“No quedará un solo colorado pobre”

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El domingo 18 de noviembre pasado, leyendo el suplemento cultural del diario ABC, me encuentro con un artículo titulado “El legado del dictador”, escrito por la señora Beatriz Rodríguez Alcalá de González Oddone, miembro de la Academia Paraguaya de la Historia, la que adjudica al señor J. Natalicio González la expresión “No quedará un solo colorado pobre”, primero sin señalar, la académica, la fuente de donde extrajo dicha cita, y segundo, dando a entender que la emitió en forma perversa.

Es cierto que ya en otras ocasiones y por motivos politiqueros se ha adjudicado a Natalicio González dicha afirmación, especialmente por la envidia que tienen del intelectual máximo de la cultura paraguaya, y otro por ser el pontífice combatiente más implacable contra la filosofía del liberalismo en el Paraguay.

En mi carácter de joven republicana, estudiosa de la trayectoria de grandes intelectuales del Paraguay —como Cecilio Báez, Blas Garay, Eligio Ayala, Natalicio González, Eusebio Ayala e Ignacio A. Pane, entre otros—, me he dedicado a seguir los pasos de estos hombres de los cuales la cultura paraguaya debe sentir orgullo, y puedo afirmar que en una década de acuciosa investigación de la prensa en diarios, folletos y libros, debo señalarle, distinguida señora, que jamás he encontrado la frase que usted adjudica al señor Natalicio González. Entiendo que es nuestro deber nunca adjudicar frases no dichas a nuestros héroes culturales, aunque no respondan al color de nuestros ideales, y menos a una de las catedrales del conocimiento más importantes de nuestro país como lo fue el señor J. Natalicio González, que tuvo la fuerza de influir tan poderosamente en la política paraguaya que el mismo Partido Liberal al que combatía tuvo que, finalmente, abandonar la filosofía liberal y adoptar el republicanismo como sistema de gobierno.

En ese aspecto, el doctor Eligio Ayala aceptó el golpe intelectual de J. Natalicio González, que tuvo que admitir públicamente la pureza doctrinaria del republicanismo colorado, y lo consagra en el Congreso, el 1.° de abril de 1926 (Fuente: “El estado general de la nación durante los gobiernos liberales”, archivo del liberalismo 1987, página 592).

En esa ocasión, emite el Mensaje al Congreso consagrando un capítulo especial a la figura del sistema de gobierno republicano. Luego de hacer un extenso análisis del sistema liberal, expresó lo siguiente: “Este desequilibrio entre autoridad y libertad es lo que nos ha faltado para realizar plenamente el gobierno republicano; en nuestro país cuando se acusa al gobierno de despotismo es cuando amenaza desatarse el desorden. Hemos adoptado la forma de gobierno republicano, pero no hemos sabido durante mucho tiempo animarla con una voluntad adiestrada, experta, alimentada con sanas costumbres éticas. Limpia del error y el fanatismo. La intolerancia y el rencor han usurpado el puesto de la razón y la experiencia. El régimen republicano infunde en el pueblo la confianza en sí mismo. Y esta fácilmente degenera en el menosprecio de las actitudes, en la creencia de que cualquier rabadán es apto para todo, de aquí surge el individualismo de los sóviets aislados en la desorganización y entonces el organismo positivo sedimenta en la dictadura o se disuelven en la anarquía, bajo de la indiferencia a la denigración de todos, o de la sedición al quietismo de una semiesclavitud”.

Nunca se había dado un golpe tan contundente a la filosofía liberal vigente en ese momento, nada más y nada menos del exponente máximo del decadente sistema liberal como el señor Eligio Ayala. La teoría crítica de Natalicio González cobró desde entonces una vigencia superior. El liberalismo, como dijo Blas Garay, era un sistema para países ricos; y lo reafirmó Fulgencio R. Moreno cuando lo declaró al liberalismo como una pieza de museo.

Pero las cosas no terminarían ahí. Bajo la presidencia del doctor Gustavo González, en el año 1965, se organiza una convención liberal que consagra como válido el sistema republicano como el más apto para gobernar el Paraguay; esa disposición aún está vigente.

Le transcribo la disposición de la convención citada:

5- “LA REPÚBLICA

“El liberalismo sostiene la forma republicana de gobierno. Contra ella atenta la reelección indefinida para los cargos ejecutivos y la prolongación de los periodos de gobierno”.

La misma Convención Liberal de 1965 dispuso lo siguiente:

11- “NACIONALISMO Y LIBERALISMO

“El liberalismo paraguayo es genuinamente nacionalista. Considera que el hombre alcanza su plenitud dentro de la nación mediante el cultivo de la tradición y de los valores del patriotismo, sin desconocer la universalidad de la cultura. Su nacionalismo tiene base telúrica y arraiga en la profunda admiración de la historia y del hombre paraguayo, sin cuyo respeto y evaluación no concibe el verdadero sentimiento nacionalista”. (“Proyecto de Ideario Programa”. Partido Liberal, Policarpo Artaza, 1975, páginas 18, 21).

Estos enunciados transcritos de la Convención Liberal son pensamientos colorados, lo que nos revela que la filosofía liberal no es, ni será nunca, apta como sistema de gobierno de la República del Paraguay; por esa razón, la filosofía liberal a través de sus hombres tuvo que adoptar principios elementales del coloradismo para adecuarse al pueblo paraguayo, y que él lo acepte.

Me permito referirme a la personalidad del señor J. Natalicio González revelada por sus escritos.

En el Proceso y formación de la cultura paraguaya, expone la teoría no objetada del proceso y condiciones de cómo se produjo el mestizaje entre la mujer guaraní y el conquistador español. Un libro de más de 400 páginas que debiera servir de estudio en los colegios en el Paraguay; en este momento de crisis de identidad nacional es necesaria una intensa lectura para revalorizar la nación paraguaya y tener una clara lectura del rol de nuestro país, que es mediterráneo y se encuentra a merced del acoso de los países vecinos. Otra obra que debiera ser releída por los motivos arriba expresados es la Geografía del Paraguay, obra de más de 800 páginas, que en cualquiera de sus capítulos constituye la realidad auténtica del Paraguay del hoy y del futuro.

Quisiera señalar, por último, otra de sus obras escritas y publicadas en el exilio en México, El estado servidor del hombre libre, obra cumbre que sintetiza, como las demás, los reflejos de la cultura paraguaya. Y todo esto es indispensable expresar en estos momentos de electoralismos en los que, precisamente, va a ser necesario repensar el Paraguay del futuro, lo que implica una relectura de todos los grandes hombres de la intelectualidad paraguaya, que han ubicado primero la patria y después el partido.

Finalmente, afirmo que una frase fuera de contexto, y con la intención que intenta ubicar la académica que se le adjudica al señor J. Natalicio González, jamás pudo haber sido pronunciada por un hombre que vivía en la más alta intelectualidad de la cultura latinoamericana y universal. Y, como decía el señor Epifanio Méndez Fleitas, “el coloradismo no será destruido”.

En espera de su respuesta, muy cordialmente.