“Cada uno puede enseñar aquello que sabe hacer”, una idea muy básica y muy potente es lo que motivó al empresario Geraldo Linck cuando presenció que un hombre era asaltado por un adolescente, en 1976, en Porto Alegre, Brasil. Impactado, decidió hacer algo para cambiar la situación de los jóvenes de su comunidad. Instaló un aula en su empresa para enseñar a los jóvenes con vulnerabilidad social lo que él sabía hacer: mecánica automotriz. Así comenzó la primera Unidad del Proyecto Pescar, que ahora suma más de 170 en Brasil, Argentina, Angola y el Paraguay.
“Pescar consiste en un programa integral de formación personal y profesional para encaminar a los jóvenes hacia el primer empleo”, explica el Lic. Roberto Galeano, gerente del proyecto.
En el Paraguay, Pescar inició sus actividades en el 2007, de la mano del Grupo Luminotecnia; la misma idea del proyecto original aplicada a nuestro país. Lo interesante del emprendimiento es que se adapta a la especialidad de cada empresa. Es en este sentido –dentro del grupo que inició el proyecto–, la formación profesional es en “atención al cliente y ventas”.
La inspiración del plan es el proverbio que dice: “Dale un pescado a un hombre y comerá un día, enséñale a pescar y comerá toda la vida”. “Con ese fin, ofrecemos las herramientas necesarias para que los jóvenes puedan ‘pescar’ en el futuro; queremos que nuestros egresados salgan en búsqueda de oportunidades y sean protagonistas de sus vidas”, refiere.
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En el Paraguay se inició luego de que en una visita de Rubén Mujica, presidente de la compañía, a un proveedor del Brasil se enterara de la iniciativa. Meses después, la primera Unidad del Proyecto Pescar se puso en funcionamiento en el país.
El eslogan es “Oportunidades que transforman vidas”, con la seguridad de que el objetivo consiste en dar una chance formativa a alumnos del 3.er año de la Educación Media con ganas de crecer y que estén en situación de vulnerabilidad social para transformar sus vidas en algo mejor para ellos. “El objetivo final es que puedan acceder al anhelado primer empleo mediante las herramientas que fueron incorporando a lo largo del proceso”.
Funciona como un centro educativo en el que se brinda un curso de capacitación laboral (referente al área profesional de la misma empresa), que busca promover el desarrollo integral de los jóvenes con dos ejes: la formación en desarrollo personal y la ciudadanía, con 540 h (60 % de la carga horaria total), y la formación técnico-profesional, con 360 h (40 % de la carga horaria total). Una fortaleza del método utilizado es que el desarrollo de la gran mayoría de los temas o materias son desarrollados por voluntarios internos y externos de la empresa.
El plan se desarrolla de marzo a diciembre, de lunes a viernes, de 13:00 a 18:00. El programa tiene una carga horaria total de 900 h, aproximadamente, lo que demuestra la intensidad del mismo.
Las actividades que se realizan son bien variadas, ya que buscan complementar lo que los chicos hacen en el colegio; es decir, las pasantías en distintos tipos de empresas, juegos de roles, dinámicas grupales y mucho trabajo de conocimiento personal. Un proyecto que está incorporado desde sus inicios es el de “Cirugía de la mente”, una iniciativa del Lic. Víctor Cabral, en la cual los chicos leen más de 10 libros durante el año.
Cuenta con más de 110 egresados, de los cuales el 100 % de los del año 2014 están en el mercado laboral; la gran mayoría, incluso, tuvo dos ofertas laborales.
Los participantes realizan tres pasantías laborales en el año y la finalidad es aplicar lo aprendido en el aula con la práctica. La importancia de esta actividad radica también en que los jóvenes conocen tres tipos de empresas distintas, ya que las mismas se realizan tanto dentro como fuera del grupo empresarial. “Algo que no buscábamos. Gracias a las pasantías, los chicos muestran su potencial, y las empresas en las que estuvieron trabajando buscan contratarles formalmente más adelante”.
Rocío Bader Cardozo (18), estudiante de Derecho de la UNA, se enteró del proyecto en su colegio, en el 2014. “Califiqué luego de varias entrevistas de selección y fue entonces que comenzó el fructífero trayecto”, resalta.
Para Rocío, la experiencia fue única, tanta que ha crecido en lo personal como así también en lo laboral. Mediante esto, hoy y a meses de recibirse, trabaja en la empresa. “Hice una correcta inversión de mi tiempo, dejé las tardes de mi último año de colegio y ciertas cosas atrás; a cambio de ello, obtuve innumerables oportunidades”.
La coordinadora Annegret Closs Ferreira califica esta experiencia sumamente gratificante y muy práctica en cuanto a resultados palpables en sus vidas y las de sus familias, ya que muy pocos proyectos tienen una finalidad tan determinante como la de formarles para el primer empleo y orientarles hacia el estilo de vida, en el que el trabajo, la formación y los valores son pilares fundamentales. “Son jóvenes que responden a un perfil de determinación, compromiso, perseverancia y constancia para el logro de objetivos personales”. Ellos egresan convencidos de que su decisión es determinante para el cambio en ellos mismos y la sociedad. “No salen con todas las respuestas, pero egresan con criterios muy ajustados y calibrados que les posibilitará ser asertivos en sus decisiones”.
Testimonio
“Pescar fue algo que nunca pensé que iba a cambiar mi vida. No son clases, es algo totalmente diferente a lo que conocía; esto cambia tu vida”. Jessica Cáceres (18), egresada de la promoción 2014.
Fase de selección
En este momento, el Proyecto Pescar se encuentra en su fase de selección de los jóvenes. Pueden participar los del 3.er año de la Educación Media. El número de contacto es el 249-2100, o acudir directamente al local de Luminotecia (Eusebio Ayala 2288 c/Juan del Castillo), de 7:30 a 18:00.
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