Primera revista cultural del Paraguay - siglo XIX

Con la edición facsimilar de La Aurora se recupera un importante documento histórico. Han aparecido ya el Eco del Paraguay y el Catecismo de San Alberto, obras publicadas en la Imprenta Nacional de Asunción en la segunda mitad del siglo XIX, y de las que no quedaron en el país registro alguno. Afortunadamente, se conserva en la Biblioteca Nacional de Asunción una colección completa de los doce números de La Aurora, cuya reimpresión ha sido posible gracias al FONDEC.

El periodismo en el Paraguay nació en 1844 con la aparición de El Repertorio Nacional, órgano encargado de difundir documentos de carácter oficial. Luego surgió El Paraguayo Independiente, cuyo objetivo se centró en la defensa de la independencia nacional ante las pretensiones anexionistas de Buenos Aires. Una vez reconocida nuestra independencia por Buenos Aires, el periódico se llamó a silencio y dio paso en 1853 al Semanario de Avisos y Conocimientos Útiles, cuyo primer director fue Juan Andrés Gelly.

Por decreto del 1 de agosto de 1855, el gobierno de Carlos Antonio López decidió establecer la libertad de prensa, aunque con limitaciones tendientes a salvaguardar el respeto debido al orden público, la moral y el honor y fama de las personas. Sobre la base de esas estipulaciones se fundó el Eco del Paraguay en 1855, obra de Ildefonso Bermejo. Dos años después, fue clausurado por orden superior. Para entonces, se había reabierto El Semanario, luego de dos años de interrupción, quedando desde 1857, como el único periódico del Paraguay hasta que la Guerra contra la Triple Alianza lo acalló definitivamente en 1868.

Entre las obras periodísticas de Ildefonso Bermejo se encuentra precisamente La Aurora, cuyo primer número apareció el 1 de octubre de 1860. Si bien Bermejo la presenta como Enciclopedia mensual y popular de ciencias, artes y literatura, en sus páginas se evidencian valoraciones ético-morales, propias del Romanticismo imperante en aquella época.

Tal como se indica en el prospecto, este periódico surge con el fin de “Nivelar en lo posible las inteligencias, vulgarizando la instrucción en las masas”. Cuenta con doce cuadernillos de cuarenta hojas cada uno y un total de 480 páginas. Cada número va acompañado de una o más ilustraciones, lo que la convierte, no sólo en la primera revista cultural paraguaya, sino también en el primer periódico ilustrado impreso en el país. En adelante, no se podrá hablar de la historia del grabado en el Paraguay sin mencionar La Aurora con sus imágenes de bustos, cuadros sobre motivos históricos y xilograbados que ilustran cada uno de sus cuadernillos.

La difusión de La Aurora se extendió a los pueblos del interior y llegó a traspasar las fronteras, gracias a un buen sistema de distribución con suscripciones anuales que podían hacerse “en campaña, en casa de los agentes o corresponsales de la empresa”, y en la capital, en el local de la Imprenta Nacional, que para entonces funcionaba en la esquina del Atajo y la calle del Sol (Alberdi y Presidente Franco, en diagonal con el Teatro Municipal) y en la redacción de la revista, instalada en el domicilio particular de Ildefonso A. Bermejo, actual calle Mariscal López casi Independencia Nacional, hoy propiedad del Arzobispado de Asunción.

En cuanto al número de suscriptores, El Semanario del sábado 13 de octubre de 1860 señala bajo el título “Nuevo Periódico” lo grato que le resulta anunciar el aumento considerable del número de los abonados y que a excepción de cuatro individuos “todos se han suscripto por un año”.

Sus redactores fueron en su mayoría jóvenes estudiantes del Aula de Filosofía, discípulos de Ildefonso Bermejo; algunos de ellos sobresalientes, como Mateo Collar, Natalicio Talavera, Andrés Maciel y Mauricio Benítez. También colaboraron Gumercindo Benítez, Juan Bautista González, Enrique López (español), José del Rosario Medina, Abigail Lozano, Américo Varela, Domingo Parodi (italiano), Marcelina Almeida y Mariano del Rosario Aguiar. Se nota en los redactores un alto nivel de escritura, teniendo en cuenta su condición de alumnos, en su gran mayoría. Dichos jóvenes poseían además un léxico desahogado, avalado por la lectura de autores clásicos y contemporáneos, europeos y americanos, lo cual se desprende de las cuantiosas citas y lemas. Contaban asimismo con suficientes conocimientos del francés, latín y portugués, y uno de ellos, como Mauricio Benítez, colaboró en la traducción del francés de varios trabajos aparecidos en la revista.

En una “Advertencia” contenida en el Prospecto, los redactores ofrecen las columnas de La Aurora a todos los que “quieran auxiliar a sus redactores con alguna flor de su ingenio”. Es probable que muchos de los artículos firmados con abreviaturas o iniciales respondan a esa invitación y que por modestia o timidez no aparecieron con sus nombres completos.

Queda como tarea pendiente conocer mejor a Marcelina Almeida, la primera escritora que estampó su firma en un periódico nacional. Al parecer fue de nacionalidad uruguaya, aunque Ildefonso Bermejo la presenta a los lectores como una “escritora residente hoy en Montevideo”; desde allí escribió a Bermejo ofreciendo sus colaboraciones literarias.

Aunque en los artículos de La Aurora se evidencian valoraciones ético-morales con cierta “pose mesiánica”, se nota en ellos el interés de hacer resaltar, por ejemplo, el papel de la mujer en la sociedad de su tiempo, lo cual habla a favor de una formación inconformista de aquellos jóvenes, cuyas ideas e inquietudes llevaron a más de uno de ellos a morir fusilados en los tristes episodios de San Fernando, durante la Guerra contra la Triple Alianza, en 1868.

Francisco Pérez Maricevich analiza el significado de La Aurora dentro del proceso histórico de la literatura paraguaya y destaca en ella tres aspectos fundamentales: “Contiene las primeras manifestaciones éditas de la narrativa nacional (los cuadros de costumbre de Bermejo y el relato ‘Influencia de la sobriedad en la duración de la vida’, de Talavera. Cuenta con el primer poema netamente romántico de la poesía paraguaya, como ejemplo, ‘La pecadora’, de Marcelina Almeida, además de documentar la aparición de la primera mujer escritora en un periódico paraguayo. Contiene la primera polémica generacional de la literatura paraguaya, con lo que permite elaborar una periodología de nuestras letras”.

Como queda expresado, La Aurora tuvo muy corta duración; se sospecha que llegó al primer aniversario, antes que nada, para cumplir el compromiso contraído con sus suscriptores, lo cual no empaña el mérito de haber sido la primera revista cultural del Paraguay.

En cuanto a su fundador y “redactor en jefe”, debemos recordar que Francisco Solano López lo contrató en Europa, llegando al Paraguay con su esposa Purificación Jiménez, en marzo de 1855. Don Carlos le encomendó a Bermejo varios proyectos, entre otros: la fundación y dirección de la Escuela Normal, convertida luego en Aula de Filosofía; la apertura del Eco del Paraguay; la creación del Teatro Nacional, hoy Teatro Municipal y la fundación de La Aurora. Regresó a España en 1863 donde siguió publicando piezas literarias y libros históricos, murió en Madrid, el 18 de diciembre de 1892.

No se guarda buen recuerdo de Bermejo en el Paraguay debido a que años después de su regreso a España publicó Episodios de la vida privada, política y social de la República del Paraguay, libro en el que se mofa del país, sus costumbres y gobernantes. Sin embargo, los años que permaneció en el país (1855-1863) los dedicó por entero a la instrucción pública, al periodismo, al teatro y a la promoción de diversas actividades culturales, todo lo cual compensa ampliamente lo negativo de su actuación y arroja, al decir de Rafael Eladio Velásquez, “un saldo a su favor”.

Margarita Durán Estragó

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