Las seductoras recetas fracasadas de John M. Keynes

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En un momento difícil para las economías del mundo y en particular para aquellas de menor desarrollo como la nuestra por la pandemia covid-19, aparecen nuevamente las diversas medidas de intervencionismo estatal como salvadoras de la economía.
En un momento difícil para las economías del mundo y en particular para aquellas de menor desarrollo como la nuestra por la pandemia covid-19, aparecen nuevamente las diversas medidas de intervencionismo estatal como salvadoras de la economía.

En un momento difícil para las economías del mundo y en particular para aquellas de menor desarrollo como la nuestra, aparecen nuevamente las diversas medidas de intervencionismo estatal provenientes desde las ideas de John Maynard Keynes (1883-1946), considerado como uno de los economistas más influyentes del siglo XX.

Su libro más importante, según sus seguidores y detractores, en términos económicos “Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero”, publicado en el año 1936, es la muestra fiel de una tendencia que sigue seduciendo por igual a los gobiernos del mundo, a los democráticos y los no tanto. Lo siguiente es apenas una prueba de lo que el propio Keynes sostiene como su objetivo y que se halla en el prólogo de su citado libro en la edición alemana: “La teoría de la producción global que es la meta del presente libro puede aplicarse mucho más fácilmente a las condiciones de un Estado totalitario, que a la producción y distribución de un determinado volumen de bienes obtenido en condiciones de libre concurrencia, y de un grado apreciable de laissez faire”.

Reactivación en recesión

Desde luego que las recetas keynesianas no han sido fáciles de evitar. Y no lo han sido porque a diferencia de otras escuelas se dirige a los gobernantes y técnicos como los hacedores de la reactivación en momentos en que sobreviene una recesión mediante una activa participación del Estado.

Esta teoría nada novedosa supone que el Estado es un agente dinamizador de la economía cuando sobrevienen las crisis. Se cree así que la caja estatal es más importante que el mercado libre o el llamado “amplio orden de cooperación social” como lo definió en su momento Friedrich Hayek, Premio Nobel de Economía y filósofo de la libertad, quien junto a Ludwig Von Mises se constituyeron desde la Escuela Austriaca de economía en el bastión del pensamiento liberal en contra de diversas corrientes de opinión, entre las que se encuentra la keynesiana.

Lamentablemente el problema que tuvieron Mises y Hayek con sus respectivas obras y cito solo algunas como “Teoría del Crédito y del dinero” y “Precios y producción”, fue que estos trabajos fueron publicados en idioma alemán por lo que recién tiempo después fueron reconocidos en el mundo académico de Inglaterra y Estados Unidos. Esto no sería un tema menor. La tarea de Mises y Hayek fue llevada en absoluta orfandad porque casi todos los analistas, economistas y desde luego los políticos se aliaron a keynes.

Hasta hoy día continúa la puja en la que se coloca a Keynes como ejemplo de la fuerte intervención gubernamental en los mercados, mientras que Mises y Hayek son considerados como los defensores del capitalismo liberal.

Sin embargo, le correspondería a otro grande del pensamiento liberal, Milton Friedman, Nobel de Economía, el que tumbaría del todo al keynesianismo. Su obra “La historia monetaria de los Estados Unidos” (1867-1960) escrito con Anna Schwartz, es uno de los documentos más influyentes en el campo de la teoría monetaria. Se constituye, en el debate con los keynesianos, en de extrema importancia en atención a que la política monetaria demostró la falta de sustento empírico sobre lo que se dijo sobre la Gran Depresión entre los años 1929 y 1933.

En efecto, siempre se sostuvo como una verdad el mito de que las recetas del intervencionismo de Keynes salvaron al capitalismo en aquellos años de la Gran Depresión, cuando que sucedió lo contrario. La crisis se gestó como consecuencia del abandono del patrón oro que imponía disciplina y al que Keynes se refería peyorativamente como una “vetusta reliquia”.

Equívoco: Desempleo se elimina subiendo gastos del Estado

Además, también se equivocó Keynes en que el desempleo se elimina aumentando los gastos del Estado, aun cuando ello pueda originar déficit e inflación. Esto dio lugar a que el intervencionismo estatal ingrese por medio de legis- laciones a la actividad privada para supuestamente estimular la economía. Pero ocurrió que tal estímulo no se correspondía con el nivel de ahorro e inversión, sino que terminó por convertirse en una simple burbuja y bien artificial, una de las causas precisamente de los diversos ciclos económicos con los que el mundo actual se enfrenta cada tanto.

Seductoras ideas en la década de 1970

Fue en la década de 1970 en que las seductoras ideas del keynesianismo serían sepultadas por sus propias contradicciones. De la mano de la curva de Phillips y apoyado por Samuelson y Sollow –todos ellos keynesianos– se sostuvo acerca de la relación inversa entre el desempleo y la inversión.

A más desempleo menos inflación; por tanto, para disminuir el desempleo habría que tener más inflación. Tal supuesto y práctica causó una consecuencia no deseada e inesperada. Apareció la estanflación, una mezcla de recesión, desempleo e inflación. Desde entonces no quedó otra alternativa que la reducción de los gastos estatales y se vinieron las reformas del Estado para así alcanzar estabilidad y volver a crecer.

Por fortuna aquí en nuestro país las recientes declaraciones del viceministro de Hacienda, Oscar Llamosas, resultan esperanzadoras para evitar el avance del intervencionismo estatal en plena pandemia del coronavirus. Luego de las persistentes preguntas en varios medios, dijo: “No podemos ser irresponsables y endeudarnos más allá de la capacidad del Estado”. Felicito al señor Llamosas por sus declaraciones, en atención a que en nuestro país los fundamentos de la sociedad libre y la economía de mercado no son conocidos con suficiencia para su defensa moral, política y económica.

Para los intervencionistas capaces de hacer del Estado una deidad en la tierra, todo ello les tiene sin cuidado debido a que contar con más recursos a su plena disposición es del deleite de políticos y tecnócratas. “En el largo plazo, todos muertos”, decía el propio Keynes.

Dinamizar

Esta teoría nada novedosa supone que el Estado es un agente dinamizador de la economía cuando sobrevienen las crisis.

Depresión

Siempre se sostuvo como verdad el mito de que las recetas del intervencionismo de Keynes salvó al capitalismo en años de la Gran Depresión, cuando que sucedió lo contrario.

(*) Decano de Currículum UniNorte. Autor de los libros “Gobierno, justicia y libre mercado”; “Cartas sobre el liberalismo”; “La acreditación universitaria en Paraguay, sus defectos y virtudes” y otros como el recientemente publicado “Ensayos sobre la Libertad y la República”.