1
El sentimiento de presión asfixiante que siente el adolescente respecto a sus padres no solo es normal, aunque molesto, sino que es necesario captarlo. Normal-molestoso porque indica un momento de corte del sujeto con su pasado infantil, corte que no es de una, sino sucesivo y con máscaras. No se crece –al decir de J.D. Nasio– linealmente, sino por micronacimientos sucesivos; regreso y progreso continuos. Es también necesario captar el sentimiento de asfixia, porque si se sabe captar, se puede percibir, pues indica el exceso de presencia del otro, de los padres en la mayoría de los casos, y en este aspecto puede orientar al adulto sobre su propia lentitud o acomodo y de resignación en su vida, dado que al perder vitalidad ofrece un carácter caricatural de la condición humana. En otras palabras, una presencia sacrificial que el joven recibe como asfixiante. Si el escenario está vacío de posición deseante por parte del otro, los padres en general, se torna en una decepción angustiosa, la cual se asoma –sin ningún sueño ni ficción– en la vida del adolescente. El sentimiento de asfixia del adolescente traduce un supuesto padre no deseante en la vida, que no goza ni disfruta incluso de su sexualidad; este es el escenario vacío del adolecente. Este es condición para que el otro del mercado intervenga con el remedio americano que podrán ser adquiridos en los “shoppings” de la vida cotidiana.
2
La intervención del mercado en los escenarios vacíos se puede decir que es una manera contemporánea de hacer existir al otro, al del goce puro. Si el otro no existe, el de las reglas, el de los ideales, el de las tradiciones, etcétera, no quiere decir eso que la pulsión del otro no exista, que el imperativo a gozar –como señala Lacan– no exista en esta época y que más bien es su marca.
3
El progreso para la transición adolescente no es exclusiva ni necesariamente material. El progreso para el joven es no quedarse, no detenerse. Que la fuerza que lo levanta, que lo eleva, siga transformándolo en lo que quiere ser, en lo que desea. Que salga algo de sí, al menos a luz media, es lo que estima un progreso. No es en ningún punto concordante con lo que el discurso capitalista y la ciencia estiman un progreso. Este no está en la manía del frenesí del consumo incesante ni en la avaricia del provecho renovado continuamente. Su progreso en cierta medida es lo opuesto, es una lucha por armonizar discordancias.
4
La época que ya pasó y le toca vivir al adolescente es la época del otro cuando era consistente. Otro que planteaba un ordenamiento del futuro, cuya referencia era el padre o la persona que lo remplazaba, sea para seguirla o para oponérsela. Hoy, esta tradición está acabada, y el vacío se encarga de llenar y dirigir una lógica: la lógica del mercado.
Ágape Psicoanalítico Paraguayo