Érase una vez en Paraguay, un no tan lejano Oeste

El último forajido del Far West murió en Paraguay en 1947: a esta fascinante historia le dedica Juan Marcos González su nuevo libro, publicado dentro de la Colección Delincuentes Comunes y Políticos del sello Editorial Intercontinental hace un par de semanas. El historiador Claudio Fuentes Armadans ya lo ha leído, y nos lo comenta.

George Musgrave. American Heritage Center, Universidad de Wyoming.
George Musgrave. American Heritage Center, Universidad de Wyoming.

El wéstern fue un género muy popular en Paraguay, y su difusión abarcó varios registros: literatura, cine, televisión y cómic, por citar los principales. Narra las peripecias del mito del destino manifiesto de los Estados Unidos al ocupar territorios «salvajes» e «inhóspitos», que en realidad estaban ya bien poblados antes de la llegada de los cowboys americanos, tanto por poblaciones indígenas que eran originarias como por poblaciones mexicanas mestizas asentadas desde la conquista española. Es la versión mítica anglosajona y norteamericana de la oposición «Civilización / Barbarie» del relato que Domingo Faustino Sarmiento publicitara como destino para el Río de la Plata. La nostalgia del wéstern es sobre el género en sí mismo, ya que los hechos históricos son objeto de la crítica sobre cómo se arrasó con culturas y modos de vida en todas las fronteras entre lo que se consideraba, injustamente, salvaje.

Las referencias culturales a la nostalgia por el wéstern, como historia y como género, son también recordadas por el autor y el prologuista de la obra que ahora reseñamos: respectivamente, Juan Marcos González recuerda a su abuelo y la nostalgia de los wésterns en las series y películas que pasaban por la televisión paraguaya hace décadas; y Thomás L. Whigham habla también de su abuelo, que le narraba en forma picaresca sus vivencias como cowboy en California.

¿Era tan distinto el Oeste del Paraguay? Aquí, como historiador, González realiza un trabajo minucioso documental y teórico para traernos la historia de un célebre cowboy que, cuando se le agotaron las llanuras y los prados del oeste americano, desembarcó en Paraguay, también en territorio de una frontera en disputa, y pudo continuar en el Chaco su modo de vida americano.

¡Y qué modo de vida! Roberto Steward, alias o nombre falso de quien en los Estados Unidos fuera el famoso forajido George Musgrave, llegó a principios del siglo XX al Paraguay, donde murió pacíficamente en 1947, a pesar de haber sido uno de los principales involucrados en el abigeato a gran escala en la frontera chaqueña.

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No fue el único pistolero que llegó a tierras sudamericanas, y mucho menos al Paraguay. Como relata el spaguetti western Mi nombre es ninguno (1973), entre finales del siglo XIX y principios del siglo XX ya no había casi lugar en el Far West de los Estados Unidos para los forajidos pistola en mano: tanto la justicia del Estado como una nueva lógica del crimen organizado hicieron que muchos de estos hombres tuvieran que elegir nuevas fronteras donde su habilidad con la Colt, o, en el caso de Musgrave, en el abigeato, los hicieran imprescindibles.

A través de este trabajo, González narra no solo la historia de Roberto Steward, sino también la historia social y económica del Paraguay. Un país en constante transformación, con un sistema de economías de enclave que dependía de la especulación financiera y de los latifundios, donde la violencia política estaba a la orden del día y una buena pistola era apreciada en tales circunstancias.

Otro aporte y logro de González es conseguir algo que no siempre se ve en la producción historiográfica paraguaya: es un trabajo multidimensional que no termina en la historia con la lógica narrativa cernida exclusivamente al Paraguay. Es una historia amplia como las fronteras que estudia: en un momento se está en el oeste americano en los Estados Unidos, al siguiente se ven las relaciones de poder en Asunción, y luego en el norte del país, en Concepción y en el Chaco, aparte de referencias a Argentina, Brasil y Bolivia. Esto nos habla territorialmente de una triple concepción de la narración: internacional, regional y nacional.

También es un trabajo teórica y documentalmente exigente, como recalca el historiador Whigham en el prólogo. El trabajo no se dedica exclusivamente a un estudio de caso, sino también a un estudio del crimen del abigeato –robo de ganado vacuno– y sus modus operandi en Paraguay. En el campo teórico, el autor muestra su destreza en el manejo tanto de la teoría historiográfica como de la sociológica y, sobre todo, de la criminología; siendo esta última el área principal donde González lleva a cabo desde hace una década su proyecto historiográfico sobre el Paraguay, que se ve reflejado en sus obras publicadas.

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La obra tiene múltiples protagonistas: no es solo Roberto Steward como cowboy y abigeo, sino también la frontera norte en el Paraguay, el bandolerismo y el delito de abigeato. Como indica Whigham, los cowboys no inventaron el abigeato en el Paraguay de principios del siglo XX –era un delito que viene desde tiempos coloniales, desde que vinieron un toro y siete vacas en el siglo XVI, como narra González–, pero sí le dieron un toque especial en el país.

Finalmente, el texto está escrito en un lenguaje claro, accesible, pero sin sacrificar por ello la rigurosidad ni tampoco la integridad teórica y documental, lo que hace que sea una obra de lectura recomendada tanto para los profesionales de la historia, de las humanidades y de las ciencias sociales, como para el público general. Y recomiendo acompañar su lectura con la banda sonora del maestro musical Ennio Morricone, quizás Érase una vez en el Oeste (1968).

Juan Marcos González

Gringo Abigeo. Reflexiones sobre el delito de abigeato y la muerte de Roberto Steward

Asunción, Intercontinental, Colección Delincuentes Comunes y Políticos #2, 2020.

historiapy@gmail.com

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