Roa en Toulouse

Roa Bastos en Toulouse (Foto: Ulf Andersen)
Roa Bastos en Toulouse (Foto: Ulf Andersen)

La escritora Lita Pérez Cáceres entrevista hoy a la catedrática francesa Marie-Christine Seguin, que en sus días de estudiante fue alumna de guaraní de Augusto Roa Bastos en la Universidad de Toulouse. Esta breve nota recoge algo del paso del novelista paraguayo por Francia.

En septiembre de 1976, Augusto Roa Bastos llegó a París, procedente de Buenos Aires –que fue, como se sabe, su primer lugar de exilio–, y a mediados de octubre viajó a Toulouse, donde se estableció en calidad de profesor invitado, por un año, por la Universidad de Toulouse-Le Mirail (llamada Universidad de Toulouse-Jean Jaurès desde 2014).

En Toulouse, Roa Bastos se quedó, finalmente, veinte años, hasta 1996, fecha en la que decidió regresar a Paraguay definitivamente para pasar lo que le restara de vida en su tierra natal. Pues, como había escrito un poco antes, la obsesión de todo exiliado es volver:

«La obsesión de todo exiliado es volver. No puedo regresar con la cara del proscrito. He tenido pues que adoptar un nombre seudónimo y un cuerpo seudónimo que tornara irreconocible el propio, no digo el verdadero porque ese ya tampoco existe. Puede uno inventarse otra forma de vida, pero no disfrazarse de otro para seguir siendo el mismo. Ahora me llamo Félix Moral, profesor asociado a la Universidad de X» (Augusto Roa Bastos: El fiscal, Barcelona, Alfaguara Hispánica, 1993, p. 14).

Aliria, Silvia y Francisco Roa Giménez (al fondo), hijos de Augusto Roa Bastos e Iris Giménez, recorriendo la azucarera Iturbe con su padre en 1997.
Aliria, Silvia y Francisco Roa Giménez (al fondo), hijos de Augusto Roa Bastos e Iris Giménez, recorriendo la azucarera Iturbe con su padre en 1997.

Jean Andreu, cuyas gestiones fueron decisivas para conseguirle a Augusto Roa Bastos el puesto de profesor asociado en la Universidad de Toulouse, recuerda así su paso –de dos décadas– por aquellas aulas, desde su llegada hasta su partida –su retorno al origen– veinte años después:

«Las primeras actividades académicas de Augusto fueron unas clases sobre literatura y sobre Yo el Supremo, que figuraba en un programa nacional de oposiciones (agrégation), lo que le dio la oportunidad de una gira de conferencias por varias universidades francesas en las que yo solía acompañarle. Su otra actividad fue la creación en Toulouse de una cátedra de guaraní que vino a complementar la cátedra de náhuatl, creada por Georges Baudot, en la que enseñaba Iris Giménez, futura compañera del escritor. En sus primeros años tolosanos, Augusto se dedicó a sus clases, escribió poco –algunos artículos literarios o políticos, algún cuento– y retomó, sin concretarlos todavía, sus antiguos proyectos de novelas como El fiscal o Contravida. A pesar del afecto de su familia y de sus amigos, sufría cada vez más la nostalgia por su lejano país. La obtención del Premio Cervantes en 1989 pareció darle un nuevo impulso. Escribió cuatro novelas en cuatro años, estrechó sus relaciones con España, donde viajó muy seguido y, tras la caída de Stroessner regresó a Paraguay y fue recibido con todos los honores. En 1996 abandonó definitivamente Toulouse para radicarse en Asunción. La última vez que lo vi fue al año siguiente, en uno de mis viajes a Paraguay, en casa de Evelio Fernández Arévalos. Vivía muy retraído y aislado, en condiciones morales y materiales muy precarias. Prácticamente, había dejado de escribir».

Jean Andreu (diciembre de 2018). Crónica de un exilio: Augusto Roa Bastos en Francia. Revista de la Academia Nacional de Letras, Montevideo, año 11, n.º 14, pp. 125-128.

Sobre las clases de guaraní de Augusto Roa Bastos en la Universidad de Toulouse, ver, en esta misma edición del Suplemento Cultural, la entrevista «Augusto Roa Bastos, mi profe querido», de Lita Pérez Cáceres.

Roa Bastos en Toulouse (Foto: Ulf Andersen)
Roa Bastos en Toulouse (Foto: Ulf Andersen)