07 de noviembre de 2004 - 09:11
Asumir las contradicciones de la vida
Este artículo tiene 21 años de antigüedad Pero en fin, se vive, decía don Francisco de Quevedo, a modo de desahogo de hondos desengaños y tristezas en aquella España de Felipe IV en donde la envidia no era menor que el hambre. A esta expresión de Quevedo no le dictaba otro sentimiento que la desesperanza. La desesperanza que lo llevaba a despedazar vocablos y voltear conceptos con aquella maestría de doblegar a su voluntad la frase o el verso castellano. Pero en fin, se vive repetía Quevedo para consolarse de sus miserias al tiempo que de ellas se mofaba.