Abren compuerta para más deudas, tributos e inflación

“Hagan los países pobres lo que los países ricos hicieron para hacerse ricos, no hagan lo que hacen ahora que ya son ricos”: Milton Friedman, Premio Nobel de Economía 1976. La frase se explica en atención a las políticas llevadas a cabo por los países que lograron su desarrollo mediante bajos impuestos, inflación controlada, seguridad jurídica, competencia, garantías a la propiedad privada, déficits casi inexistentes; esto es, un ambiente institucional basado en un sector estatal limitado mediante el imperio de la ley y la economía de mercado.

CAMBIOS EN LOS PRINCIPALES RATIOS DE LA ECONOMÍAS PARAGUAYA
CAMBIOS EN LOS PRINCIPALES RATIOS DE LA ECONOMÍAS PARAGUAYAArchivo, ABC Color

El Estado en un país pobre como es el nuestro ni tan siquiera realiza lo más elemental: transparencia, rendición de cuentas y eficiencia en el gasto público.

La reciente aprobación en el Senado del proyecto del Ejecutivo, que eleva de 1,5% a 3% el déficit en relación al Producto Interno Bruto (PIB) no es más que pretender hacer más cuando ni tan siquiera en lo más básico se puede cumplir. Todavía más, se está tratando de proceder como si el país ya estuviera en condiciones de, por ejemplo, elevar su déficit sin tomar en cuenta que Paraguay tiene un crecimiento del PIB sumamente volátil, por un lado, e insuficiente, por otro lado.

Los más de US$ 1.200 millones en el año fiscal tenderá inexorablemente a ser alimentado con más deudas. No debería de sorprender el uso y abuso del conocido bicicleteo para apenas ir pagando los intereses de la deuda, que terminará luego en una gigantesca bola de nieve, y que caerá desde muy alto y de la que nadie estará a salvo.

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Y esto no es una mera enunciación. Cuando los recursos tributarios como fuente genuina de ingresos no pagan los vencimientos del pasivo, se inicia la espiral de más medidas como aprobar nuevos préstamos, subir impuestos o iniciar el descontrol monetario mediante la inflación.

A la volatilidad e insuficiencia en el PIB mencionados más arriba, se suma el elevado gasto corriente con el que contamos a la fecha en una relación de 8 a 2 (8 gastos corrientes y 2 inversiones). El último superávit fiscal fue en el 2011 y al año siguiente el saldo se hizo color rojo (déficit) y continúa tan campante a la fecha.

Con respecto a la ley de responsabilidad fiscal sostuve incluso meses antes de su creación en el 2013, que esta normativa sería necesaria pero que también llegaría el momento en que se caería en la tentación de subir el déficit so pretexto de reactivar la economía.

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Pasaron los años y los hechos me dan la razón. La ley de responsabilidad fiscal se hizo para contener las apetencias de los políticos que pretenden gastar más de lo que se recauda; pero también dije en su momento que el problema no solo eran los políticos sino también los técnicos, todos ellos formados en la tesis de la demanda agregada keynesiana, situación que fue establecida en la propia normativa ahí donde dice que “en caso de emergencia nacional, crisis internacional o una caída de la actividad económica” se dispone que a solicitud del Poder Ejecutivo se podrá elevar el déficit hasta el 3% del PIB. Decía en aquel entonces que si es el 3% ¿por qué no el 3,5 o el 4%? En realidad nada está a salvo de que esto ocurra.

Ahora en 2019 se intenta aplicar aquel equivocado agregado en dicha legislación. Y es aquí donde estamos ante dos posturas diferentes. La primera dice que el gasto público es la receta para las recesiones y la otra que no necesariamente sucede la reactivación. Para los voceros del pensamiento económico el aumento del gasto público es la receta correcta en la situación en que nos encontramos en estos momentos. Se justifica esta posición porque se considera que como el sector privado ya no ahorra ni invierte y tampoco crea empleos, se vuelve necesario el apalancamiento estatal.

La realidad es bien diferente. En verdad el ahorro y la inversión solo pueden ser conseguidos desde el sector privado, cuando los individuos y las empresas cooperan entre sí para ampliar los siempre escasos recursos. El Estado no tiene un solo guaraní que antes no haya sido sustraído por la fuerza a la gente y lo hace mediante los impuestos, el endeudamiento y la misma inflación. Si el sector privado -por decir lo mínimo- está como atrapado en una maraña de insoportable burocracia que le impide hasta abrir un negocio de manera formal en menos de tres días y lo tiene que hacer en más de dos o más meses, sin citar el gasto despilfarrador, ineficiente y corrupto al que la ciudadanía soporta a diario y sin posibilidades de cambio, pues es mejor, según creen algunos, subir el déficit.

En la Cámara de Senadores se abrió la compuerta para contraer más deudas, impuestos e inflación al elevar el tope del déficit fiscal. Es de esperar que los diputados sepan convertirse en representantes del pueblo y rechacen el malsano y deleznable proyecto del Ejecutivo apoyado en la cámara alta.

(*) Decano de Currículum UniNorte. Autor de los libros “Gobierno, justicia y libre mercado“; “Cartas sobre el liberalismo”; “La acreditación universitaria en Paraguay, sus logros y defectos” y otros como el recientemente publicado “Ensayos sobre la Libertad y la República”.

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