Ybytymí

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Ybytymí es una pequeña comunidad rural ubicada a 110 km de Asunción por ruta asfaltada. Su fundación data del año 1783 en épocas del gobernador Pedro Melo de Portugal y Villena. Conserva en el interior de su antigua iglesia un valioso conjunto de arte sacro, de origen franciscano, digno de ser conocido.

Cada 7 de octubre, fiesta patronal de la Virgen del Rosario, la pequeña comunidad de Ybytymí se agranda. Es cuando muchos ybytymienses que dejaron su lugar de origen en busca de mejores alternativas de vida vuelven a la patria chica. Y se genera un ambiente festivo, repleto de fervor, porque aquí la gente cultiva los valores humanos: son solidarios y conviven en armonía. Un visitante se cruza con algunos de ellos y es saludado de manera espontánea y cordial.

Son pocos —apenas 550 personas, según datos del último censo nacional del año 2002— los que viven en el área urbana, y la mayoría poblacional está compuesta por niños y personas de avanzada edad. La fuerza joven emigra, porque al terminar la secundaria los estudiantes no encuentran fuentes de empleo. Pero los que se quedan labran la tierra y fortalecen la agricultura doméstica. Cultivan cebolla, tomate, locote, sandía y otros comestibles. Y las familias crían gallinas y cerdos. Un reducido número de ganado vacuno forma parte del patrimonio económico de los productores. La plantación de algodón y caña dulce, en menor escala, contribuye también al ingreso de divisas.

La construcción arquitectónica más grande de Ybytymí es el edificio eclesial, reconstruido en 1857, durante el gobierno de don Carlos Antonio López. Fue restaurado en el año 2003, y en el 2008 terminaron las intervenciones del artístico altar mayor y del conjunto de piezas talladas en madera, en la segunda mitad del siglo XVIII. De realizar la delicada tarea se encargó un equipo de especialistas encabezado por la restauradora Olga Zuchini.

El enorme retablo de 8,6 m de alto por 7 m de ancho luce ahora su maravillosa policromía original. Cuenta la entendida que principalmente se procedió a la limpieza y el retiro de una capa de goma laca que se le había colocado hace dos siglos para proteger la pintura. “Esta protección, con el tiempo, se volvió oscura y no permitía que se puedan apreciar los hermosos colores del altar. Es muy poco lo que tuvimos que obturar y rellenar, porque el 80 % de la pintura se había conservado en forma casi intacta, pues ni siquiera había sido repintado”, explica Zuchini.

Los trabajos fueron encarados y financiados por el Ministerio de Obras Públicas con la contraparte local, consistente en hospedaje y alimentación para los restauradores. “En Ybytymí se aplicó la técnica de los italianos, dejando de lado la escuela holandesa de la utilización de la cera natural. Resulta que la cera se oscurece con el tiempo y es irreversible; sin embargo, el Paralaide 72 es un producto inocuo que se aplica para consolidar la madera y la pintura”.

Olga Zuchini comenta además que se logró reconstruir con sus partes originales el púlpito primitivo que se hallaba destartalado en la sacristía. “En el altillo ubicamos un pedazo de madera tallada que resultó ser parte de la mesada frontal del retablo y lo volvimos a colocar en su lugar. La gente quedó muy contenta con la recuperación de los tesoros artísticos de la iglesia”.

Los altares laterales, la imagen de tamaño natural de San Roque y tres sillas muy trabajadas también fueron intervenidos por los restauradores, que dedicaron un año —desde octubre del 2007 hasta fines del 2008— al salvataje del maravilloso conjunto, que ahora se aprecia en todo su esplendor.

El aspecto urbano de Ybytymí representa el típico modelo de las comunidades rurales del Paraguay colonial: alargados caserones alrededor de la iglesia en medio de una gran plaza. Y en las construcciones ancestrales: la iglesia, la estación de tren y viejas casonas, radica el potencial turístico aún inexplotado. Se agrega la escenografía natural con toda la gama de verdes de la vegetación, los límpidos arroyos y las caprichosas serranías que impactan a los visitantes.

En la esquina norte de la plaza central se halla una de las construcciones de la época fundacional. Corresponde al estilo tiras de casas, pero con evidente mutilación. Tiene corredores frontales y posteriores, techo de tacuarillas y aberturas con sistema de alcayatas como herrajes. En una de las habitaciones se conserva una puerta muy trabajada.

Este llamativo caserón perteneció a don Epifanio Miranda Ortiz, un investigador autodidacta que en vida se dedicó a rescatar la memoria de su pueblo. Con sus apuntes había lanzado en el 2004 un libro sobre la historia de Ybytymí, antes de fallecer el 6 de octubre de 2005.

Hoy, algunas calles cementadas en el sector céntrico contrastan con los caminos polvorientos de las periferias, que todavía recuerdan el largo tiempo de aislamiento, especialmente en días lluviosos. Y, desde su habilitación en el 2009, la ruta asfaltada que une Paraguarí con Villarrica significó un cambio radical para el transporte de productos agrícolas desde Ybytymí a los mercados de consumo. Pero igual la vida pueblerina mantiene su encanto. Reina el silencio y nadie renuncia a la costumbre de dormir la siesta y soñar en paz.

Nostalgia

Visitar el pueblo de Ybytymí, situado en el departamento de Paraguarí, es como transportarse a tiempos idos. Durante la siesta, una vez que los alumnos hayan ingresado a clases, el silencio domina el ambiente. Apenas el mugido de las vacas o el canto de los pájaros quiebran la quietud. Casi todas las puertas se cierran y ni un alma deambula por las calles.

Abandono

La antigua estación de tren de Ybytymí, habilitada el 12 de junio de 1889 para el servicio de ferrocarril, subsiste en deplorables condiciones. Vacía, sin los equipamientos de época, sirve de refugio a delincuentes y animales sueltos. Hace poco, inescrupulosos buscadores de tesoros procedieron a socavar la estructura y abrir grandes pozos, que ponen en peligro su existencia.