Betsabé o la dignidad rebelde

«Somos libros que se van escribiendo con tachones y borrones que hieren el papel y le dejan cicatrices para siempre» se lee en un pasaje de Algún día, hoy (2019), la más reciente novela de la escritora colombiana Ángela Becerra (Cali, 1957), ganadora del premio Fernando Lara 2019. Y de la vida entendida como una escritura difícil y llena de enormes obstáculos trata esta obra, que se basa en la historia real de Betsabé Espinal, quien en 1920, con alrededor de 24 años, lideró una de las primeras huelgas femeninas en la historia, la de las trabajadoras de una fábrica de telas en Bello (Antioquia).

Betsabé o la dignidad rebelde
Betsabé o la dignidad rebeldeArchivo, ABC Color

Ángela Becerra, que hasta el año 2000 era una exitosa profesional de la publicidad, viendo un documental sobre la vida de Betsabé Espinal (1898-1920) quedó cautivada por esa joven decidida a enfrentarse a los poderes de la política, de la economía y de la Iglesia en una sociedad oligárquica y profundamente injusta. La autora se dijo: «Te voy a resucitar, ¿cómo? Pues con la palabra». Y escribió esta hermosa obra sobre la resistencia a los poderes despóticos con el trasfondo de una emotiva historia de amor.

Betsabé fue una hija sin padre reconocido. Su madre, Celsa, la creyó muerta al nacer. Pobre de solemnidad, la madre consigue trabajo como empleada en la casa de la familia Mejía Echeverría, de mucho poder económico. Apenas un bebé era Betsabé. Y esa familia tenía ocho niñas, querían un varón, y la octava, Capitolina, encima de mujer nació coja. Y sus padres y hermanas la dejaron de lado. Se crea entonces una peculiar relación entre Betsabé y Capitolina que se prolonga en el tiempo, y protagonizan pasajes enternecedores, como cuando se comunican con Cástida, la abuela muerta de Capitolina, que termina enseñándoles a leer a ambas. Una de las vertientes de esta novela es la amistad más allá de los distintos caminos que tomaron ambas en la vida. El final tiene una vez más a Betsabé y a Capitolina en una escena memorable y de honda emoción.

La otra vertiente de la novela es el rostro de la lucha social de Betsabé. Empleada muy pronto en una fábrica de telas, vive la sobreexplotación inmisericorde del propietario. Poco a poco Betsabé va haciéndose fuerte, pese a sus adversidades personales. Su madre, Celsa, fue internada en un manicomio, y un capítulo dedicado a esa experiencia es una tremenda radiografía del absoluto desprecio a la condición humana en ese tipo de instituciones de la época.

Y finalmente, contra todo pronóstico, se realiza la huelga. Sus reivindicaciones fueron: 1. Ir con calzado a trabajar (las obligaban a ir descalzas para no estropear el piso), 2. Disminuir las 14 horas diarias de trabajo, 3. Que no las violaran y acosaran los capataces y 4. Un pago justo. La huelga terminó con la victoria de las mujeres trabajadoras. Los capítulos dedicados a esta lucha de las obreras son un excelente recorrido por los caminos de la historia social y la resistencia de los explotados.

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Y una tercera dimensión de Algún día hoy es una bella historia de amor que se prolonga a lo largo del tiempo, cuyo tono recuerda El amor en los tiempos del cólera del compatriota de la autora Gabriel García Márquez. Emmanuel, un joven parisino bohemio de clase alta, es enviado a Medellín por su padre, que busca involucrarlo más en el negocio familiar. Su socio es Conrado Mejía Echevarría, padre de Capitolina. Emmanuel, con solo ver a la adolescente Betsabé, cae fulminado de amor. Este costado de la novela termina en un final totalmente inesperado y conmovedor.

«La vida es un camino largo… Un camino de artesanos. Hay que ir puliendo las aristas de las piedras…» (p. 35). «Existir es un río sinuoso, con piedras, saltos y lagunas, donde nada está escrito» (pp. 239-240). Esta es la atmósfera de esta excelente inmersión en las notas del desamparo social, pero también de la amistad y de una historia de amor que cruza los océanos.

Rita Segato, antropóloga argentina, afirmaba en una reciente entrevista para el suplemento Ideas del diario La Nación, de Buenos Aires, que «la única utopía vigente es la utopía de la libertad de la historia, de la absoluta imprevisibilidad y del carácter incontrolable del viento de la historia».

Este es el espíritu de Betsabé Espinal.

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Escuchando The way we were en versión de Barbra Streisand. «La vida es la búsqueda de una ilusión que nos motive». Muchas gracias a Daniel Nasta por el obsequio de esta novela imprescindible.

Ángela Becerra

Algún día, hoy

Barcelona, Planeta, 2019

816 pp.

carlosfmartini@gmail.com

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