5
Es difícil la participación en la actualidad, cuando el tiempo para el deseo es sustituido por el ritmo cibernético. Al no haber tiempo para el desear, no hay tiempo para saber qué desea el sujeto para desde allí participar. Cuando se puede hablar, cuando se pone peso a la palabra, cuando hay tiempo para discutir, para escuchar, se está sabiendo algo de lo que se quiere. El apuro en el tiempo hipermoderno no deja lugar para saber lo que se quiere y para conducir la vida, y para que el destino no le sea ajeno al sujeto. Para que se pueda implicar activamente el sujeto en su mundo y vínculos, se requiere de tiempo para saber qué quiere. Saber qué desea el deseo, para quererlo o no, y así, poder participar sostenidamente. Esto no es posible, o al menos es muy difícil en sociedades inmediatistas sustentadas en la lógica de apuro, en donde las personas están estiradas por las exigencias del día a día. Cada uno requiere de su tiempo de elaboración de saber qué cosa quiere. La instantaneidad para el placer constante (que anula al deseo), nos crea sujetos depresivos o a veces hiperactivos-maniacos y son estas, dos formas de ser, ineficaces. Relaciones estables, no de puro presente, son condiciones para poder desear: el deseo es cuestión de horizonte y no de inmediatez. La caída de los ideales que se viene dando hoy, abre el camino hacia la búsqueda del camino individual de las satisfacciones directas. En los sistemas de vida en los que la prisa es un valor, se van destruyendo el pensar sobre los ideales.
6
Aún algunos jóvenes, por estar situados estructuralmente frente a los ideales, no lo olvidan y muestran cómo son operativos para responder ante las invasiones autoritarias. Pero cada vez son menos, y más rápidamente transformados en consumidores acéfalos y compulsivos o en instrumentos de la producción de la tecno-ciencia, que no necesita de ideales para existir e imponerse a la cultura.
7
Cuanto más se socava a los ideales con las exigencias del estar al día con los consumos, con la pura información y la técnica, con los imperativos del sólo hacer robotizado, se sabe menos lo que se quiere, y se llama, sin saber, al amo autoritario-imperativo de nuestro tiempo. Con mayor violencia este señor del absolutismo de lo económico emerge hoy, para decidir por el propio deseo del sujeto, lo que debe querer o no. Se acentúa así, mucho más de lo que en general nos damos cuenta, la sumisión y el mandato del otro en posición de absoluto. Al punto, que lo político en la contemporaneidad se reduce al engañar bien y trampear en relación a un único bien: el bien de lo económico. Absolutismo. Consecuencia funesta, de lo que hoy se presenta como la política de la desubjetivación del deseo.
A esto, tenemos el compromiso y deber ético de resistir.
Ágape Psicoanalítico Paraguayo