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La falta de un trabajo conjunto entre los científicos y los propietarios de establecimientos que constituyen el hábitat de los Priodontes maximus (popularmente conocidos como tatú carreta) pueden llevarlos a la extinción definitiva, lo que constituiría, según científicas paraguayas, un desastre ecológico.

La preocupación por el peligro que constituyen la alteración y fragmentación del hábitat para la supervivencia de la especie motivó a biólogas de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UNA a realizar un estudio sobre el Priodontes maximus, o el popularmente conocido tatú carreta.

El trabajo consistió básicamente en recabar información sobre todos los conocimientos que existen hasta la fecha en el Paraguay, en cuanto a distribución histórica como actual de la especie. La Lic. Andrea Weiler, junto a su asistente, la Lic. Karina Núñez, ambas biólogas y catedráticas de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UNA, realizaron un estudio sobre este mamífero en vías de extinción.

“Los últimos registros del tatú carreta corresponden al Chaco, entre el Chaco húmedo y el seco. En su mayoría, un poco más hacia el río Paraguay al Norte, ya más cercano a la zona del pantanal. En la Región Oriental no hay registros de la especie. El último ejemplar capturado, ahora ya muerto y disecado, se encuentra en el museo de Itaipú”, refiere Weiler.

Debido al grado de alteración y fragmentación (división del hábitat en partes más pequeñas y separadas) de toda la Región Oriental es difícil poder sostener poblaciones de tatú carreta. “Aunque podría ser a lo largo del río Apa, en la franja bien arriba, pero hay serias dudas”, afirma la bióloga.

El motivo del estudio fue, básicamente, la preocupación de los investigadores, que conocen la biología de las especies, al notar las densidades muy bajas del tatú carreta, que no es de población muy numerosa, y junto al yaguareté son especies crípticas y emblemáticas. “Son pocos individuos separados y su reproducción no hace mucha diferencia en este sentido. Tiene una o dos crías y el hecho de que estas sobrevivan ya es todo un desafío”, señala.

Lo inquietante para Weiler es la alteración y fragmentación del hábitat, porque reduce mucho la movilidad de las especies, así como el intercambio genético entre distintas poblaciones. “Cuando se tienen especies de densidad normalmente bajas, como esparcidas en un ecosistema, las respuestas de esas especies no pueden ser muy positivas”.

A la bióloga le llama la atención que los encuentros con la especie se dan cada vez más al Norte. “En la zona de río Verde no hay ningún signo de la especie, como la cueva que cavan, hace como diez años; y en esa zona solíamos encontrarla”.

Según Weiler, esto se debe al desarrollo antrópico (modificaciones realizadas por el ser humano) de los últimos años. “Los está empujando. Y si nosotros no hacemos algo por conservarlo en el Chaco paraguayo, vamos a perderlo en el país, porque esa zona es la última oportunidad de conservar la especie”.

Para la bióloga, la solución para cualquier ítem de conservación es trabajar con los propietarios privados, que son los mayores poseedores de tierra, porque las del gobierno destinadas a conservación son pocas, menos de un 10 %, tanto en la Región Oriental como Occidental de nuestro país. “Uno llega a esas zonas declaradas con protección, pero nunca se han expropiado o no tienen la forma de protegerlas correctamente, y la gente entra y se establece dentro del área de los parques nacionales. Pero igual el 90 % de las tierras están en manos privadas, que consideran al tatú carreta una amenaza para el desarrollo de su infraestructura”.

Weiler enfatiza que en nuestro país no se enfocan mucho en la percepción pública respecto a las distintas especies. “Una cosa es que los biólogos hablemos de la importancia del tatú carreta para otras especies, pero ¿cómo percibe el público en general a esta especie o al yaguareté?”.

El yaguareté es considerado una amenaza, pero los armadillos son ampliamente consumidos por la población rural por su carne, pero si el nivel de caza no es muy grande y si sus hábitats son saludables, las especies se reponen solas. “Su principal amenaza es la pérdida de hábitat, definitivamente, debido al impacto de las hectáreas que se echan y se desmontan”.

Subraya que, como somos un país agrícola y ganadero, no se puede evitar el desarrollo para conservar una especie, por lo cual se tienen que ver estrategias que maximicen la producción y protejan su inversión, pero minimicen los impactos ambientales sin dañar la fauna. “Es la única opción; por lo tanto, tenemos que conseguir concienciar a los productores de que por ley deben dejar áreas de conservación”.

Expresa que se pueden tomar pequeñas medidas con muy bajo costo económico, pero que pueden significar mucho, en los desarrollos de planes de desmonte, teniendo en cuenta las características de esas especies. “Por ejemplo, dejar corredores biológicos que sirvan como conectores, no muy estrechos, dado que limitan mucho la cantidad de fauna que pueda pasar por ellos; los guardavientos que puedan conectar un área de reserva de una propiedad con otra”.

“Tanto la universidad, la Secretaría del Ambiente (Seam), la propia sociedad y los medios de comunicación también tienen una responsabilidad enorme en los emprendimientos educativos y de difusión”.

Sería una pena que dentro de unos años la preocupación surja solo cuando queden unos pocos ejemplares. “Ahora todavía hay población de tatú carreta porque tenemos superficie suficiente. Y el desarrollo sostenible es la única esperanza para la especie. Ojalá que los propietarios se involucren no solo en su conservación, sino también del yaguareté, que está en peligro de extinción”.

Enfatiza sobre la importancia de que el productor tome conciencia de que en su propiedad tiene una amplia variedad de flora y fauna, patrimonio cultural de todos los paraguayos. “Y tiene la responsabilidad de salvaguardar ese patrimonio de nuestro país”, concluye.

Áreas protegidas

El Sistema Nacional de Áreas Protegidas del Paraguay (Sinasip) es el conjunto de áreas silvestres protegidas de relevancia ecológica y social a nivel internacional, nacional y local, bajo un manejo ordenado y dirigido que permite cumplir con los objetivos y políticas de conservación establecidos por el Gobierno paraguayo, según el artículo 5.º de la Ley de Áreas Silvestres Protegidas. La Ley n.º 352/94 “De Áreas Silvestres Protegidas” tiene como objetivo fijar normas generales para la regulación y manejo del Sinasip.

mpalacios@abc.com.py •

Fotos ABC Color/Diario Vanguardia/Facen/Humberto Albertini/Gentileza.