¿Por qué nuestro país no consigue despegar con tanta riqueza natural, clima benigno y abundante energía limpia y segura? Por nuestros líderes que jamás dieron importancia al bien común. Nuestra nación está signada por el canibalismo político, el egoísmo empresarial y la ignorancia colectiva. Más de una vez repetimos lo dicho por el Creador mediante el profeta Oseas: “Mi pueblo perece por falta de conocimiento”, que está evidenciado por una educación básica paupérrima, una secundaria escuálida y una terciaria irrisoria. Estamos bien en el fútbol, en la producción primaria del campo, en la primera ola, como dicen los administradores modernos. No conseguimos sin embargo pasar a la industrialización básica. La última gran revolución industrial se vivió en los tiempos de Carlos Antonio López. Desde esa época lo único nuevo se vivió con la construcción de las hidroeléctricas: Itaipú y Yacyretá.
Por más que ambas binacionales fueron duramente criticadas, desde su nacimiento, ellas emergían al final del túnel como una esperanza de industrialización, generación de empleos y de desarrollo integral. Sumadas las riquezas naturales, nuestros suelos ubérrimos y esta energía, seríamos la Suiza de América. ¿Qué pasó? Y lo que ya todos conocemos; un dictador, con sus acólitos militares y civiles obsecuentes, dictó el “catecismo patrio”. Como método usó la masificación de la educación donde todos tenían que “leer y escribir” dictados escolares básicos.
Y así nos fue. El tirano cuidaba, no obstante, de tener a algunos intelectuales y técnicos muy calificados en su entorno. Fueron los padres de nuestra energía, quienes dejaron vástagos y discípulos fieles. El grupo empresarial conocido como los “barones de Itaipú” se encargó de proporcionarles títulos y medios para cederle el bastón de mando energético. Hoy los vemos diseminados en las tres grandes instituciones eléctricas del país, la trilogía estatista: Ande, Itaipú y Yacyretá. Esta trípode administrativo-financiera es la que mantiene el statu quo. Luego de cuatro décadas, cambiaron muchas cosas, pero no modificaron los resultados. El chip del entreguismo y la claudicación sigue intacto.
A tal punto llega el cansino devenir que ni siquiera tenemos infraestructura básica para nuestro consumo vegetativo, y probablemente lleguemos así al 2023. La última muestra de necedad y falta de patriotismo nos dio el “acuerdo” Cartes-Macri. Un regalo de inequidad e injusticia jamás visto en el país, ni en épocas de la guerra grande. Este mamotreto, que los incautos lo defienden de “oído”, los entendidos por intereses personales y los técnicos que lo idearon por contratitos de sobrevivencia, es el “requecho”, al decir de los militares, que mantiene vigente a la patria contratista. Sus soldados se agavillan en empresas proveedoras, constructoras civiles y financieras de poca vergüenza y muchas ínfulas.
La Ande tiene a sus proveedores de postes de karanda´y, de cemento, de transformadores y de trabajos tercerizados. Todos estos están ligados a la política en forma directa o mediante el lobby de los “empresarios” en el Congreso. Logran aliados diplomáticos, compran políticos, jueces y fiscales venales, hasta más allá de las fronteras. Mediante la binacionalidad de los gastos sociales atraviesan los filtros de “contrataciones públicas”. Con artimañas de emergencia, con adendas especiales, etc., logran sortear la burocracia del Estado y nos regalan trabajos y servicios de cuarta.
Existen algunos que intentan descalificarnos por razones más pueriles; nos atacan por ser ingeniero agrónomo, por no tener la “credencial” de ingeniero electricista; pero se olvidan de nuestra formación primaria, un curso especial de 2,5 años realizados en la alta escuela de Furnas-Itajubá; un curso de ocho horas diarias dictadas a 27 paraguayos, becados por Itaipú. Siete de nosotros nos especializamos en protección y medición eléctrica. Ignoran otro ingeniero agrónomo, Jorge Samek, manejó magistralmente los intereses brasileños en Itaipú, durante 12 años y durante tres gobiernos diferentes.
Estos lobos rapaces, disfrazados de consultores, gustan de galimatías en sus expresiones; es decir, artificios idiomáticos, lenguaje oscuro, impropiedad de las frases, confusión proposital, desorden y el lío coloquial. El objetivo final es confundir a la opinión pública, inclusive a los más avezados técnicos y políticos de buenas intenciones. Abusan de anglicismos y galicismos para vestir de gala sus embustes. Con el seudónimo de “consultor” han vendido sus recetas de 60 hertz a todos los gobiernos de turno.
Entre sus actividades más resaltantes figuran el entreguismo energético a la Argentina, en sus dos versiones: la conocida como “novación”, bajo el gobierno de Nicanor Duarte Frutos, y la famosa “Acta de Entendimiento” Cartes-Macri.
Termino esta entrega con las inmortales palabras del Evangelio de San Mateo: “Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros vestidos de ovejas, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis”.
* Técnico superior en electricidad, ingeniero agrónomo; con maestrías en Desarrollo y Planificación y Conducción Estratégica Nacional. Ex superintendente de Energía Renovables de la IB.
