El Mercosur frente a la política comercial de Bolsonaro

Con una ideología autoritaria, un discurso descalificador del pluralismo y una política comercial de corte ultraliberal, el gobierno de Bolsonaro desea imponer un “nuevo” modelo en el Mercosur o abandonarlo si no lo consigue, analiza el economista Fernando Masi, en el último número de la Revista Economía y Sociedad, del Centro de Análisis y Difusión de la Economía Paraguaya (Cadep).

El gobierno de Jair Bolsonaro desea imponer un “nuevo” modelo en el Mercosur o abandonarlo si no lo consigue.
El gobierno de Jair Bolsonaro desea imponer un “nuevo” modelo en el Mercosur o abandonarlo si no lo consigue.

Agrega que desde la asunción de Bolsonaro al Gobierno del Brasil se puso en duda la continuidad del Mercosur tal como lo conocemos. Ya su antecesor, Temer, había anunciado que la prioridad de su corta administración no estaría en el Mercosur sino en las relaciones con los países desarrollados, dando a entender que, incluso, el Brasil propiciaría dejar de lado la decisión de negociar en bloque con países y regiones del mundo, para hacerlo bilateralmente. Eran señales preocupantes para el bloque regional.

Las amenazas de abandonar el Mercosur se escucharon con mayor frecuencia en boca del propio Bolsonaro y de sus ministros de Relaciones Exteriores y de Economía cuando era inminente la elección del peronismo en la Argentina. Las expresiones ofensivas del Gobierno de Bolsonaro hacia el candidato del peronismo y la injerencia en la política interna Argentina no tienen precedentes, no solo en el Mercosur sino en la historia de las relaciones de los dos mayores países sudamericanos.

El Gobierno de Bolsonaro parecía no dar importancia al reciente Acuerdo Mercosur-Unión Europea, ni al daño que le ocasionaría la eventual salida de Brasil del Mercosur. A ello se sumaban las críticas europeas al Gobierno brasileño por las grandes quemazones del Amazonas y a las intenciones de la administración Bolsonaro de abandonar el Acuerdo de París.

PUBLICIDAD

De acuerdo con analistas de la política exterior brasileña, el Gobierno de Bolsonaro es intrínsecamente antiglobalista, lo que se refleja en la agenda actual de Itamaraty, preocupada por rechazar lo que definen como “marxismo cultural”, o lo que se entienda por esta expresión. En el contexto de esta definición parecería entenderse la lucha contra todos los esfuerzos globales por los derechos humanos en sus diversas expresiones, la defensa del medioambiente y otros problemas.

Esta agenda antiglobalista de la Cancillería brasileña, según estos analistas, entra en contradicción con la agenda económica del actual Gobierno brasileño que se caracteriza por ser extremadamente liberal y, por lo tanto, partidario de la apertura al comercio mundial en un grado que el Brasil no conocía en su historia reciente. Esta política comercial liberal es la que el Brasil quiere imponer hoy al Mercosur, en un momento de marcado proteccionismo de las economías desarrolladas. La propia alianza que el Gobierno de Bolsonaro quiere tejer con la administración Trump cae en otra contradicción entre libre comercio y proteccionismo. La actual política proteccionista norteamericana tiende a afectar, incluso, un porcentaje importante de las exportaciones brasileñas a los Estados Unidos.

¿Qué quiere el Brasil en el Mercosur?

PUBLICIDAD

El mensaje que el Brasil quiere enviar a sus socios del Mercosur sería que, si no aceptan una reducción unilateral importante del arancel externo común (AEC), dejaría de participar en el bloque regional.

Durante la recientemente presidencia pro tempore del Brasil, el Gobierno de Bolsonaro presentó una propuesta de reducción del 50% del AEC del Mercosur, de manera que las escalas vayan de un mínimo de 0% hasta un máximo de 12%. Hoy los niveles máximos del AEC del Mercosur llegan al 35%. El Gobierno brasileño argumenta que, con esta propuesta, el Mercosur abandonaría un “regionalismo cerrado” y comenzaría a incrementar su escasa participación en el comercio mundial (1%).

Los países pequeños como Paraguay y Uruguay, tradicionalmente mucho más abiertos que sus pares más grandes en el Mercosur, no tendrían problemas en aceptar la propuesta brasileña. La espera es con la decisión de Argentina, luego de la asunción reciente del nuevo Gobierno en ese país.

Con la firma del acuerdo Unión Europea (UE) -Mercosur se producirá una reducción arancelaria importante para productos importados por el Mercosur de la UE en el transcurso de 15 años, productos mayormente industriales. Una reducción unilateral, como propone Brasil, significaría que el desmantelamiento arancelario con la UE se inicie con un AEC mucho más bajo, disminuyendo así el espacio que tienen los diferentes sectores industriales de nuestra región para iniciar procesos de mayor competitividad.

Significaría también que rubros industriales de otras economías desarrolladas y emergentes (Estados Unidos, Japón, China) ingresen con mayor facilidad al Mercosur, sin que medien acuerdos de libre comercio con esas economías y, por lo tanto, sin exigencias de reducciones arancelarias para la entrada de productos del Mercosur a esos mercados.

Una reducción unilateral y significativa del AEC tampoco daría tiempo para que los países del Mercosur realicen alianzas estratégicas entre industrias para evitar una fuerte pérdida de mercados dentro de la región, sabiendo que los principales rubros de intercambio entre países del Mercosur no son productos primarios, sino bienes procesados o manufacturados.

Por supuesto que la reducción arancelaria de cualquier país o región tiene sus ventajas, como son el abaratamiento de los costos de importación de materias primas, insumos y bienes de capital. Y, en ese sentido, los sectores industriales de los socios mayores del Mercosur serían los beneficiados. Sin embargo, una mayor apertura de las economías de Brasil y Argentina también significará la destrucción de sectores que no tienen la capacidad de competir con las mismas cadenas de producción de la UE o de otras economías desarrolladas. Implicará también, desde luego, la permanencia y crecimiento de sectores con ventajas comparativas en ambos países. Pero está demostrado que la teoría clásica del comercio internacional no siempre funciona a la perfección y que las decisiones de política comercial no son uniformes entre países o regiones del mundo.

Reducción arancelaria unilateral

Una propuesta de reducción arancelaria unilateral, como la que plantea el actual Gobierno del Brasil, debió ir acompañada de un estudio con los diversos escenarios de impacto en las propias industrias del Brasil y de la Argentina y de las posibles nuevas líneas de competitividad industrial en la región. Si la reducción arancelaria es para toda la región, el Mercosur debería contar con un plan que contemple la situación industrial de cada uno de los países, las posibilidades de complementación regional y otra serie de factores que hacen a decisiones dentro de la integración regional.

Si antes el Brasil marcaba la pauta de la integración regional con una política relativamente proteccionista, hoy lo quiere hacer con una política de apertura comercial mayor. En ambos casos, el foco de estas políticas ha estado más en el Brasil, sin que se haya logrado estructurar una política común regional y, por lo tanto, sin que se haya tomado una decisión sobre en qué estadio de la integración se pretende anclar el Mercosur.

Si a ello se agrega la dura posición ideológica del Gobierno de Bolsonaro, más afín a la época de la guerra fría que a las premisas democráticas y pragmáticas del siglo actual, las perspectivas no son de las mejores para el Mercosur.

PUBLICIDAD

Te puede interesar

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD