Carnavalización: como metáfora de su concepto narrativo, Bajtín recurrió al carnaval medieval europeo, algarabía gozosa de voces mutuamente iluminativas y libres de las trabas normales de la sociedad.14 “Carnavalizar” el texto era liberarlo de las trabas paralelas de la narrativa convencional.
Dialogismo: como su género literario hermano, el teatro, la narrativa no es un conjunto de voces suministradas a dosis estrictamente recetadas por el narrador, sino un auténtico diálogo de perspectivas independientes. Los dialogantes se ven como sujetos en conversación y no como objetos de un discurso externo o autorial.15
Intersubjetividad: fundamental a esta visión narrativa es la idea de que la consciencia individual es social. Se crea en diálogo con otras consciencias, y de ese contacto de perspectivas surge la “verdad” del texto.16
Heteroglosia: característica relacionada es la multiplicidad de lenguajes incluida en las narrativas de esta inspiración, no solo palabras o frases en distintos idiomas, sino también discursos de varios registros17 –coloquial, vulgar, erudito, íntimo, etc.– y de varios dominios funcionales –científico, histórico, poético, mítico, académico, etc–.
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Hibridación: los lenguajes o registros a veces confluyen en un solo parlamento o un solo enunciado18, creando un discurso híbrido en boca de personajes que hablan “fuera de tipo” y que por eso toman vuelo a otra realidad superior.
Metalenguaje: a veces en el encuentro bajtiniano de voces, algunos de los locutores –sean personajes o el mismo narrador–, para comentar sobre lo que enuncia otro locutor, recurren a un “metalenguaje”, o sea, un lenguaje cuyo fin es analizar otro lenguaje.19 Tal ocurre, por ejemplo, cuando la voz narrativa introduce terminología literaria para reaccionar a los pronunciamientos de un personaje.
Interrelación: con frecuencia en estos textos heteroglósicos, los distintos lenguajes se yuxtaponen con efectos sorprendentes, poniendo en contacto, por ejemplo, un discurso culto-académico y otro callejero-vulgar, y haciendo que cada uno ilumine el otro.20
Intertextualidad: cualquier texto narrativo, en esta visión, está relacionado a otros textos externos por medio de ecos implícitos, por alusiones, o a menudo por citas directas de fuentes.21 En esta forma, van añadiéndose a la polifonía textual otras voces extratextuales.
Involucramiento del lector: también esencial a este concepto de la literatura es que el lector entra con su voz en el ámbito textual.22 El lector añade su perspectiva, dialoga con el autor y su creación, y conversa con otros, creando en efecto un texto nuevo y ampliando el “carnaval” de la lectura.
Cronotopo: valiéndose de cierto concepto matemático y de elementos importantes de la teoría einsteiniana, Bajtín concibió que este término es “la conexión intrínseca de las relaciones temporales y espaciales que se expresa artísticamente en la novela”23 (Bajtín, Forms of Time… 84-85). De acuerdo a la idea básica de Einstein, el tiempo y el espacio son inseparables en el cronotopo novelado, como lo son en el universo externo. Concepto al parecer tangencial a los otros términos presentados arriba, el cronotopo es en realidad central a ellos, pues articula el escenario espacio-temporal en que bulle la polifonía bajtiniana.
A esta lista de conceptos cabe añadir una cosa más: que las ideas de Bajtín son muy colocables en la trayectoria que nos lleva de esa detonación de producción literaria latinoamericana que llamamos “Boom” –años 60 y 70– al desarrollo posterior denominado “pos-Boom”. Aunque la historia literaria, por su alta carga de subjetividad, es notoriamente imprecisa, sí podemos afirmar que la transición de “Boom” a “pos-Boom” se caracteriza por un creciente afán de indagar, a través de técnicas como las de Bajtín, en un devenir social cada vez más injusto y violento. Las patologías desencadenadas por las dictaduras latinoamericanas de las décadas 1970 y 1980 se prestaban urgentemente a la exposición bajtiniana, con su enfrentamiento de voces y su bulla de subjetividades.
De ahí, por supuesto, que se suele clasificar El invierno de Gunter como obra del pos-Boom. De hecho, el término “pos-Boom” fue popularizado en parte por el propio Juan Manuel Marcos24, y tal categorización de su novela parece por eso acertada. Al decir eso, sin embargo, nos damos cuenta de que la literatura de alta calidad es siempre más que la suma de sus “influencias”. Hay que reiterar: Marcos no copió simplísticamente ninguna “escuela” ni remedó a Bajtín, y su novela es fruto de una multitud de otras corrientes25 –la novela policíaca, la novela amorosa, las técnicas de flashback y collage, la técnica de fluir de consciencia, la cultura pop, la cosmología guaraní, etc.–, para no mencionar el propio ingenio narrativo del autor. Si hago tanto hincapié en Bajtín, es porque las ideas de este coinciden con el ethos de El invierno de Gunter, con su indoblegable espíritu de libertad artística e intelectual. Ese ethos es lo que tienen en común los conceptos mencionados y lo que late en cada línea de la novela: la noción de que la verdad textual no es una alhaja que extraigamos de la caja de palabras simplemente siguiendo las instrucciones unívocas del autor, sino más bien algo que percola por la conversación multitudinaria de voces narrativas, incluyendo la nuestra.
Obsérvese que hemos dicho verdad textual. Porque sí hay verdad; se trata de entender su índole. Es un punto clave, ya que el malentendido más frecuente entre los estudiosos de Bajtín es quizás que él abogaba por una literatura invertebrada, una polifonía cacofónica y sin sentido. Hay que entender: el carnaval tiene sentido. El autor de tales textos no intenta desaparecer, sino entrar en coloquio robusto con nosotros, y la verdad que sale del encuentro no es de él, sino tuya, lector, y mía y nuestra.
Se trata por supuesto del consabido problema de punto de vista, vigente por lo menos desde la época de Cervantes, y todavía vigente hoy a pesar de décadas de pronunciamientos sobre la relatividad del lenguaje.26 No se confunda la visión bajtiniana con el relativismo. Hay tal cosa como un punto de vista autorial, y constituye una voz importante que acompaña al lector en su viaje hacia una verdad textual. Al soltar a los personajes de los amarres mecanicistas del realismo/naturalismo tradicional, el autor no “desaparece”, no abandona su perspectiva, no confiere “igualdad moral” a todas sus criaturas. Prueba de ello es lo absurdo que sería, en El invierno de Gunter, equiparar en el plano moral la voz de Soledad y la de Larraín o don Evaristo. Hay buenos y malos; El invierno de Gunter es una apasionada condena de las dictaduras, y el punto de vista autorial es inequívoco en ese aspecto. Pero ahí no termina el asunto, como hemos indicado, ni mucho menos, pues aprehender la postura del autor no es lo mismo que dialogar con él y con sus personajes, saborear el encuentro, paladear el peso de las palabras, y dejar que estas nos lleven al borde de un misterio mucho más allá de esta o la otra ideología. He aquí el “viaje del lector” y, al final del viaje, el “sentido del carnaval”, esa verdad textual solo negociable entre los discursos palpitantes en la página y la consciencia de quien lee. La dinámica dialógica, es decir, nos lleva a una esfera trascendente que ni el propio Bajtín, tal vez, vislumbraba, pero que El invierno de Gunter testimonia con creces: la paradoja de vivir la palabra del otro, de ser el otro sin dejar de ser uno mismo, de llenar dos pieles a la vez, sin violencias ni traición, y de encontrarnos de pronto, peregrinos de la palabra, sin palabras.
Y nótese, curiosamente, lo bien que esta experiencia casi mística de la lectura se compagina con lo dicho antes sobre la neuro-ciencia de la memoria, pues el viaje del lector es cabalmente eso: construir en la mente, mediante la plétora de técnicas y temáticas señaladas aquí, el andamiaje indeleble de la palabra más allá de las palabras. La dictadura de las interpretaciones literarias siempre era ilusoria, y aun más ante pasajes de la novela como el siguiente:
Educar la mente en la paradoja, no en la certidumbre. La revolución es el derecho a dudar. Hazme un sitio a tu lado paralelo al recuerdo, largo como un horizonte encendido de anhelos, tibio como una caricia de tus manos secretas, mío como el gorjeo torrencial de tu pelo. Hazme sitio a tu lado donde acostar mi pena, refugio del dolor, amparo del combate, donde olvide a los muertos: toda mi angosta historia y mis heridas, la picana y la sarna, la espiral del deseo y toda una cordillera de memorias…
(El invierno de Gunter, parte III, cap. 10)
Te puedo decir, lector, cualquier cosa sobre el pasaje, pero te toca a ti hacerlo tuyo. Te puedo decir, por ejemplo, que Marcos sacó de un poemario suyo casi todas las palabras en cursiva para incorporarlas aquí como poema de la heroína Soledad, pero te toca a ti, lector, incorporar esas palabras a tu ser. Te toca a ti entrar en diálogo con ellas, pasarlas por tus cuitas y delirios, el precio de leche que te angustia al borde del sueño y el abrazo que te alienta al despertar, pasarlas por el laberinto de tus células y sinapsis, sabiendo que estás asomado, como con toda gran literatura, al enigma mismo de la vida. “Educar la mente en la paradoja, no en la certidumbre”; salir de viaje por la cordillera de tus memorias, y asentar entre ellas la emoción inaprensible de estas páginas deslumbrantes. Ponte en marcha, pues, lector. Y no te preocupes. Te acompaño.
State University of New York at Oswego
Nueva York, Estados Unidos de América
