La poesía llegó a la calle

Este artículo tiene 16 años de antigüedad

Puede ser el comienzo de una utopía empezar a creer en el Arte para seguir creyendo.

Esto es (supongo) lo que —más o menos— hacen los poetas callejeros.   
  
Entreverarse con la gente común, la de todos los días, para decirles versos, es una experiencia inédita en el Paraguay.   
  
Y esos versos hablan del amor, de la fraternidad que es posible, todavía, en este siglo XXI, de hielo en las venas.   
  
En las calles están las nubes, la vida, la lluvia, el paso de los transeúntes, los flores que se venden por docena, las mujeres gruesas que ofrecen su mercadería a las señoras acostumbradas a regatear. Está también la ignorancia, desde luego.   
  
Los poetas callejeros, porque son quijotescos, y es bueno, muy bueno que lo sean, leen sus poemas a un público en el que se entreveran caracteres dispares: la sociedad dispar en su conjunto y las mujeres y los hombres marcados por un ambiente de pocas pretensiones. Algunos, curiosos, mastican las palabras de los poetas, y por un momento piensan que la poesía es un juego humano. Quizás una oportunidad para reconocerse en el otro.   

Yo he leído los poemas que integran el volumen Poetas callejeros. Y me han gustado. Sobre todo porque tienen una honda connotación humana y porque están alimentados de palabras sencillas, muy del prójimo.   

Han salido de las páginas y se han largado a andar. Y trataron de ver los ojos de los hombres, de los marginados, de los que no conocen de qué materia está hecha la poesía.   

Por un momento, la poesía dejó su torre de marfil, se desató, se arrancó su ropaje alambicado, y fue en busca de la calle.   

Conozco a los autores de las obras.   

Ellos son Genaro Riera Hunter, Gloria Marecos, Aurelio González Canale y Ángela Ghezzi.

La amante

pecho de ave, tierra abierta   
viento de junco, agua sacrificada   
suspiro de la noche, mariposa del crepúsculo   
elegía del "cháu", pensamiento en la cama   
corazón herido de tormenta   
miedo, alegría, desesperación, gozo...   

luna en la ventana, ternura de ubre   
teléfono ocupado, pasos de madrugada   
fuego que teme al olvido   
sueño con el hijo que mira de silencio   
mujer que tolera a su rival   
buscado amor, perseguido amor   
pozo sin brocal   
miedo, alegría, desesperación, gozo y olvido.   
La amante.


Aurelio González Canale