La historia de las pescaderías de Remanso se remonta a varias décadas atrás, cuando el sector funcionaba principalmente como un punto de desembarque de la pesca del día. Las esposas de los pescadores locales comenzaron instalando modestos puestos a la intemperie para limpiar, preparar y vender los ejemplares traídos del río. Con el paso del tiempo, la abundancia del producto fresco motivó a estas familias a ofrecer también platos cocinados, iniciando así la metamorfosis hacia un concurrido polo de comedores populares.
Hoy en día, el sector cuenta con unos 35 puestos de venta de pescado fresco y alrededor de 12 comedores formales establecidos a pasos del agua, atendiendo incansablemente de lunes a domingo. Este crecimiento orgánico consolidó un corredor gastronómico popular donde la infraestructura humilde de los comienzos ha dado paso, en muchos casos, a salones de dos niveles diseñados para aprovechar las brisas y la panorámica del río.

Las auténticas protagonistas de esta transformación han sido las pescaderas, mujeres hacendosas que convirtieron una actividad suplementaria en una fuerza económica vital. Para fortalecer su trabajo y formalizar su oferta, muchas de ellas se organizaron en agrupaciones como la Asociación Kuña Kyre’y (“Mujer dinámica”), participando en capacitaciones de atención al cliente y gestión de negocios que impulsaron su autonomía. Gracias a este esfuerzo diario, generaciones de mujeres han logrado sostener sus hogares y brindar estudios a sus hijos.

El legado de las pescaderas no solo impacta en la economía familiar, sino que constituye el motor turístico de la franja ribereña de Mariano Roque Alonso. Cada fin de semana y especialmente durante la Semana Santa, miles de visitantes locales e internacionales acuden al barrio San Rafael atraídos por la frescura de la materia prima y la sazón criolla. La mezcla de aromas, el folclore amenizado por músicos ambulantes y el paisaje del cruce fluvial generan una experiencia turística típicamente paraguaya.

La propuesta culinaria en los comedores de Remanso se destaca por su variedad y recetas tradicionales. Las especies más cotizadas de la cuenca, como el surubí, el pacú y el dorado, protagonizan la carta cotidiana junto a variedades más accesibles como el mandi’i y el carimbatá. Cada tipo de pescado es aprovechado íntegramente mediante variadas técnicas de cocción que resaltan su sabor natural.

Entre las preparaciones más solicitadas por los comensales resalta la clásica cazuela de surubí, servida en recipientes de barro con abundante queso paraguay, caldo concentrado y vegetales. Le siguen de cerca el chupín de pescado, las crujientes romanitas y las milanesas fritas al instante. Para quienes buscan una opción a las brasas, el pacú o el dorado a la parrilla representan el centro de mesa infaltable durante los almuerzos dominicales.
Además de los platos principales, la oferta al paso se distingue por entradas tradicionales elaboradas artesanalmente por las vendedoras. Las empanadas y croquetas de pescado resultan los bocados más demandados por quienes realizan compras rápidas o aguardan su pedido. La frescura del insumo, que va directamente de la barca a la paila de freír, garantiza una textura y sabor característicos que diferencian a Remanso de cualquier otro espacio gastronómico urbano.
A pesar del innegable valor cultural y económico de la zona, la comunidad ribereña afronta desafíos persistentes como la estacionalidad de las ventas, la necesidad de mejoras en las vías de acceso y el manejo ambiental. No obstante, la perseverancia de las vendedoras y el ininterrumpido flujo de comensales mantienen viva la mística del lugar.
