La Pascua se origina en el libro del Éxodo de la Biblia, que relata la esclavitud de los israelitas en Egipto. “Y eso era real. Los pueblos antiguos conquistaban esclavos a través de las guerras, e Israel, la tierra que va a ser después de Jesús, era Canaán”, refiere el padre Carlos Heyn, sacerdote salesiano. “Los israelitas quedan como esclavos y transcurren muchos años hasta que Dios los libera por medio de un caudillo: Moisés. Esto se narra de una forma religiosa, pero con mucho fundamento histórico”, explica.
La palabra pascua significa ‘paso’, paso de la esclavitud a la libertad que Dios les concede de forma especial. “Les hace pasar de Egipto por el Mar Rojo. Esto es muy simbólico porque pudo haber sido un vado por donde pudieron pasar por esa fe que tenían en Dios salvador”, explica y acota que transcurren 40 años, otro número simbólico, que significa el sufrimiento para llegar hasta allí. “Y después van a ser libres en esa tierra fértil, que mana leche y miel, cerca del río Jordán. Dios se manifiesta, hace con ellos una alianza de salvación: Dios, el salvador del pueblo, y el pueblo que tiene que ser fiel”, revela.
Esta alianza, que es la Pascua antigua de los israelitas, es un contrato que Dios les da como cláusulas: los diez mandamientos. “El Señor, a pesar de las dudas de Moisés, les da el maná, que ellos decían pan bajado del cielo; serían frutas o alimentos, porque todo es simbólico, lo mismo que el agua, la sed del desierto”, expone y añade que a partir de que llegan a la tierra prometida —que Moisés no llega a ver más que de lejos: fallece antes de llegar—, comienzan a celebrar la Pascua, ya que una vez salvados por Dios se consideraron pueblo”.
Jesús, como buen judío, vino de Nazaret, donde vivía, unos 120 km, hasta llegar a Jerusalén para celebrar la Pascua cerca del templo también, pero ese jueves, al finalizar la cena, establece una nueva alianza, antes de ser apresado a la noche. “Y da su primer mandamiento: el servicio. Como un esclavo más, lavó los pies de los apóstoles, y con esto brindó los tres símbolos de amor: la caridad, el servicio y la institución de la eucaristía; convierte el pan ácimo y dice: ‘Esto en adelante es mi cuerpo, que será ofrecido para el perdón de los pecados’”, explica.
Con el perdón, Jesús instaura la nueva Pascua, convierte el pan en su cuerpo y el vino en su sangre. “Y dice: ‘Hagan esto en memoria mía’. Es un nuevo paso, de la muerte a la vida con la resurrección, porque el viernes lo matan, el sábado pasa en el sepulcro y al tercer día resucita. Así establece el verdadero paso de la esclavitud del pecado, a la gracia de Dios, que es la Eucaristía; con su muerte, al resucitar, nos hace pasar a la vida nueva”, detalla y resalta que Jesús hace lo mismo que Moisés, muere por nosotros. Y nos da un nuevo mandamiento, el de la caridad: “Ámense como yo los he amado”, y crea el sacerdocio también: “Hagan esto en conmemoración mía”.
Para el sacerdote, actualmente, hay que vivir la Pascua como vivió Jesús en la Semana Santa. “Así también nosotros tenemos que morir en nuestro pecado en la Pascua. Por eso, la Iglesia nos pide confesión y comulgar por lo menos una vez por Pascua de Resurrección y da 40 días antes para hacerlo. Es decir, morir al pecado y resucitar a la gracia de Dios”, puntualiza.
El padre Heyn asegura que la misa del Sábado Santo es el acontecimiento más lindo porque Jesús realiza con nosotros una nueva alianza y la celebramos. Y nosotros tenemos que vivir la alegría de la Pascua; por eso se dice: “Felices Pascuas”.
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