Cierto es que los hombres fueron a las batallas defendiendo nuestro territorio ante la invasión de los países vecinos, que un Pedro Juan Cavallero y un Fulgencio Yegros –entre otros héroes– tuvieron el coraje de independizar al Paraguay del yugo español, pero las paraguayas han tenido un papel protagónico en esos sucesos, pues su valor y su heroísmo han sido decisivos.
Al remontarnos a la época de la colonia, la mestiza surge como una gran forjadora de nuestro pueblo. Esta mujer, base del hogar, es la que apuntaló una nueva institución civilizadora. Mientras los hombres trabajaban, ella se dedicaba a tejer el ñandutí y a cultivar la tierra. Además, aprendió y enseñó la utilización correcta de los utensilios domésticos que habían sido traídos por el conquistador.
Con Domingo Martínez de Irala se fundó la nacionalidad.
Dio nombres mestizos con el título de “doña” a sus hijas, dejando un testamento con fecha de 13 de marzo de 1556, en el que declaró que en “esta provincia” hijas e hijos tuvo.
Las hijas de Irala contrajeron enlace matrimonial con relevantes capitanes de los tiempos de la conquista y de ellos aprendieron a mantener una conducta de estoicismo durante la primera época.
Ernesto Carria afirma que las mujeres en la colonia, “no menos que los hombres, tienen necesidad de educación civil, moral y científica, no solamente porque deben darles a sus hijos en los primeros años y porque en la validez hacen el oficio de padres, sino porque han de vivir entre los hombres y formar con ellos la sociedad doméstica civil; las mujeres de nuestra colonia fueron bellas por sus virtudes, rectas por su conciencia y dignas por sus nobles tradiciones”.
JUANA ESQUIVEL
Una de las mujeres de mayor representación en las últimas décadas de la época colonial ha sido Juana Esquivel. En su casona, situada en los alrededores de San Lorenzo del Campo Grande, ofrecía reuniones a las que asistían autoridades políticas, militares y eclesiásticas, especialmente los días del santo que llevaba su nombre. Su generosidad era conocida en la sociedad de entonces.
Lorenza de las Llanas, amiga del común, esposa de Ramón de las Llanas, recientemente fallecido y por quien llevaba luto, despojándose de su negro vestido expresó: “Yo llevaba luto por mi esposo, Ramón de las Llanas. Vosotros sabéis cómo luchó bravamente por la causa comunera. Hoy nos llega la noticia del suplicio de nuestro ilustre jefe el Dr. José de Antequera y Castro, y del suplicio de mi padre, Juan de Mena, su fiel camarada. Los tres fueron héroes, los tres fueron mártires de una noble causa. Yo acabo de arrojar mis negras vestiduras y me presento ante vosotros de blanco, porque no es bien llorar vidas con tanta gloria tributada a la patria”.
Doña Juana de Lara Vda. de Bedoya es considerada como “coordinadora general del movimiento revolucionario”. Fue la mayordoma de la Catedral, lo que les permitió a los conspiradores echar al vuelo las campanas de la Catedral para anunciar el movimiento revolucionario contra las pretensiones de Velasco. Les tenía al tanto a los conspiradores de 1811 de los planes de acción. Tomó contacto con los soldados de la guardia del Cuartel de la Ribera y de la Maestranza de Artillería. Iba por los domicilios de los leales para alentarlos. Siendo la mañana del 15 de mayo, llevó una corona de flores naturales al cuartel para celebrar la emancipación de la patria.
Por su parte, doña María del Carmen Speratti actuó en forma apasionada como organizadora de la contribución de joyas que servirían para “costear la heroica resistencia” cuando los portugueses tomaron en forma sorpresiva el Fuerte Borbón, en 1812, en Alto Paraguay.
Este relevante y ejemplar libro, escrito con rigor histórico, se constituye en una valoración justa y reivindicatoria de la mujer paraguaya en el contexto de una época en la que el Paraguay necesitaba afirmarse como nación.
POEMA
En la oscura niebla
ceñida de pena,
un ángel
se levanta.
En sus manos brilla
una estrella de plata.
Su tez de luna,
blanca, muy blanca.
De sus ojos negros
una lágrima se desliza,
irradiando aristas de luz
con su eterna llama
Sofía Valenzuela
