juan el Bautista, San Isidro Labrador, María y Verónica.
Los santos patronos, San Joaquín y Santa Ana, padres de la Virgen Inmaculada, celebran su día el 26 de julio, pero los festejos principales se realizan el 21 de agosto.
Además de los tesoros tangibles, los lugareños mantienen viejas tradiciones orales relacionadas con los tiempos iniciales. Bienvenida Lelia Barrios de Aguilar, profesora de Arte y Guaraní, cuenta la leyenda del Toropé cuaré: “A cien metros de la iglesia jesuítica teníamos una zanja muy grande, profunda y extensa por kilómetros y kilómetros. Se decía que ahí el diablo le tenía a un gran toro que rondaba con intenciones de echar la iglesia de San Joaquín otra vez, porque se cree que esta que permanece en pie es la tercera iglesia levantada por los jesuitas”.
Otra de las versiones populares que recuerda la docente se asocia con milagros de los santos patronos, ocurridos hace un siglo y medio. “Se había llevado de visita la imagen de Santa Ana al otro pueblo jesuítico de San Estanislao y, durante su estadía allá, nadie más pudo abrir el viejo candado que aseguraba la sacristía. Entonces, las personas creyeron que era una señal de disgusto de San Joaquín por haberle separado de su esposa y algunos tuvieron que ir a pie hasta Santaní para traer de vuelta a la santa. Y contaban los mayores que, cuando volvían, vieron a un señor con barba y botitas sobre un caballo, como es San Joaquín, que acompañaba la caravana. Solo cuando ella llegó aquí se pudo abrir otra vez la puerta de la sacristía”, detalla la docente con una agradable sonrisa.
Historias y leyendas... Ficción y realidad se mezclan en la existencia cotidiana de este antiguo pueblo que ahora vive momentos de cambios. Y hoy, más que nunca, su gente sencilla y amable que empieza a transitar los caminos del modernismo quiere dar a conocer el valor de sus recuerdos.
Vías secretas
Otra de las creencias que conservan los sanjoaquinianos es la existencia de túneles que conectan el fondo de la iglesia con la localidad de Tejas Cue, antigua Tarumá, a unos siete kilómetros, donde los datos históricos ubican la primera fundación de San Joaquín. Dicen que, desde allí, los jesuitas y sus fieles traían, a través de los túneles, las tejas para techar la iglesia, sin que pudieran ser vistos por los indios salvajes que los perseguían.
Identikit
Datos del último censo nacional del año 2002 cifran en 1760 el número de pobladores del área urbana de San Joaquín. El distrito tiene una superficie de 226 km² y cuenta con unas 35 compañías, donde viven un total de 15.180 personas.
La ganadería y la agricultura, con explotaciones de yerba mate, maíz, mandioca y algodón, son las principales actividades de los lugareños.
No hay bancos; hay que ir hasta Coronel Oviedo o Caaguazú para realizar transacciones financieras. La población juvenil cuenta con tres escuelas primarias: Graduada N.º 291 María Mercedes Ramos de Bedfor, Escuela N.° 5073 Ursulino Barrios, y Fe y Alegría. Y dos centros de formación secundaria: Liceo Nacional San Joaquín y Colegio Agropecuario Fe y Alegría. El deporte, especialmente el fútbol que se puede practicar en una cancha instalada en la plaza de la iglesia, es la principal fuente de distracción de los jóvenes. Hay dos clubes: 1 de Mayo y Club Sportivo San Joaquín. La localidad cuenta con servicio de luz eléctrica desde 1991.
Fácil acceso
San Joaquín se ubica a unos 200 km de Asunción, a orillas del arroyo Piri Poty. Para llegar por ruta asfaltada, hay que ir por Coronel Oviedo (capital del departamento de Caaguazú). Ahí se debe seguir el camino que va a Simón Bolívar (35 km), donde empieza el desvío de 30 km que conecta con la antigua localidad. También se accede por la ciudad de Caaguazú, a través de una vía de 64 km de tierra arenosa, con profundas zanjas a los costados.
Además de la valiosa iglesia del siglo XVIII, los visitantes pueden conocer el Museo de Arte Jesuítico de San Joaquín, que se habilitó el 17 de agosto de 2012. Se abre al público de 8:00 a 19:00, martes a domingos. El acceso es gratuito.
