Una vida de grabadora

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Desde hace cuarenta y cuatro años doña Miguela Vera viene registrando, en xilografías sabias y pacientemente trabajadas, un mundo que se está perdiendo, pero que, gracias a su obra, quedará para siempre en la memoria de los paraguayos. No es poco: el arte al servicio de lo que hemos convenido en llamar, aunque quizá no sea el nombre que le corresponda, memoria colectiva. Así se construyen las que hoy denominamos de manera asaz caprichosa identidades y que antaño eran conocidas, siguiendo a Herder y a los románticos alemanes, como “volksgeits”, el espíritu del pueblo.