En su libro Crisis y reconstrucción de la filosofía, el filósofo de la ciencia y físico Mario Bunge hace un extenso análisis de la situación de la filosofía en nuestros días; el pensador argentino-canadiense sostiene que en la actualidad, incluso, existe una especie de “industria de la muerte de la filosofía” que se ha beneficiado salvajemente haciendo grandilocuentes declaraciones y no aportando nada nuevo al conocimiento. Para Bunge, la filosofía no puede estar muerta porque todos los seres humanos filosofamos a partir del momento en que cobramos consciencia (entendida como función neuronal compleja). Señala que todos nos planteamos y debatimos problemas generales, que incluso podrían transcender las fronteras interdisciplinarias.
Por su parte, para la filósofa Ayn Rand, la filosofía estudia la naturaleza fundamental de la existencia humana y de su relación con la misma naturaleza. “A diferencia de las ciencias específicas, las cuales tratan solo los aspectos particulares, la filosofía trata aquellos aspectos del Universo que atañen a todo lo que existe. En el campo de la cognición, las ciencias específicas son los árboles, pero la filosofía es el suelo que hace el bosque posible”, propone la creadora del objetivismo.
Aun así, Bunge sostiene que la filosofía está estancada, ya que nadie propone nuevas ideas filosóficas ni mucho menos nuevos sistemas filosóficos estructurados. “Hoy, casi todos los filósofos se dedican a enseñar, analizar, comentar o adornar las ideas de otros académicos”, indica Bunge, por lo que pocos son los filósofos que piensan en grande y aportan al desarrollo mismo del conocimiento y de la historia de las ideas.
Pero vayamos a cosas más sencillas para entender la importancia de la filosofía. Al asumir que existe una realidad material estamos tomando una posición metafísica, es decir, una rama de la filosofía. Al negar la realidad de las cosas, también estamos filosofando. Cuando afirmamos que, además de que existe, la realidad puede ser entendida, estamos haciendo gnoseología o teoría del conocimiento, que es una rama también de la “madre de las ciencias”. Y para entender todo lo que nos rodea, utilizamos un método, por lo que recurrimos a la epistemología.
Luego tenemos las áreas filosóficas más prácticas: la política y la ética. Como vivimos en sociedad, debemos organizarnos. Dependerá de la visión filosófica de la mayoría o del grupo que tenga el poder para encauzar los fines o intereses de la masa de individuos. Así es como ideas acerca de la democracia, de la libertad o de la opresión y la dictadura cobran vida (a veces, literalmente). Mientras que la moral sigue presente en todas las esferas. Lo correcto y lo incorrecto cruzan sus fronteras ampliamente entre los habitantes de este país subtropical. Después tenemos la faceta estética, catalogar algo como bello también es fruto de varios siglos de discusión en las distintas escuelas filosóficas.
La filosofía está presente en todo momento. Desde que aceptamos que hay una realidad que puede ser entendida, pasando por la elección o a veces aceptación de un sistema de gobierno hasta llegar a la apreciación de una obra de arte o de una película. La concepción clásica de la filosofía, de amor por la sabiduría, sigue presente, pero es reduccionista. De ella se desprendieron casi todas las ciencias y en la Antigüedad un filósofo era a la vez médico, astrónomo, político, comerciante, etc. El filósofo de hoy se encarga principalmente de analizar problemas serios, ya no meros juegos académicos.
El pensador debe ser escéptico, ante todo. Debe criticar, con buenos argumentos, el discurso oficial y la línea común de pensamiento, si es que se da cuenta de fallas, errores o peligros que acarrea. Es el que sigue no solo construyendo conceptos que nos ayuden a entender todo lo que nos rodea, sino también a repensarnos. Replantear el sistema es una de las prioridades de los filósofos.
El filósofo serio se encarga de problemas serios. Trata de dilucidar lo que es la vida, el aborto, la existencia de seres fuera de la Tierra, la eutanasia, ve ampliamente la pobreza y la guerra, la enfermedad y la felicidad. No se contenta con los libros de autoayuda y desconfía de las verdades sagradas. Trabaja con la ciencia y recurre a la teología solo como instrumento de estudio. El pensamiento crítico es su principal herramienta.
Es por eso que resulta penoso que el MEC no promueva la enseñanza de la filosofía, no solo en ciencias básicas y no solo en el bachillerato, sino desde los inicios de la educación de un individuo. Un enfoque filosófico más profundo y comprometido con el conocimiento actual ayudaría a formar mejores ciudadanos, mucho más despiertos y críticos y menos manipulables. Se debe desterrar esa idea de que aprender filosofía significa estudiar historia del pensamiento. Es mucho más que eso. La filosofía es el conjunto de saberes que tratan de dar una respuesta coherente de la realidad.
Por mucho tiempo, el papel de los filósofos en Paraguay no solo fue ridiculizado, sino también reprimido y hasta perjudicado. Quizás sea la causa de que se siga sosteniendo una educación oficial memorista y carente de juicio científico y crítico. Pero todavía hay tiempo de corregir los rumbos. La filosofía es paciente, pero los problemas sociales y políticos, no.
equintana@abc.com.py