“Este arte desarrolla la sensibilidad, saber apreciar los pequeños elementos, reinventarlos y convertirlos en algo útil. Hay que saber utilizar una rama, una flor del jardín, para adornar su mesa”, nos dice.
Myriam hace 30 años que va al Club con la satisfacción de encontrar a tantas amigas, que ahí se reúnen y aprenden siempre.
