La herencia del Ejecutivo y el Congreso: deudas y mal gasto

A diferencia de lo que se sostiene con insistencia acerca de elevar el endeudamiento y seguir con el mal gasto, la realidad es que nuestro país contiene fuertes dosis de fragilidad en su economía. Pero no solo el Ejecutivo tiene esta mirada sino también el mismo el Congreso que avala la mala tendencia dominante sin siquiera mencionar la palabra “reforma”.

CRECIMIENTO MUNDIAL
CRECIMIENTO MUNDIALArchivo, ABC Color

Ni el Ejecutivo y tampoco el Congreso hablan de alguna reforma porque en el fondo todos o casi todos sus miembros están cortados por la misma tijera. Prefieren las viejas prácticas de la ortodoxia económica por la cual las vías de financiamiento para el Estado siempre estarán abiertas para cuando ellos así lo dispongan. Pueden crear o aumentar los impuestos, endeudarse o apelar a “pequeñas” emisiones de dinero vía Banco Central.

Paraguay luego de soportar la larga dictadura se encuentra en estos momentos ante una nueva herencia: más deudas y mal gasto. Nuestros políticos no han aprendido la lección. Que la gestión estatal aun cuando esté revestida del formalismo democrático es conducido por la mano bien visible de la corrupción porque no se animan a agarrar al toro por las astas, esto es, un sector estatal que prefiere seguir creciendo a costa del dinero del sector privado sin que le interese que ello implique menos ahorro e inversiones.

Se continúa a la fecha con la vieja ortodoxia económica que lleva a los políticos a creer que los recursos económicos son infinitos, que la producción y la productividad surgen como una varita mágica. Esta manera de ver y actuar no es gratuito dado que, y en particular el endeudamiento, está fuera del control popular, de la ciudadanía que sin percatarse hace caso omiso a tan distante forma de crédito. Todavía muchos ensalzan la democracia cuando que la misma también puede causar graves daños a la población si la misma sigue desconsiderando los valores del republicanismo liberal y de la economía de mercado como un área de conocimiento en el que la “acción humana” mediante la cooperación social es la verdadera y única forma de crear riqueza, empleos y oportunidades para todos.

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Desconociendo aquellos valores y principios políticos y económicos, los gobernantes desde 1989 a esta parte se volvieron populistas porque creen que todo es gratis, como si el esfuerzo, el talento, el ingenio, el trabajo fecundo nada importen para el desarrollo. Ha calado hondo entre los académicos, políticos y funcionarios en general, que mediante una gestión adecuada de la deuda se puede lograr el desarrollo económico. Pero de lo que no se percatan es que la deuda sin reformas, que la deuda con mal gasto, como en efecto sucede hoy en nuestro país, se ha venido a convertir en una bomba preparada para explotar en cuanto menos se piense.

La manera de pensar y actuar de la actual ortodoxia llevada a cabo por el Ejecutivo y el Congreso no solo es característica de Paraguay. Es preciso decir que el mayor deudor en el mundo es precisamente el Estado pero con un diferencia a notar. Que los países denominados ricos pueden soportar todavía esos gigantescos endeudamientos porque son economías pujantes con fuertes ahorros e inversiones, cuestión muy diferente en los países subdesarrollados.

El endeudamiento en todas partes del planeta representa un peligro, en menor y mayor grado. Es un tanto menor en los países desarrollados con instituciones fuertes y es mucho mayor en los países pobres con instituciones frágiles como lo es nuestro país. Lo que no se está viendo ni considerando es que el entorno internacional no es un compartimiento estanco, como si lo que pasa en Europa y Estados Unidos no afectan a Paraguay. ¿Qué pasará si la economía mundial no se recupera como de hecho se está analizando?

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La primera respuesta será el incremento de las tasas de interés o las depreciaciones cambiarias de los tipos de moneda que impactarán en los pasivos de los países. Por supuesto, la pregunta arriba mencionada es apenas una de las tantas que podríamos hacernos. Pero sí podemos estar seguros es que ante un escenario de ralentización de las economías, los gobiernos deberán orientar sus decisiones a paliar los efectos de esta situación.

Ello implica rectificar el actual derrotero por el cual transita el Paraguay acometiendo con firmeza e ideas renovadoras las reformas de fondo, dando por sentado que el mal gasto y el endeudamiento no pueden seguir sosteniéndose si es que en verdad se pretende un genuino crecimiento económico y no de fachada como el de volver al 4 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) cuando que debemos llegar por lo bajo al 6 y 7 por ciento anual.

La herencia populista post dictadura, la que hoy tenemos y está en marcha, es una carga pesada para la ciudadanía. Ellos, el Ejecutivo y el Congreso, deben saber que no hay país pobre sino mal administrado.

* Decano de Currículum UniNorte. Autor de los libros “Gobierno, justicia y libre mercado”, “Cartas sobre el liberalismo”, “La acreditación universitaria en Paraguay, sus defectos y virtudes” y otros, como el recientemente publicado “Ensayos sobre la Libertad y la República”.

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