Globalización de la educación superior: desafíos y tendencias (I)

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La nueva realidad educativa está afectada por el fenómeno de la globalización, como proceso dinámico en la construcción de una sociedad abierta, pluralista y de diversidad cultural.

En el abordaje de esta temática, el primer y principal problema que se enfrenta es la definición de término. ¿Qué alcance y significados tiene la globalización en este mundo complejo y cambiante?

Antes de adentrarnos en el análisis teórico, se impone la necesidad de precisar qué se entiende por globalización, a fin de disipar la nebulosa conceptual que configura. Al respecto, como señala Alsina (1999:38), esta confusión conceptual no es ajena a la propia comunidad científica, que no ha logrado un acuerdo al respecto.

En palabras de Beck (1998:40), la globalización es una palabra peor empleada, menos definida, probablemente la menos comprendida, la más nebulosa y políticamente la más eficaz en los últimos —y sin duda también de los próximos— años. Para este pensador, la globalización significa procesos mediante los cuales los estados nacionales soberanos se entremezclan e imbrican a través de actores transnacionales y sus respectivas probabilidades de poder, orientaciones, identidades y entramados varios.

En esta concepción se priorizan los vínculos y espacios sociales transnacionales con la perceptible pérdida de fronteras del quehacer cotidiano en las distintas dimensiones de la economía, la información, la ecología, la técnica, los conflictos transculturales y la sociedad civil.

Desde esta perspectiva, la globalización significa ruptura de la unidad del Estado nacional y de la sociedad nacional, y se establecen unas relaciones nuevas de poder y competitividad, unos conflictos y entrecruzamientos entre, por una parte, unidades y autores del mismo Estado nacional y, por la otra, actores, identidades, espacios, situaciones de problemas sociales transnacionales como el cambio climático, las drogas, el sida, el crimen organizado, los conflictos étnicos o las crisis monetarias que determinan el orden del día político.

Castells (1992:37) define la globalización como la creciente integración de las economías nacionales; en su núcleo fundamental, la economía global incluiría la globalización de los mercados financieros, “cuyo comportamiento determina los movimientos de capital, las monedas, el crédito y por tanto las economías de todos los países”. Por otro lado, se ve que todo, no solo la economía, tiende hacia ahí. Se globaliza: la ciencia, la tecnología, la información, la comunicación y la cultura; la globalización también llega a los sistemas universitarios; aparentemente es irreversible.

Es así que no se puede impedir la globalización, que, sin duda, produce mucha riqueza en algunos países desarrollados, y es el dinamismo, la fuerza y la energía que produce y conduce esa riqueza, pero lo absurdo es que esa fuerza o sistema que genera tanta riqueza no puede —o, mejor, no quiere— distribuir esa riqueza justa y equitativamente. Cada vez se registra mayor pobreza e ignorancia, cada vez más personas son excluidas del conocimiento. Además, sus voces se oyen poco o nada en lo que hace a la configuración del proceso de globalización.

Frente a esta sombría realidad surge la duda y desamparo, se percibe la pérdida de la sensibilidad humana, dado que se enfatizan el éxito, el dinero, el poder, el mercado y el marketing; pero el interés de hacer el bien a favor de los demás desaparece y se antepone en demasía los valores materiales, que conlleva a la cosificación del hombre.

Una mirada más positiva en relación a la globalización la concibe como la integración más estrecha de los países y los pueblos del mundo, producida por la enorme reducción de los costes de transporte y comunicación, y el desmantelamiento de las barreras artificiales a los flujos de bienes, capitales, servicios y conocimiento y, en menor grado, a personas a través de las fronteras.

De todo lo expuesto, se puede deducir que la apreciación positiva o negativa de este fenómeno, o la inclusión de definiciones o características adicionales, puede resaltar la inclusión de algún juicio de valor, puede variar según la ideología del interlocutor. Esto es debido a que el fenómeno globalizador ha despertado gran entusiasmo en algunos sectores, mientras que en otros ha despertado un profundo rechazo (antiglobalización), habiendo también posturas eclécticas y moderadas.

Ubicando el tema en el campo de interés, es un hecho innegable que la globalización afecta también a la educación en general, porque ella no permanece inmutable a los cambios operados en su entorno. Pero ¿cómo la afecta? ¿Qué tendencias tendrá y cuáles son los principales desafíos que se enfrentarán en este siglo XXI? ¿En qué medida están instaladas las universidades para hacer frente a la globalización?

Otros desafíos que se instalan y requieren respuestas viables son: ¿Cómo brindar educación centrada en los valores del desarrollo humano frente a la competitividad, al individualismo, al consumismo? ¿Cómo desarrollar educación en un contexto globalizado sin hacer perder las raíces nacionales? Dado que existe un imaginario social que divulga la pérdida de lo nacional con la asunción de lo extranjero.

La globalización se refleja en el surgimiento de nuevos espacios y redes académicas que desbordan las instituciones tradicionales. Programas internacionales, redes interregionales, educación a distancia, redes virtuales, etc., todo esto obliga a repensar los modelos territoriales, normalizados y rígidos, propios de las universidades tradicionales (Pérez Lindo, 1998).

El impacto de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (NTIC), que avanza vertiginosamente, por su parte, está contribuyendo a la globalización de la educación, posibilitando acortar las distancias, expandir la educación transfronteriza y las modalidades de educación en red, y, al generar la educación virtual, viabiliza nuevas prácticas pedagógicas para el autoaprendizaje o el aprendizaje distributivo, que constituyen las tendencias principales en el ámbito de la enseñanza universitaria.

Las NTIC dinamizan la dimensión internacional de las universidades que se manifiestan a través de la internacionalización y la transnacionalización de los servicios educativos, considerados hoy como fenómenos paralelos, con intersecciones limitadas. No obstante, tienen fuerza que generan cambios en la gestión y organización de la educación superior.