Radiografía del último supremo

El libro El último supremo. La crónica de Alfredo Stroessner, de Bernardo Neri Farina (1951, docente, periodista y escritor), es, a mi modo de ver, una de las más completas biografías, tanto en el plano personal como en el político, del presidente que más tiempo estuvo en el poder, casi 35 años (desde el 15 de agosto de 1954 hasta el 3 de febrero de 1989). Editado en el 2003 por El Lector, ya lleva cinco ediciones.

«¿Quién fue Alfredo Stroessner? ¿Cómo llegó al poder? Y sobre todo, ¿cómo fue posible que se mantuviera tanto tiempo en el gobierno de un país tan convulsionado en el que se sucedían los presidentes tras continuos golpes de Estado?» (p. 38). Estas preguntas son las hojas de ruta de este texto, que en lenguaje periodístico muy claro van siendo respondidas a lo largo de sus páginas.

Vamos a 1938. Stroessner era un joven oficial. Stephan Vysokolán, profesor de matemáticas, en un informe del 21 de mayo señala: «Capitán Alfredo Stroessner, de todos los 25 alumnos es el más talentoso y apto para la matemática, con mucha iniciativa propia y la capacidad de trabajo, independiente del profesor. Al capitán Alfredo Stroessner puedo recomendarlo como futuro artillero antiaéreo» (p. 45).

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Vamos a 1940. Brasil, el comandante del curso de Artillería, coronel Glycerio Fernandes Gerpe, señalaba sobre Stroessner: «Es inteligente, vivo y tiene facilidades de expresión, discreto, trabajador (…) en las pruebas escritas demostró precisión y concisión de lenguaje (…) tiene espíritu de iniciativa» (p. 45).

Así le veían sus profesores de joven. Y, como señala Neri Farina, siempre supo ubicarse en el lugar justo para ir escalando hacia el poder. A finales de la década de 1940 traicionó a Felipe Molas López, a quien había acompañado en otras operaciones golpistas, cuando se dio cuenta de que los dioses estaban ahora del lado de Federico Chaves. Chaves lo nombra comandante en Jefe el 13 de octubre de 1951, con sólo 39 años.

Bajo el gobierno de Chaves no cesaron las disputas en el interior del coloradismo y las Fuerzas Armadas. Una de estas rencillas derivó en el enojo de Stroessner por no haber sido consultado en unos arrestos militares. El 3 de mayo de 1954, Stroessner increpa a Chaves. Caía la noche del 4 de mayo cuando Stroessner derrocaba a Chaves. Iba naciendo el stronismo. Pactó con un sector del Partido Colorado y se hizo elegir presidente de la República en comicios sin oposición. Asumió el 15 de agosto de 1954.

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Neri Farina nos recuerda que para entonces ese joven militar ya había participado en conspiraciones contra cinco presidentes que le precedieron (p. 85). El país que tomaba no tenía una sola ciudad servida por agua corriente y contaba con solo 87 kilómetros de rutas asfaltadas (p. 93).

Alineado con el anticomunismo, recibió de Estados Unidos asistencia económica y apoyo político y en los cincuenta, depurando adversarios, tanto militares como políticos, se consolidó en el poder. En esa época de la Guerra Fría contaban poco las cuestiones de los derechos humanos y la democracia.

Neri Farina va contando datos y anécdotas del periodo de consolidación, su implacable orden de terror que tuvo como dos tiempos, uno a finales de los cincuenta y parte de los sesenta con el liderazgo del tenebroso Edgar Insfran y otro desde la mitad de los sesenta que tuvo como exponentes despiadados a Sabino Augusto Montanaro y Pastor Coronel.

También su apertura hacia el este y la construcción de Itaipú, la corrupción, sus relaciones cambiantes con la Iglesia Católica y la prensa, sus gustos personales y su mundo íntimo, desde la otra primera dama, María Estela Legal, hasta sus preferencias por niñas, que eran traídas para su satisfacción sexual a través del coronel Leopoldo Perrier, «Popol» para los íntimos.

Neri Farina nos regala semblanzas de la cotidianeidad del stronismo. Les recomiendo el capítulo dedicado a los reservados y prostíbulos. Y por qué uno de estos últimos se llamaba el Vaticano.

Tuve el honor de escribir el prólogo. Que terminaba: «Hoy es siempre todavía, nos recuerda Antonio Machado. Pese al dolor y al agobio que deja la lectura de la excelente inmersión en los entresijos de nuestra historia cercana que nos propone Bernardo Neri Farina, persiste la opción radical por la esperanza, porque alguna vez, desentrañando nuestros caminos de ayer, podamos construir un Paraguay libre y justo».

Lejos estamos todavía. Somos el país de las asignaturas pendientes. Heridos por la desigualdad, la impunidad, la pobreza, la falta de oportunidades o nuestra pésima salud pública y la desastrosa educación, sin olvidar la calamidad medioambiental, a treinta años del golpe esas asignaturas pendientes son nuestros grandes desafíos.

Tarde gris de invierno. Escuchando Tal como éramos en versión de Barbra Streisand. El futuro puede ser una ancha avenida o una trampa para repetir una y otra vez los fracasos, a modo de Sísifos del tercer milenio.

Bernardo Neri Farina

El último supremo. La crónica de Alfredo Stroessner

Asunción, El Lector, 2003

carlosfmartini@gmail.com

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