Con el paso del tiempo, Villa Morra y sus alrededores se transformaron en un importante polo comercial, gastronómico, corporativo y residencial.
Para Mendelzon, ese crecimiento implicó también un compromiso. “Mariscal es considerado el punto cero del barrio, y eso también representa una responsabilidad: contribuir activamente al desarrollo del lugar del que formamos parte”, sostiene.
Esa mirada llevó a impulsar el Barrio Mariscal, una iniciativa que reúne a empresas, vecinos y amigos para trabajar por el desarrollo de la zona.

La evolución también se trasladó al propio concepto del centro comercial, que dejó atrás una propuesta centrada únicamente en espacios cerrados para integrarse con su entorno.
“Pasamos de pensar exclusivamente hacia adentro a integrarnos cada vez más con todo lo que sucede afuera”, explica Mendelzon.
Nuevos accesos, espacios abiertos, gastronomía, arte urbano y actividades al aire libre acompañaron los cambios en los hábitos de los consumidores.


Hoy Mariscal busca ser mucho más que un lugar de compras. “Siempre digo que un shopping debe ser como un teatro: todo el tiempo tienen que estar pasando cosas diferentes”, afirma.
Música, arte, gastronomía, deporte y encuentros forman parte de una experiencia que también encuentra en Agroshopping uno de sus ejemplos más representativos.
Cada martes, productores de distintos puntos del país acercan sus productos frescos directamente a los consumidores.

Así aquel espacio que nació como un centro comercial terminó convirtiéndose también en una plataforma para el trabajo, el emprendimiento y la producción nacional.
A tres décadas de su apertura, la visión de Mendelzon resume el desafío de esta nueva etapa: “Queremos que Mariscal sea un lugar para comprar y resolver, pero también para emocionarse, conectarse, encontrarse y disfrutar”.
