Se mira y no se toca

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Tenía siete años cuando empezó a juntar autitos de juguete. Ahora, a los treinta, Diego Kallsen es dueño de una gran colección que incluye botellas de Coca Cola y cervezas, miniaturas de whiskies, licores y vinos de todo el mundo.

Un sector de su casa está convertido en un museo de curiosidades donde todo se mira y nada se toca. Como buen coleccionista, Diego Kallsen disfruta exhibiendo sus piezas. Pero prefiere que nadie las toque. “Esto era el quincho, pero clausuré la parrilla para montar aquí mis colecciones”, dice, mientras enseña la cantidad de objetos perfectamente ubicados en los estantes y exhibidores.

Lo que abunda son botellas de Coca Cola de distintas épocas y de diversos países, así como ceniceros, abridores, pósteres, vasos y fotografías con el logo de la bebida gaseosa más famosa del mundo.

Y no faltan los catálogos, libros, revistas y DVD que contienen documentales originales que el coleccionista tiene como fuentes de consulta para orientar su pasión.“Junto también botellas de cervezas, posavasos, bandejas y todo lo que se relaciona con las bebidas”, comenta el anfitrión.

Diego es abogado. Recibió su título en el año 2008 y ahora enseña en la Universidad Americana. Lleva ocho meses de casado con Teresita de María Aranda, pero dentro de sus múltiples compromisos encuentra tiempo para dedicarle a su hobby. “Compartimos con mi esposa, por suerte, el gusto común por las orquídeas. Tengo además un grupo de amigos que son como mis hermanos y son también coleccionistas. Nos reunimos todos los lunes a charlar sobre temas varios y, principalmente, compartir novedades relacionadas con las cosas que juntamos. Es una manera de incentivarnos y transferirnos cultura mutuamente”.El mundo del transporte es otra de las temáticas que fascina a Kallsen. Y él mismo se tomó el desafío de armar réplicas en madera de los aviones de la desaparecida Líneas Aéreas Paraguayas (LAP). “Hice un Boeing 707, de un metro y diez centímetros de largo, y de un Electra C, de un metro de largo. Yo mismo me dediqué a crear las maquetas; además guardo un lote de objetos que se usaban en los tiempos en que la aerolínea volaba a distintas ciudades del mundo. Tengo tazas, bandejas, platos, ceniceros, tickets aéreos y otras cositas más”.

Un lote de miniaturas de trenes alemanes y japoneses, con sus respectivas vías, algunos antiguos y otros movidos a electricidad, completan la serie de medios de transportes de la rica colección.Miles de botellitas de licor, whisky y vinos en los estantes delatan mucha dedicación en la búsqueda de nuevos ejemplares.

“Lo primero que junté fueron los juguetes de Lego, después Playmobil y posteriormente fui juntando los juguetes Matchbox que tengo desde que era chico hasta la actualidad. Hace más o menos siete años empecé a juntar botellas en miniaturas, de cervezas, vinos, licores y whiskies. Después el tema de la aviación que desde niño me enloquecía. Me gusta juntar pasajes, cubiertos, tazas, vasos, cartas de seguridad. Maquetas de aviones tengo como mil trescientas, armadas, pintadas y realizadas completamente por mí”.

Diego reconoce que sus padres, Gladys Ayala de Kallsen y Hernán Kallsen, son sus grandes motivadores. “Siempre ellos me enseñaron a cuidar las cosas y fueron quienes me dieron los primeros pasos para ir juntando todo lo que tengo acá”.

¿Qué representa ser coleccionista?

“Mucha cultura. Y es una mezcla de sentimientos, antes que nada el cariño por las cosas materiales. Se materializa pues la felicidad, no es por tener mucho o tener lo más caro, sino tener algo que uno pueda querer. Y eso le hace a uno feliz”.

¿Se aprende mucho coleccionando algo?

“Se aprende muchísimo, porque cuando uno junta muchas cosas se dedica a investigar datos relacionados que enriquecen los conocimientos. Juntás por ejemplo cosas de LAP y preguntás de qué época era, quién era el presidente de la compañía, cuáles eran las rutas, qué tipo de aviones conformaban la flota, de qué modelo eran esas máquinas; todo se va hilando y se crea una historia sorprendente. Y uno va aprendiendo muchísimo. Con el tema de las bebidas, también.

Y el tema de los autitos...”. ¿Cómo se consiguen las piezas?

“Compro en todo el mundo, a través de Internet, todo lo que sea aviación y las botellas de Coca Cola internacional. La más rara que tengo no es la de Japón, sino que una botella conmemorativa de Paresa (Paraguay Refrescos) que cotiza entre 125 y 150 dólares.

Tiene grabada la siguiente frase: ‘Lanzamiento y primer embotellado, marzo de 1992’, y no es tan antigua, pero es escasa porque solamente salieron a la venta al público como cien botellas”. Diego Kallsen confiesa: “El coleccionismo es mi vida”.

Cuando no está en el trabajo o no tiene obligaciones familiares se refugia en el quincho, donde están sus pequeños tesoros. Disfruta observando cada una de las piezas. “No paro de buscar cosas; eso es algo constante. De repente me mandan un mensaje a la medianoche ofreciéndome alguna cosa y ya empiezo a maquinar cómo conseguir el dinero para comprar. Hago los cálculos de cuánta plata tengo o de cuánto me sobra en el mes. Hay muchísima inversión detrás de todo esto”.

Números.

La colección de Diego Kallsen contabiliza

  • 1.238 autitos,
  • 430 botellas de cerveza,
  • 1.555 botellas en miniatura,
  • 323 cubiertos de aerolíneas,
  • 1.250 maquetas,
  • 748 libros en su biblioteca,
  • 239 DVD,
  • 780 artículos de Coca Cola,
  • 230 vasos
  • y 9 trenes.

Coleccionistas que quieran contactar con él pueden enviar un mail: diego_kallsen@hotmail.com

Herencia. Diego piensa que la mejor herencia que puede dejar a sus hijos es el conocimiento y en ese sentido considera que sus colecciones serán el punto de partida. “Es un legado que pretendo dejar a mis hijos para que ellos valoren la cultura, a través de estos objetos”.

FOTOS: ABC Color/Juan Ramón Avila