Síndrome de Procusto

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Sucede entre amigos, compañeros de trabajo y, a veces, hasta en la familia. Hay gente que quiere que le vaya bien al otro, pero no mejor que a ella. ¿Por qué algunas personas no aceptan ver avanzar a los demás o que el otro sea bueno y exitoso?

Es muy común en casi todos los ambientes –especialmente profesionales– que haya personas con actitudes egoístas, inseguras, generalmente por el miedo de ser superadas por otras. Es lo que se conoce como el síndrome de Procusto y hace referencia, precisamente, a la intolerancia. “Lo padecen aquellos que cortan la cabeza o los pies de quien sobresale”. 

Por ejemplo, cuando en una oficina surgen diferentes ideas, pero dentro del grupo hay un individuo o varios que no toleran opiniones diferentes, y limitan las capacidades y creatividades de los otros compañeros. Aunque casi siempre la diversidad es una oportunidad de aprendizaje, muchas veces, no deja crecer a los demás y, por ende, perjudica al grupo. 

“Intentan dañar o humillar a los demás porque no aceptan verlas avanzar, ni las diferencias ni que el otro sea bueno y exitoso. Cuando esto sucede, no dudan en discriminarlas e, incluso, acosarlas. Son personas que ni avanzan ni dejan avanzar”, explica la sicóloga Nena Zelada.

Según la profesional, estas personas tienen intolerancia a las diferencias, juzgan desde su egocentrismo las reacciones de otros, suelen aparentar estar de acuerdo con la manera de pensar de los demás, de trabajo en equipo, intercambio de ideas, etc. “Sin embargo, por lo general, solo desean justificar sus propias incapacidades y limitaciones. Pueden tener una autoestima muy baja o, por el contrario, exagerada o desmesurada”.

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Generalmente, son los que nos dicen que no podemos hacer algo, ya que no pueden aceptar que alguien se destaque y tenga éxito. En sicología se la conoce como la conducta de los codazos; deshacerse de los más brillantes de forma hostil, y boicoteando al más preparado por simple intolerancia y puro egoísmo. Porque, para ellos, no puede haber algo peor que verse superados por los demás en algún aspecto, por pequeño que sea. 

Una característica de este tipo de personas es que solo quieren que se piense como ellas; en el fondo, tienden a anonadar a las que sobresalen más que ellas, así tengan que simular una complicidad para alcanzar dicho objetivo, es decir, eliminar la competencia. 

“Existen personas que lo hacen de forma consciente y otras que ni siquiera saben lo que están haciendo; por el contrario, lo consideran una fortaleza, porque se sitúan en una postura de competencia permanente para alcanzar el éxito en su entorno”, comenta.

Si se trata de amigos o miembros de una familia, tal vez, la situación es más complicada. También puede ocurrir que se disfrace la envidia de consejos que buscan limitar el bienestar del otro. Las personas que nos “aman” pueden perjudicarnos con críticas malintencionadas que detienen nuestro desarrollo. “Cuando tenemos a nuestro alrededor a algún familiar con este síndrome, que afecte nuestra relación con él, es recomendable aprender primero a comprenderlo y, más tarde, manejarlo, relacionarnos de manera asertiva con esa persona”, aconseja. 

En el trabajo es común que en las empresas que están regidas por líderes tradicionales y nada proactivos vean cualquier cambio como una amenaza. Si, por ejemplo, llevamos a cabo una acción que puede suponer un beneficio para la empresa, ellos lo verán como un error, una ingenuidad e idea de nulo valor. 

La persona con este síndrome usa todas sus energías en limitar capacidades ajenas: son apagadores de sueños y manipuladores sicológicos. “Son los típicos compañeros competidores: ‘Quiero que te vaya bien, pero no mejor que a mí’. Menosprecian a aquellos que los superan en talentos y habilidades”, explica.

Pero, a veces, vemos estas actitudes en los otros y no en nosotros. Pero si notamos que nosotros también somos así, ¿qué debemos hacer para cambiar? “Un gran paso es darse cuenta; una vez que seamos conscientes de que esta conducta no nos permite avanzar, podremos, entonces, tomarnos el tiempo suficiente para evaluar nuestras propias reacciones para con los demás, a fin de combatirlas”.

Tips para lidiar con ellos:

• Aprender que cada persona es producto de una historia concreta.

• No dejarse influenciar por su comportamiento tóxico.

• Reaccionar siempre positivamente si se presentan con un comportamiento agresivo hacia uno.

• Hacerles ver, sutilmente, que ese sentimiento no les permite disfrutar libre y espontáneamente de las cosas buenas de la vida, y que los más dañados, finalmente, son ellos mismos, por ese sentimiento negativo que los mantiene esclavizados.

Características del síndrome de Procusto:

• Viven en medio de una continua frustración y cuentan con una escasa sensación de control.

• Autoestima baja o, por el contrario, exagerada o desmesurada.

• Son sensibles emocionalmente.

• Se muestran “empáticos”; sin embargo, son egocéntricos, con un pensamiento rígido y hostil.

• Son competitivos; tienen como objetivo sobresalir frente a los demás.

• Temen al cambio.

• Realizan atribuciones irracionales.

• Son personas manipuladoras, utilizan a otros y usan su complicidad para acabar con el que más se destaca.

mpalacios@abc.com.py

Fotos: Pixabay