Viminacium, la ciudad escondida

Bustos de dieciocho emperadores romanos y una imponente maqueta de la antigua ciudad de Viminacium, además de reproducciones de utensilios domésticos, integran la muestra arqueológica itinerante «Viminacium: Itinerarium Romanum Serbiae», que estará abierta, con acceso libre y gratuito, hasta el 15 de enero en el Centro Cultural El Cabildo (avenida de la República, entre Chile y Alberdi).

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Aprovechando la exquisita exposición de material visual sobre este enclave romano, que estará abierta al público hasta los primeros días de enero, nos permitimos esta reflexión para acercarnos a un valioso legado de la Antigüedad, que es el sitio arqueológico de Viminacium, sito en actual territorio serbio.

En Serbia nacieron varios emperadores romanos. El más importante fue Constantino el Grande. Flavio Valerio Aurelio Constantino (272-337 d. C.) gobernó el Imperio desde su proclamación por sus tropas el 25 de julio del año 306 hasta su muerte. Para la Iglesia ortodoxa, y para la Iglesia Católica bizantina griega, es san Constantino. Refundó la ciudad de Bizancio (actualmente, Estambul, en Turquía) con el nombre de Nueva Roma o Constantinopla (Constantini-polis; la ciudad de Constantino). Legalizó la religión cristiana con el Edicto de Milán en el año 313, y convocó, en el año 325, el Primer Concilio de Nicea, que otorgó legitimidad al cristianismo en el Imperio romano. Esto se considera esencial para la expansión de esta religión, y los historiadores, desde Lactancio y Eusebio de Cesarea hasta hoy, lo presentan como el primer emperador cristiano, aunque fue bautizado ya en su lecho de muerte. Ocupa un lugar especial en la iconografía cristiana aunque –a diferencia de su madre, Santa Helena, que ascendió a los altares– no fue canonizado.

Integran la muestra «Viminacium: Itinerarium Romanum Serbiae» dieciocho piezas escultóricas de emperadores romanos, joyas, objetos utilitarios de uso cotidiano y una gran maqueta de la antigua ciudad romana y el campamento legionario. Luego de recorrer ciudades europeas, norteamericanas y de nuestra región, llega a Asunción gracias a un convenio entre la Universidad de Belgrado y la Universidad Católica Nuestra Señora de la Asunción, realizado mediante la valiosa gestión del profesor José Zanardini, del Centro de Estudios Antropológicos de la Universidad Católica (Ceaduc).

Viminacium, hoy Kostolac, pequeña ciudad serbia en la frontera del Danubio, al Este del imperio romano, tenía en ese entonces importancia estratégica, como lo muestra el hecho de que muchos emperadores de la época la visitaran. Entre los que pasaron por Viminacium es preciso mencionar a Adriano, que se hizo construir allí una residencia y salió de cacería en dos oportunidades por la región. Séptimo Severo estuvo dos veces en Viminacium, y entre los emperadores de la era final se sabe que Constantino I, Juliano y Graciano fueron los tres últimos que visitaron la zona.

En el siglo IV, la relevancia de Viminacium fue ratificada por el permiso otorgado para acuñar monedas en ella. A partir del siglo V comenzaría su lenta destrucción por los ataques de las hordas de hunos. Sufriría también invasiones de los godos. Mucho después, ya a finales del siglo XIX, el sitio arqueológico de Viminacium comenzó a ser estudiado.

La maqueta en exhibición en El Cabildo refleja la alta calidad de vida de esa ciudad en su momento de mayor importancia en la Antigüedad, la relevancia de las fuerzas militares acampadas ahí y cómo, en un avance de lo que sería la Edad Media, las defensas siempre se encontraban rodeadas de agua.

Acompaña la exposición un didáctico mapa del imperio romano desde su frontera occidental, en las islas británicas y en la parte nororiental, con el Rin, y en el sur y la parte oriental con el Danubio, que desemboca en el Mediterráneo, el Marenostrum Romano, que les permitió conquistar también Turquía, Asia Menor, el Medio Oriente, Egipto y el resto del África costera al Mediterráneo.

Tuvimos el honor de compartir la tertulia de inauguración de la muestra, realizada con la curaduría del profesor Miomir Korac, con los arqueólogos de la Universidad de Belgrado que nos visitaron. El doctor Korac desplegó erudición y solvencia en las explicaciones sobre su trabajo, suyo y de su equipo, conformado por alumnos doctorandos. Un detalle bienvenido fueron los platos de la era romana, con recetas del cocinero romano Apicius, del libro Cocina Romana, que, aparte de incluir una curiosamente moderna y saludable mezcla de hortalizas y vegetales, pescado y cereales, nos dio una idea del tipo de medidas que se usaban en la preparación de dichos platos, tales como la libra, la cuadrana o la urna.

El Imperio Romano no deja de sorprendernos con descubrimientos en los lugares menos pensados por lo alejados que parecen de Roma y por ser ejemplos de una presencia cultural vital.

Igualmente, dada la importancia de las tropas acantonadas en Serbia, se debe también colegir que las vías de comunicación tenían que ser excelentes para poder llegar tan lejos y mantenerse allí en situación de combate. El hecho de que Viminacium recibiera frecuentes visitas del emperador en funciones revela que no se trataba de una primitiva marca militar, sino más bien de un puesto colonial desarrollado, activo y relevante. Por otro lado, que varios emperadores hayan nacido en esta región implica que estaba considerada a la altura de la misma Roma.

Muestras como esta revelan que la sufrida Europa del Este no fue relegada en la era romana como lo sería más adelante, presa de frecuentes excursiones conquistadoras con un alto costo en vidas. Hoy pacificada la región, recuperan su importancia los afanes académicos y puede volver a relucir con un brillo que estuvo apagado durante mucho tiempo.

beagbosio@gmail.com

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