Educación en tiempos de covid-19 y la urgente necesidad de convertirla en prioridad de Estado

La educación es un derecho humano fundamental, esencial para ejercitar todos los demás derechos. Ello, partiendo de que la educación promueve la libertad, así como la autonomía personal y genera importantes beneficios para el desarrollo (Organización de las Naciones Unidas - ONU). En Paraguay, los años de escolarización obligatoria son de 13 años, al igual que en los países de Latinoamérica. Sin embargo, el promedio de años de estudio en el país es de 10 años cuando en la región se ubica en 11 años, por lo que las posibilidades de que un estudiante local acceda a la universidad son muy limitadas.

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En muchos países, principalmente de ingresos medios y bajos, el acceso a la educación ha sido una de las aristas más complicadas de resolver. La calidad, las condiciones físicas y el aspecto económico han sido algunas de las tantas barreras para el cumplimiento del derecho a una educación integral.

A modo de ejemplo, en Paraguay, los años de escolarización obligatoria son de 13 años, al igual que en los países de Latinoamérica como Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Perú, Uruguay y otros. Sin embargo, el promedio de años de estudio en el país es de 10 años, cuando en la región se ubica en 11 años. Por tanto, las posibilidades de que un estudiante paraguayo acceda a la universidad son limitadas. Pese a las estadísticas, en la última década se ha visto la expansión de la educación superior en Paraguay.

Ante el crecimiento de la demanda se han creado nuevos centros universitarios, institutos superiores y otras instituciones de formación profesional del tercer nivel. Actualmente existen 9 universidades públicas y 46 universidades privadas, además de 34 institutos superiores, 127 institutos técnicos superiores y 45 institutos de formación docente (Banco Mundial, 2018).

Antes de la pandemia, de las 55 universidades que funcionan en el país, solo 9 estaban habilitadas por el Consejo Nacional de Educación Superior (Cones) para brindar clases virtuales en carreras de grado y postgrado.

El bajo nivel de acreditación obligó a la Agencia Nacional de Evaluación y Acreditación de la Educación Superior (Aneaes) a establecer una serie de condiciones para certificar a las 55 universidades. Tras la readecuación, finalmente fueron habilitadas para la modalidad virtual. Esta situación sobreevidenció nuevamente las importantes deficiencias del sistema educativo paraguayo.

Deserción en pandemia

La falta de información y el acceso a datos no permite dimensionar la cantidad de deserciones en la educación superior durante la pandemia. Solo se cuenta con informes aislados como los de la Coordinadora de Estudiantes de la Universidad Nacional de Asunción (UNA) que, en su momento, refirió de una deserción del 45% durante la crisis del covid.

Además de las becas de la Itaipú Binacional que, como resultado de la pandemia, quedaron pendientes alrededor de 2.000 becas.

Acceso a la educación superior y género

De acuerdo con el Índice Global de Brecha de Género 2020 del Foro Económico Mundial, América Latina y el Caribe ha reducido el 72,1% de su brecha de género hasta la fecha, registrando un avance del 1% con respecto al año pasado. Al ritmo actual, esta región tardará 59 años en cerrar la brecha de género. Esto es una reducción en la disparidad entre hombres y mujeres en 153 países en materia de participación y oportunidad económica, así como de logro educativo, salud y supervivencia y empoderamiento político.

Pese a que varios países latinoamericanos y caribeños lograron la paridad en la atención de salud, y en el acceso a la educación, el denominador común, en toda la región, sigue siendo la desigualdad salarial, la participación política y económica del género femenino.

Las mujeres latinoamericanas han tenido un exponencial salto en el acceso a la educación superior. En el año 1970, solo el 37% de los estudiantes universitarios eran mujeres y actualmente los campos registran al 55%, conforme al índice. Sin embargo, el involucramiento de las féminas en las ciencias naturales, tecnología, ingenierías y matemáticas (cuya sigla en inglés es STEM) aún está por debajo del 50% en la región.

En palabras de Juan Cruz Perusia, responsable de América Latina y el Caribe en el Instituto de Estadísticas de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), se pone énfasis en las profesiones tecnológicas e ingenierías no solo por la importancia para el desarrollo de los países, sino por el alto nivel de las remuneraciones. “Tener más mujeres en esos campos aumenta su participación en la economía y genera crecimiento”, aseguró.

En el Índice Global de Brecha de Género 2020, Paraguay ocupa el puesto 100 a nivel mundial y 23 en la región en paridad de género. Lo que ubica al país después de Argentina (puesto 7) y Brasil (puesto 22), logrando escalar así 4 lugares con respecto al 2018.

Para el Banco Mundial, los ingresos por hora aumentan un 9% por cada año adicional de escolarización. De hecho, los retornos sociales a la escolarización siguen siendo altos, por encima del 10% en los niveles de educación secundaria y superior.

En Paraguay, las mujeres lideran los indicadores educativos. En el ciclo básico y de la media ya se observa que las féminas se destacan con mejores calificaciones de acuerdo con las últimas evaluaciones del Sistema Nacional de Evaluación del Proceso Educativo (SNEPE) 2018.

Este comportamiento es igual en la educación superior. De hecho, entre el 2013 y 2019, unas 178.000 mujeres se graduaron en comparación a los 93.000 hombres. Este dato demuestra que, por cada varón egresado, se gradúa casi el doble de mujeres. En todos los años se observa que el sexo femenino encabeza los egresos en universidades e institutos de educación superior.

Diferencia a favor de las mujeres

En cuanto a los títulos registrados por licenciaturas, maestrías, especializaciones y doctorados se observa nuevamente una diferencia a favor de las mujeres en todas las categorías frente a los hombres (ver info). De esta manera, los datos revelan el empeño de las mujeres en la búsqueda de mejores oportunidades y condiciones de vida a través del acceso a la educación superior.

En cuanto a los paraguayos que fueron al exterior para una especialización, maestría, doctorado y movilidad estudiantil, el programa de Becas, Carlos Antonio López (Becal), revela que el 66% de los estudiantes fueron mujeres.

En tanto que los países de destino académico son España, Chile, Colombia y Francia, resultado, principalmente, de los programas de especialización para docentes. El Reino Unido, Australia, Argentina y Estados Unidos también figuran como principales destinos. En estos últimos países, la oferta académica es amplia. Atiende desde el área educativa hasta masterados en robótica, economía, políticas públicas como así también arquitectura y otros.

Desde la primera convocatoria del programa en el 2015 hasta la última, retornaron al país aproximadamente 1.000 becarios, de los cuales el 82% se reinsertó en el mercado laboral. De este grupo, el 67% corresponde a mujeres.

El capital humano femenino ha venido aumentando en los últimos años y representa una fuerza importante en los datos de empleo por sectores. Al cuarto trimestre de 2019 del promedio de años de estudio, las mujeres se destacan porque estudiaron 0,5 años más que los varones.

Al desagregar por categorías ocupacionales, en el sector público, las mujeres tienen más de 1,2 años de estudio que sus pares masculinos y en el sector privado, la diferencia es de 2,2 años más. Mientras que, para los trabajadores independientes, las mujeres empleadoras estudian 2,3 años más que los varones y las trabajadoras por cuenta propia 0,5 años. Sin embargo, para las categorías de trabajador familiar no remunerado y empleado doméstico, las mujeres demuestran menores años de estudio a la hora de ocupar estas categorías.

No obstante, las categorías ocupacionales no condicen con las remuneraciones que perciben las mujeres. Hasta el año 2019, percibían 600.000 guaraníes menos de ingresos mensuales en comparación a los hombres. Dentro del sector público, la brecha rondó los 643.000 guaraníes mientras que, en el sector privado, la diferencia llegó a los 120.000 guaraníes. La mayor brecha se observó en los trabajadores independientes, con una diferencia de 900.000 guaraníes. Por último, las empleadas domésticas también tenían un rezago de aproximadamente unos 236.000 guaraníes.

Educación y mercado laboral en pandemia

Con la llegada de la pandemia, el espectro educativo y laboral se reconfiguró. Las necesidades se han transformado y las acciones tuvieron que repensarse.

Un reciente estudio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) refiere que la población juvenil padece las consecuencias de la pandemia en varios ámbitos. Entre ellos se destacan la interrupción de sus programas educativos o de formación; la pérdida de empleo; el descalabro de sus emprendimientos. Además, la caída de sus ingresos y la perspectiva de enfrentar mayores dificultades para encontrar una ocupación en el futuro.

La OIT estima que el promedio del desempleo juvenil en América Latina estaría en niveles superiores al 26%. Esto significa que más de la cuarta parte de los jóvenes que forman parte de la fuerza laboral estarían buscando activamente un trabajo, pero no lo pueden conseguir en una situación de profunda crisis como la actual.

Paraguay forma parte de la mencionada estadística. Para ello, solo se precisan repasar los datos de la Dirección General de Estadística, Encuestas y Censos.

En el país, la población joven representa el 27% del total país, si se consideran las edades comprendidas entre 15 a 29 años. Por tanto, este segmento ha sufrido las consecuencias de la crisis sanitaria, que trajo consigo la inactividad económica, la suspensión o cierre de empresas, por ende, despidos de miles de trabajadores y una caída de los ingresos.

De la población total paraguaya (7.159.305 personas), existen alrededor de 2.000.000 de personas dentro del grupo etario considerado joven. Siendo las mujeres el 51,2% (989.457) de ese total y el restante porcentaje está constituido por hombres (941.921).

Pero, ¿qué hace esta población? De acuerdo con datos de la DGEEC, de los 587.393 jóvenes entre 15 y 19 años, el 46,8% solo estudia y el 20,2% únicamente trabaja. Mientras que los jóvenes que no estudian ni trabajan representan 7,8% y estudia y trabaja, el 25,2% dentro del grupo de edad. En la franja etaria de 20 y 24 años y en donde se encuentran 646.139 jóvenes, el 9,4% solo estudia, el 55% solo trabaja y el 16,4% no estudia ni trabaja, pero 19,3% sí realiza ambas actividades.

En el segmento comprendido entre las personas de 25 a 29 años, los que solo estudian no revelan datos suficientes para considerarla como tal y el 71,2% solo trabaja. Mientras que el 14,7% no estudia ni trabaja y el 11,9% sí lo hace.

Con los datos expuestos se confirma que un alto porcentaje (48,3%) de los jóvenes se dedica únicamente a trabajar. Muchos de estos habrían cumplido una educación básica, restando al capital humano del país y en un porcentaje menor (19,9%) se dedica exclusivamente a actividades académicas.

Además, el 19% de esta población comprendida entre 15 a 29 años lleva adelante ambas actividades, la de trabajar y estudiar. Una situación que solo es posible para determinadas carreras con un nivel de exigencia media a baja. Los datos que también alarman son los que revelan la condición de 221.736 jóvenes que no realizan actividad alguna, es decir, no están en proceso de instrucción y menos insertados en el mercado laboral.

Educación sincronizada a la demanda laboral

Para el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), en América Latina existen universidades de clase mundial que preparan a los estudiantes para el mundo moderno del trabajo en áreas diversas. Sin embargo, son más las universidades de baja calidad que prometen a sus estudiantes un futuro inexistente. De acuerdo con el organismo internacional, muchas de estas universidades no están conectadas con el mundo laboral y ofrecen carreras que no son demandadas o enseñan habilidades que no están al nivel de lo que necesita el mercado. El resultado, son muchos estudiantes graduados con una deuda financiera considerable y pocas habilidades adicionales que les permitan tener un trabajo y pagar sus deudas.

En Paraguay, los títulos expedidos entre el 2012 y agosto de 2020 muestran una bajísima concentración en carreras que hoy están siendo demandas a nivel mundial. En efecto, las relacionadas a la construcción, la ingeniería civil y arquitectura representaron a apenas el 0,7% de los títulos y las demás ramas de la ingeniería (electrónica, electromecánica, electricidad e industrial) llegaron al 0,94%).

Finalmente, múltiples han sido los sectores atendidos desde el inicio de la pandemia. La educación del presente y el futuro lamentablemente no ha sido siquiera centro de debate. Pese a los esfuerzos de programas como BECAL, que viene empujando estrategias y acciones para ayornarse a los nuevos requerimientos educativos durante y la postpandemia, urgen planes de reforma en el sector que apunten al desarrollo y crecimiento económico del país. Paraguay cuenta con aproximadamente 2.000.000 de jóvenes que serán los actores del modelo económico del país en el corto y mediano plazo.

Por tanto, así como décadas a atrás, el capital humano definió el presente del país, el futuro está en la gran apuesta que los sectores público y privado hagan en favor de la educación.

En Paraguay, el 90% de los universitarios abandonan la carrera. De acuerdo con Investigación para el Desarrollo, inciden en la deserción el aspecto socioeconómico, porque muchos trabajan y estudian; y la disociación entre lo que se desarrolla en programas de educación superior y el mercado laboral.

En el Índice Global de Brecha de Género 2020, Paraguay ocupa el puesto 100 a nivel mundial y 23 en la región en paridad de género. Lo que ubica al país después de Argentina (puesto 7) y Brasil (puesto 22), logrando escalar así 4 lugares con respecto al 2018.

Para el Banco Mundial, los ingresos por hora se incrementan en un 9% por cada año adicional de escolarización. De hecho, los retornos sociales a la escolarización continúan siendo elevados, por encima del 10% en los niveles de educación secundaria y superior.

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