4- La amistad para el joven adolescente es decisiva, no admite discusión. La amistad está inserta en un mundo de representaciones, fantasías y sueños destinados a no realizarse pero necesarios en sus ensueños en la fase de la adolescencia temprana. Es muy difícil que un amigo no cumpla la voluntad de un amigo. Pero así también cuando un amigo adolescente respeta y quiere a su amigo, lo desobedece, como fue el caso emblemático de Max Brod a Franz Kafka, ciertamente no adolescente, pero muy amigo. Desoyó la voluntad de Kafka: quemar sus obras. Así, y por eso mismo, como desatendió el pedido, la fama póstuma de Kafka surgió. El adolescente vive el presente y la amistad es presente. Es la evidencia de lo que puede transformar lo que le sirve, le da seguridad al joven para creer que está cerca de un punto indispensable para poder hablar. Pero en la sociedad de la transparencia, como todo está demasiado cerca, la posibilidad de tener todo crece; hay un plus en la relación que significa el pasar directo a la satisfacción, trabajo y efecto, por supuesto, de la ciencia y el capitalismo, que vuelve lo imposible en una quimera. En este sentido, los vínculos sociales del adolescente en especial están desplazados a instrumentos u objetos técnicos producto del mercado que deciden el modo de relación. Lo imposible deja de ser función del límite y no está ya en función de causa del deseo.
5- No, ningún método de desprecio o subestimación ayuda en la educación. El joven adolescente no siempre recuerda los métodos educativos de los padres de la primera infancia, pero se da una idea aproximada cuando experimenta la desarmonía establecida entre su crecimiento y los ideales paternos. Desarmonía fructífera por cuanto está en lucha el adolescente por centralizar tanto la ternura como el deseo sexual en sus vínculos amatorios, cuestión que si solo existiera la pulsión sexual, las relaciones serian efímeras e inestable. Es la idea de Freud cuando señala en “Psicología de las masas y análisis del yo”: las pulsiones sexuales inhibidas en su fin (ternura) tienen sobre las no inhibidas (deseo sexual) una gran ventaja funcional. Como (las pulsiones inhibidas) no son capases de una satisfacción total, se muestran particularmente proclives a crear lazos durables, mientras que las pulsiones directamente sexuales pierden cada vez más energía por el hecho mismo de la satisfacción.
Ahora, en nuestra cultura contemporánea, consecuencia por un lado del capitalismo y por otro de un saber específico de la modernidad: la ciencia y sus efectos de tecnología llevan en la actualidad al consumo, que es algo que implica apuntalar al goce directo, a un continuum de goce pulsional con la inestabilidad de los lazos que eso conlleva, y el retorno de la queja y el malestar insistente de nuestra época: la falta de amor entre las personas y por los objetos.
6- No es por el desaliento como se puede alertar al joven adolescente; no es el aguijoneo del miedo al fracaso que ayudara a anticipar problemas o modo de tener un carácter firme o valiente, solo por ese medio se producirá y se podrá escuchar su falta de confianza, su pesimismo, su sentimiento de culpa patológica, su inseguridad enferma y su agresividad. Las argumentaciones fantasmáticas idealizadas de los padres no corresponden a los hechos reales, más bien empujan a calmarse con lo que la pareja ciencia-capitalismo, con su pacto, ofrece: promoción de goce plenamente realizable con la depreciación del sujeto del amor y del deseo. El sujeto en su dimensión lacaniana de “falta en ser” pasa a constituirse como sujeto en “falta en tener”, desatando esto un cierto absolutismo de la demanda. Por eso, ante las dificultades en la crianza, lo mejor es el análisis de los padres.
7- Responder. Responder para el adolescente es algo difícil. No sabe qué contestar porque lo que le viene son muchas cosas, muchos detalles, más de lo que se puede expresar cuando se habla. Si se siente juzgado y menos estimado, más incompleta son las respuestas. Lo que es sencillo para el otro es destino difícil para el joven adolescente; tiene muchos juicios sobre sí mismo. Pasto fértil para ofrecerle salida a su angustia. Por algo es el mercado grande y rentable del discurso capitalista que ofrece de todo desde psicofármacos, psicología cognitivista, respuestas místico-religiosas… que se consume de la misma manera como los objetos ofertados por la tecnociencia. El discurso capitalista es el discurso de las invenciones de alternativas eficaces al malestar contemporáneo que ese discurso mismo engendra al matar el deseo. La comilona social, fortalecida por los aparatos de comunicación, es un empuje al goce y no un deseo.
Ágape Psicoanalítico Paraguayo