Economía con covid-19: empezamos bien, pero podemos terminar mal

En tiempos de economía con coronavirus, el primer problema al que se enfrenta no solo Paraguay sino también el mundo está en cómo volver a dinamizar la caída de la oferta así como de la demanda, en una situación inédita en la historia porque ambos (oferta y demanda) prácticamente están cayendo al mismo tiempo; esto es, la producción y el consumo.

Economía con covid-19
Economía con covid-19

La pandemia del covid-19 está haciendo caer la economía global que ya se encontraba en franca ralentización. El repunte no ocurrirá. A partir de este escenario –del cual Paraguay se encuentra inmerso– los países deberán implementar medidas para amortiguar la caída del consumo y la producción.

El problema del error político

El segundo problema que, por cierto ya lo conocemos pero nunca aprendemos, está en el error político originado desde el estado. Y eso que vimos pasar varias crisis de todo tipo, desde hiperinflaciones hasta las del subprime y aun así persisten las burbujas artificiales creadas por las erróneas políticas expansivas de estímulo estatal.

El error político en la toma de decisiones económicas tiene el agravante que nunca es gratis. Y a diferencia de las equivocaciones en otros sectores, el error político es el único que traslada sus costos sobre todos los ciudadanos. Resulta ineludible la debida sustentación de las medidas a llevarse a cabo, en consideración no solo a sus efectos a corto plazo sino también a mediano y largo plazos.

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Medidas correctas

En nuestro país el Equipo Económico Nacional (EEN) liderado por el Poder Ejecutivo puso en marcha varias medidas correctas sin agredir las reglas de juego, institucionales, requeridas por los agentes económicos.

Se dieron a conocer, por ejemplo, la reducción de la tasa de política monetaria, el arancel a las importaciones, el IVA al 5 por ciento, la contratación por 530.000 millones de guaraníes para equipos e insumos, sumado a las 2.700 nuevas contrataciones de personal de blanco, el fraccionamiento en cuotas de los tributos como el impuesto a la renta personal (IRP) y el impuesto a la renta empresarial (IRE), el impuesto a la renta agropecuaria (Iragro) y el impuesto a la renta comercial, industrial y de servicios (Iracis), financiados sin intereses, así como el recorte de 300 mil millones de guaraníes a varias instituciones para reasignarlos al Presupuesto de Salud Pública. Así también la orientación de las líneas de crédito desde el Banco Nacional de Fomento (BNF) para capital de trabajo para micro, pequeñas y medianas empresas (MyPymes), entre otras.

Bien se podrían agregar acuerdos entre el Estado con los empleadores por el que manteniendo los puestos laborales se exoneren o se hagan efectivos pagos a la mitad de impuestos y cargas en toda la línea de producción y comercialización, en productos y servicios en general. Igualmente es de considerarse la figura de la moratoria y de las refinanciaciones, que mediante resoluciones y otras con el aval del Congreso permitan que la economía no se resienta al punto de afectar la producción y la caída del consumo.

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Al inicio se veían muy bien las disposiciones y es de elogiar al Poder Ejecutivo y a su equipo por su labor. No obstante, como siempre ocurre, aparece la aquella citada tendencia del error político en situaciones que exacerban aún más las crisis.

Error a no cometer

Una cosa son los programas de apoyo económico para contrarrestar los efectos de la pandemia y otra diferente es activar medidas que afectarán a largo plazo a la economía. Tendremos un descalce en los ingresos al fisco si lo que ahora se destina a salud retorna nuevamente a gastos superfluos. Por eso es que resultan alentadoras, por ejemplo, las correctas decisiones realizadas por el Congreso mediante resolución del senador Blas Llano por el cual se recortaron gastos en combustibles, pasajes y viáticos por un monto de más de 10.000 millones de guaraníes. Esta suma, como tantas otras partidas multimillonarias en los tres poderes del Estado, agregadas a los de los órganos descentralizados, debe formar parte del presupuesto de salud y no volver donde estaba, un despilfarro innecesario. Entonces, cuando sale de la galera el tan mentado endeudamiento de 1.500 millones de dólares, se está ante otro escenario que anuncia un festín de dinero, donde el malgasto se perpetuará. No olvidemos que el despilfarro en Paraguay está identificado en más de US$ 1.600 millones, según estudios recientes del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

La pandemia puede ser enfrentada con medidas correctas como las expuestas por el Ejecutivo al comienzo, debido a que están enfocadas en mantener la estabilidad de la economía y prever el dinero para tener más medicamentos, contrataciones de personal e instrumentales, sin descuidar a los sectores más vulnerables, a los que se pueden ir agregando otras reprogramaciones presupuestarias. Endeudarnos por US$ 1.500 millones cuando ocurre que ya se disponen de US$ 1.600 millones dirigidos al mal gasto es un despropósito. Además, ya se están emitiendo bonos para pagar en parte los intereses de deudas anteriores. Lo que se viene a nivel mundial es una recesión. Y el endeudamiento en Paraguay en ese escenario de efectos colaterales será peor que la enfermedad.

A diferencia de los países desarrollados, que enfrentan la recesión con emisiones monetarias y deudas colosales debido a sus fuertes economías, aquí en cambio iremos al default, a elevar el déficit, a contraer más endeudamientos y a procesos inflacionarios. En un momento delicado para el país es preciso respetar y resguardar a la gente, lo que incluye la salud en su sentido sanitario como económico.

(*) Decano de currículum UniNorte. Autor de los libros “Gobierno, justicia y libre mercado“; “Cartas sobre el liberalismo”; “La acreditación universitaria en Paraguay, sus defectos y virtudes” y otros como el recientemente publicado “Ensayos sobre la Libertad y la República”.

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