Una antigua cabecera de hierro se pintó en tono blanco y se agregó un mosquitero muy útil en estos días. Las cortinas de algodón de Pilar van colgadas del barral y permiten resguardar intimidad. Los almohadones y los banquitos con un tono verde agua rompen la hegemonía de los terrosos y blancos. Una mesita con terminación de mosaico y canastos de mimbre como cajones complementan esta deco sencilla.
La Arq. Carolina Rüger se esmeró en esta obra que contiene una gama de comodidades para que los adolescentes que habitan aquí se sientan a gusto y puedan compartir con sus amigos un asado, un día de música y pileta.
La cocina con barra para desayunar cuenta con banquetas de resina y metal. Mientras en el minicomedor la transparencia de la mesa permite apreciar las sillas de buen diseño.
El área verde con enormes árboles y pasto participa en todas las vistas que se obtienen a través de las puertas cuadrillé de gran tamaño.
Los techos altos cubiertos de tejuelones y vigas de madera junto a las paredes blancas es una conjunción clásica del estilo que opta por materiales nobles. Es una casa sobria relacionada con un sueño: comenzar de nuevo, una vida plena y feliz.
