La amistad en la historia literaria latinoamericana

Josefina Pla y Gabriel Cassaccia.
Josefina Pla y Gabriel Casaccia.Gentileza

¿Conocías estos vínculos de amistad entre escritores latinoamericanos?

Las cartas, los intercambios intelectuales y los afectos entre escritores forman parte de la historia literaria latinoamericana. Este recorrido reúne cuatro de esos vínculos: Mario Benedetti e Idea Vilariño, Julio Cortázar y Alejandra Pizarnik, Augusto Roa Bastos y Ángel Rama, y Gabriel Casaccia y Josefina Plá. Se escribieron, se leyeron, discutieron, se apoyaron mutuamente y, en ocasiones, también se criticaron.

Benedetti y Vilariño, una amistad de toda una vida

Durante más de medio siglo, Idea Vilariño y Mario Benedetti intercambiaron cartas, opiniones literarias y críticas. Su vínculo estuvo marcado por la admiración y el respeto mutuo, además de una franqueza poco habitual incluso entre escritores.

Ambos pertenecieron a la conocida Generación del 45. Nacieron en Uruguay en 1920 con menos de un mes de diferencia y murieron con un margen de pocas semanas en 2009. Su amistad estuvo llena de casualidades, ya que el 26 de abril de 2009 ambos fueron internados en Montevideo. Idea murió dos días después y Mario, tres semanas más tarde.

En sus cartas conversaban sobre los libros que estaban escribiendo, sus proyectos culturales, la realidad política y social. Fueron colegas que compartieron décadas de trabajo cultural, revistas, exilio y la pasión por la poesía. Su correspondencia, muy voluminosa, comienza en la década de 1950 y se extiende hasta 2009.

Mario Benedetti e Idea Vilariño
Mario Benedetti e Idea Vilariño

Su apoyo incondicional no excluía una crítica literaria honesta y profunda. En una carta que Idea le envió a Mario cuando este estaba en España, la poetisa le confesaba que se trataba de una carta difícil ya que su último libro no le había gustado.

«Te dije entonces que te escribiría sobre tu libro. No sé cómo decirte que no me gustó (…) Creo que el anterior me gustó mucho y que te escribí al respecto. Tengo que releerlo para ver por qué me gustó tanto. También me pareció excelentísimo el de ensayos. De manera que no me hagas mucho caso. Tengo un problema con este libro y te lo digo. No quería dejar de escribirte y a la vez, no podía dejar de decirte lo que pensaba. Siempre lo hicimos así, aunque tú has sido tanto más generoso y delicado con mis cosas. Supongo que sos un gran tipo», expresó.

Sobre el final de la carta le anunciaba la próxima publicación de unos ensayos suyos. También le advertía que eran muy mediocres. «Podrás vengarte con toda razón de mis impertinencias. Un abrazo y cariños para Luz», finaliza la carta.

Cortázar y Pizarnik, amistad entre generaciones

La amistad entre Julio Cortázar y Alejandra Pizarnik nació en Europa y fue para siempre. Los emblemáticos escritores argentinos se encontraron en el París de los años 60, cuando ella llegó a estudiar Literatura Francesa en la Sorbona y a trabajar como traductora. Cortázar ya era un escritor consagrado tras el éxito de Rayuela.

A pesar de la diferencia generacional, la conexión fue instantánea. Pizarnik conoció a varios escritores con los que entabló profundas amistades hasta el final de su fugaz vida, pero la que construyó con Cortázar fue una de las más documentadas de la literatura argentina.

Alejandra era una poeta joven, nacida en 1936, cuya intensidad deslumbró a Cortázar, nacido en 1914. La llamaba «Bicho lejano» o «mi Bichito» en las cartas, con una ternura que convivía con la preocupación genuina por su estado emocional.

En los períodos de depresión más aguda de Pizarnik, Cortázar y su primera esposa, Aurora Bernárdez, la hospedaron en su casa parisina. Luego de pasar cuatro años en Europa, Alejandra volvió a Buenos Aires.

Julio Cortázar y Alejandra Pizarnik
Julio Cortázar y Alejandra Pizarnik

La última carta conocida de Alejandra a Julio fue escrita desde un hospital psiquiátrico tras un intento de suicidio. En ella le confesaba: «Julio, fui tan abajo. Pero no hay fondo (...)».

La carta que Cortázar le envió a Pizarnik, con fecha del 9 de septiembre de 1971, llegó a Buenos Aires mientras ella estaba internada. En la misma le contó que la misiva enviada por ella en julio le había llegado en septiembre y le confesó que ambos habían pasado por hospitales, aunque por motivos diferentes.

En esa carta expresa además su preocupación por el estado de salud de su amiga, intenta apartarla de sus impulsos autodestructivos y destaca el valor de su obra literaria. Esa carta forma parte de los cinco tomos de la correspondencia de Cortázar editados por Aurora, con más de mil cartas inéditas.

Un año después, Alejandra murió por sobredosis a los 36 años. Después, él escribió algunos poemas en su honor. Más allá de los momentos oscuros, las cartas muestran a dos escritores que compartían lecturas, obsesiones literarias y un gran respeto por el talento del otro.

Roa Bastos y Ángel Rama: amistad intelectual

Hacia 1960, el paraguayo Augusto Roa Bastos y el uruguayo Ángel Rama iniciaron un vínculo afectivo e intelectual que se extendió por décadas. Si bien sus biografías tienen puntos en común, como la experiencia del exilio, también los unieron los proyectos culturales compartidos y el intercambio de ideas sobre literatura y política.

Las cartas que intercambiaron durante décadas permiten seguir una conversación ininterrumpida sobre literatura, política y cultura latinoamericana.

El crítico uruguayo fue uno de los primeros en reconocer la importancia de Hijo de hombre. En 1960 publicó en el semanario Marcha un ensayo donde presentó a Roa Bastos como el «Hijo del Paraguay» y definió su novela como la «novela del pueblo paraguayo». Ese artículo marcó un hito en la relación entre ambos. En la primera carta que Roa Bastos le envió desde Buenos Aires, le agradeció la valoración de Hijo de hombre. Años después, el escritor paraguayo recordaría ese respaldo al referirse a Rama como el «padrino literario de mi lanzamiento novelístico en el Cono Sur».

Augusto Roa Bastos: "Carta a Marta y Ángel". Revista "Cuadernos de Marcha", año V, nº 25. México, enero-febrero de 1984.
Augusto Roa Bastos: "Carta a Marta y Ángel". Revista "Cuadernos de Marcha", año V, nº 25. México, enero-febrero de 1984.

Otras cartas entre 1960 y 1961 revelan los esfuerzos que uno y otro realizan para aprovechar las visitas del compañero a su respectivo lugar de residencia y organizar a su alrededor actividades culturales para mostrar sus trabajos ante los pares intelectuales del otro lado del río.

En 1983, Rama muere en un accidente aéreo en España junto a su esposa Marta. Unos meses más tarde Roa les escribe una carta que se publica en Marcha. «Ángel y Marta, queridos amigos, hermanos queridos: Como otras veces les escribo estas líneas, seguro que las leerán en ese íntimo silencio de trasmundo donde la libertad última no es aniquilada (…) Como otras veces, les escribo esta carta desde el pasado esperando el futuro en vuestra respuesta. Sólo que ahora, en esta leve astucia contra el tiempo, la espera será tal vez un poco más larga. Salvo que yo mismo vaya a buscarla cualquier día de éstos. Hasta entonces, un abrazo».

Casaccia y Josefina Plá: amistad fundacional

La amistad entre Gabriel Casaccia y Josefina Plá fue una de las relaciones intelectuales más fructíferas de la literatura paraguaya moderna. Ambos escritores mantuvieron un intercambio crítico sobre sus obras que trascendió la amistad personal.

Debido a la dictadura stronista, Casaccia pasó gran parte de su vida exiliado en Buenos Aires. La distancia hizo de la correspondencia uno de los principales espacios para sostener el vínculo entre ambos, y las cartas revelan una relación marcada por el respeto intelectual, la confianza y la complicidad literaria.

Para Casaccia, las cartas de Plá y los artículos que ella publicaba eran importantes para conocer la valoración que hacía de su narrativa, como se evidencia en fragmentos recopilados en colecciones como Cartas a mi hermano. «Me dices que Josefina Plá no tuvo mayores elogios para mi libro, y que en suma no dijo nada. La conducta de la Plá es muy extraña. Hasta ahora no he recibido ninguna carta de ella. Algo pasa. Dejemos que el tiempo lo descifre. Me halaga esa coincidencia entre ella y yo respecto del valor de El extraño ahogamiento de Casimiro (...) Me hubiera agradado y me hubiese sido más útil que Josefina Plá escribiera un artículo sobre mi libro que una carta, como lo hizo otras veces», expuso.

La Babosa (1952)
La Babosa (1952)

Cuando Casaccia publicó La Babosa (1952), recibió fuertes críticas en Paraguay por no idealizar el entorno social. La mirada de Josefina Plá representaba para Casaccia un valioso contraste frente a aquellas críticas, ya que ella encontraba en su narrativa un valor que trascendía la controversia local.

Una de las cartas que envió a Josefina Plá data del 2 de agosto de 1957: «Estimada amiga: Tengo que darle una buena noticia sobre La Babosa, la que creo le interesaría por la amistad que nos une y a la vez como información literaria. La librería Gallimard de Francia ha adquirido los derechos de publicación en francés de La Babosa para su colección La Croix du Sud dirigida por M. Roger Caillois. Así Areguá, ese pequeño pueblo, ese rincón dulce e inolvidable de mi infancia, va a entrar en Francia por la puerta grande».

Tras la muerte del escritor en Argentina, Pla afirmó: «Gabriel Casaccia se nos ha ido cuando aún podía seguir acendrando experiencias y profundizando horizontes, con nuevos libros testimoniales, crueles, con una crueldad que lo saben los verdaderos creadores dentro y fuera, es un cilicio sobre el alma. Tenía predilección por crear tipos ordinarios sacados de una clase media decadente envueltos en sus vicios e intereses personales».

Gabriel Casaccia
Gabriel Casaccia