Dos niños entre los patriotas

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La autora del libro de relatos es María Eugenia Garay, destacada figura de nuestra literatura con dilatada carrera en la poesía, la narrativa juvenil y la prosa novelista. En la historia central del libro, dos niños de la era contemporánea de la física cuántica y los juegos multiactivos donde, sin embargo, todavía siempre habrá lugar para algo de magia y fantasía infantil se hallan transportados en el tiempo para ser testigos y protagonistas presenciales de los acontecimientos del 14 y 15 de mayo de 1811. La aventura se inicia con la súbita presencia del Hada de la Luna que concede un deseo a cada uno de los personajes centrales. El mayorcito pidió conocer al abuelito César, héroe de la guerra del Chaco, de quien tanto oyó hablar, pero con quien se habían cruzado en el tiempo y no llegaron a compartir instantes de ternura.

El menor de los hermanos compinches pidió que el ronroneante gatito Negrolín pudiera hablar y este rogó al hada permitirle a los tres compartir algún inolvidable episodio histórico. Concedidos los tres deseos, el cuento de María Eugenia Garay se entremezcla con la historia al recibir el apoyo del Mago Paracelso y su lechuza parlanchina, ya que Paracelso a su vez recluta al Einstein de la física cuántica para el viaje al pasado. Los acontecimientos principales forman parte de la clásica historia de la fecha, pero la creatividad y la ficción agregan unos detalles deliciosos de la vida cotidiana de entonces, de las preocupaciones del gobernador Velasco en cuya casa se inicia un original e inesperado episodio paralelo, absolutamente imprevisto e insólito, y de la gran responsabilidad y conciencia del joven capitán Pedro Juan Cavallero para asumir su papel de jefe al haber sido descubierta la conspiración y no amilanarse ante el gran riesgo a que lo sometieron los hechos. Ante la ausencia de Yegros y Cavañas, Pedro Juan, sabiendo que él y los conjurados se jugaban la vida, actúa a la altura que le exigen las circunstancias y con el levantamiento de los cuarteles, y sus ilustres próceres militares que se adhieren al movimiento, pone fin a tres centurias de dominio colonial para legarnos una patria libre y soberana.

Las peripecias conexas en la historia agregan sabor y emoción a la narrativa. Pedro Juan descubre en el menor de los niños un parecido extraordinario que luego nos informa el texto no es absolutamente sorprendente, pues el niño es nada menos que el tataranieto del prócer que en el pelo ensortijado y la mirada quemante prueba que cada generación no es sino la extensión de las anteriores en un círculo virtuoso nacional. Acá cabe citar a Borges cuando dice “La patria, amigos, es un acto perpetuo, como el perpetuo mundo. Somos el porvenir de esos varones, la justificación de aquellos muertos, nuestro deber es la gloriosa carga que a nuestra sombra legan esas sombras, que debemos salvar. Nadie es la patria, pero todos los somos... pero todos debemos ser dignos del antiguo juramento”.

Raúl Silva Alonso, escritor de amplia experiencia en adaptación de obras para los lectores infantiles, aportó su acopio de conocimientos, que resultaron fundamentales en este tema, para lograr una excelente edición final de la obra.

Capítulo aparte merecen las magníficas acuarelas de Juan Moreno, con las que el texto cobra vida y brinda a los jóvenes lectores el panorama visual de la Asunción de 1811, imprescindible en el mundo de hoy para complementar el trabajo creativo de la autora, quien admite que su propósito principal al concebir la narración fue “hacer que los niños redescubran el placer de la lectura, divertirlos, despertar su curiosidad, atrapar su atención con las ilustraciones artesanales, para así introducirse en el nudo de la historia y entonces redescubrir el orgullo de ser paraguayos, descendientes de aquellos maravillosos patriotas que se jugaron la vida por la libertad”. “Aquella madrugada de 1811” no puede faltar en la biblioteca de todo niño del presente, y como trae una guía didáctica muy bien elaborada, tiene que estar disponible en todas las escuelas paraguayas. Su lujosa edición y su bajo costo, lo convierte en un tesoro a guardar celosamente como recuerdo tangible de estas celebraciones del Bicentenario de la Independencia.

Eso de por sí ya vuelve relevantes las celebraciones y en esa convicción, la Comisión Nacional del Bicentenario y el diario ABC Color otorgaron su pleno respaldo a la publicación.