De acuerdo a una publicación del Viceministerio de Minas y Energía, “el aspecto más resaltante en cuanto a infraestructura en generación eléctrica del país es la abundante disponibilidad de energía hidroeléctrica. La capacidad de producción de energía eléctrica del país (próxima a 60.000 GWh/ año), es una de las mayores del mundo en cuanto a generación eléctrica por habitante (9.000 kWh por habitante), y es utilizada en menos del 17% por el mercado eléctrico nacional. La energía eléctrica es un importante elemento de exportación (de acuerdo a los términos de los tratados respectivos) a los países socios de las centrales hidroeléctricas binacionales de Iaipú (14.000 MW compartidos equitativamente por Paraguay y Brasil) y Yacyretá (3.200 MW compartidos también equitativamente por Paraguay y Argentina). La central hidroeléctrica de Acaray, situada al este del Paraguay, aprovecha el potencial hidráulico de un afluente del río Paraná con una capacidad de 210 MW. Clyfsa (Compañía de Luz y Fuerza S.A.) es una distribuidora que opera en la localidad de Villarrica; y la de la cooperativa menonita, en el Chaco. (Electricidad – Generación. 15/Marzo/2019 – Ministerio de Obras Públicas y Comunicaciones/ Vice Ministerio de Minas y Energía).
El recurso energético es esencial para el desarrollo de los países. La importancia que este recurso representa para el Paraguay, lo señala Silvia Morimoto, representante del PNUD en Paraguay, en la presentación del informe sobre “Desarrollo Humano Paraguay 2020-Energía y desarrollo humano”, resaltando que “la cuestión energética en el Paraguay ocupa un lugar central en cualquier proyecto de desarrollo”, destacando, además, que el Paraguay “tiene muchas ventajas naturales en materia de energía y que ha dado importantes avances de desarrollo en los últimos años”.
Indica, sin embargo, como un gran reto para nuestro país, el de “atender la falta de equidad”, considerando que, “pese a tener la segunda hidroeléctrica más grande del mundo, un tercio de la población depende de leña para cocinar”. (Diario La Nación-6/Dic/2020).
Complementan estas consideraciones, las autorizadas opiniones de Victorio Oxilia, eminente profesional, PhD en Energía y catedrático de la UNA, y Luis Felipe López-Calva, respetado director regional del PNUD para América Latina y el Caribe, que han coincidido en “destacar el papel central que ocupa hoy la energía en el desarrollo socioeconómico del país, pudiendo ser el pilar de recuperación tras la pandemia del covid-19”.
Según un reciente informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), el Paraguay tiene el peor servicio de electricidad de Sudamérica. “La población paraguaya padece el peor servicio de provisión de energía eléctrica de esta parte del continente, con un alto nivel de interrupciones y duración de las mismas”. (Marketdata – 1/Octubre/2020).
Los daños causados por las interrupciones frecuentes y prolongadas en el suministro de la energía eléctrica son cuantiosos, afectando a las industrias, los hogares, los servicios públicos, los servicios en los hospitales, el tráfico vehicular, etc.
Desde hace bastante tiempo el suministro de energía eléctrica a la población se encuentra en crisis. Ya en el año 2007, en un interesante artículo publicado en ABC (30/Setiembre/2007) bajo el título “La crisis de energía eléctrica se instala en el Paraguay”, el Ing. Dr. Carlos M. Cardozo F. advertía con meridiana claridad que “la crisis del suministro de energía ya no es más una amenaza, pasó a ser una realidad”. Esta advertencia lo realizaba “considerando la infraestructura del sistema eléctrico nacional, la falta de una planificación coherente, la escasa visión de los administradores del sector y el fin de periodo de bajas temperaturas”, alertando a la población y a las autoridades que el país debía “comenzar a enfrentar un largo periodo con servicio deficiente en el suministro eléctrico”, agregando, además, que “la forma más burda de enfrentar este problema es con corte de carga, y mientras continúan en sus funciones quienes llevaron al sector a este estado catastrófico, no se deben esperar alternativas más apropiadas para los consumidores”. Mencionaba Cardozo entre las causas del déficit en el suministro de energía, que visualizaba como principales, a “la alta dependencia de la energía proveniente de Itaipú; la falta de visión y planificación de los administradores de Itaipú, quienes atrasaron obras fundamentales, por ejemplo la ampliación de la subestación de la margen derecha; la cómoda posición de la ANDE ante la complacencia interesada brasileña y, tal vez la más importante, la desorganización total del sector energético, donde no existe ningún tipo de incentivo o punición a la calidad del suministro”.
En el Paraguay, el tratamiento del tema de la energía eléctrica tiene algunas peculiaridades que resultan insólitas por algunos hechos contradictorios o paradójicos que presenta. En efecto,
a. El país es gran productor y el mayor exportador de energía eléctrica, pero su población sufre las deficiencias de un pésimo y costoso servicio de suministro de este recurso que, además, siendo este un factor indispensable y primordial para el desarrollo de los pueblos, no llega a cubrir todo el territorio nacional, pudiendo verificarse en la geografía nacional varias poblaciones sin este primordial elemento.
b. En un considerable porcentaje, sus autoridades institucionales, siendo ciudadanos paraguayos, con sueldo pagado con el erario público o sea, con dinero del pueblo paraguayo, y con el deber y obligación de administrar los recursos energéticos del país y ofrecer un servicio honesto y eficiente a su población compatriota, contrariamente, presentan una inexplicable inclinación o predisposición para beneficiar intereses extranjeros en perjuicio de los nacionales paraguayos.
c. Antes que ser puestos a disposición de la justicia, los principales responsables de la deficiencia e inoperancia institucional, de los cobros descarados y exorbitantes por sobrefacturación que rayan en la estafa, de las diferentes licitaciones amañadas o de los negociados en las adquisiciones periódicas, gozan de una irritante impunidad. Mientras que, contrariamente, la población que utiliza y paga este servicio, costoso e ineficiente, es la que se encuentra sin ningún tipo de protección y auxilio, condenada a permanecer en esa agobiante como humillante e indignante situación, que en algunas publicaciones del exterior ya la denominan “el suplicio paraguayo”.
En breve síntesis, las autoridades del país por ignorancia, desidia o corrupción, tanto en su tratamiento como en su protección, continúan descuidando nuestros recursos indispensables e insustituibles para nuestro desarrollo. Y ni imaginarán los problemas que sobrevendrán en el país, en el campo estratégico y de la seguridad cuando intereses extranacionales decidan producir dos elementos de altísimo valor estratégico. Uno de ellos, el hidrógeno, cuya obtención se realiza a partir del proceso de electrólisis y que requiere de abundante agua y electricidad. Considerado el combustible del futuro, en estado líquido “es comparativamente el método más eficiente de almacenar energía, puesto que produce tres veces más calor por litro que el petróleo”. (J.B.S. Haldane: Daedalus o Science and the Futuro. Cit. La economía del hidrógeno. Jeremy Rifkin). El otro elemento estratégico es el uranio, que se encuentra en algunas regiones del país y cuyo enriquecimiento requiere de electricidad y del agua. Su aplicación extremadamente sensible comprende el campo estratégico, de la defensa, de lo económico, de la investigación, de la salud, del desarrollo, etc. Los países donde se producen este tipo de materiales, que pasan a constituirse en centros de gran importancia geopolítica y a su vez, en objetivos estratégicos prioritarios, presentan la singular característica de un notorio crecimiento de la pobreza en su población y de la corrupción en sus autoridades.
En nuestro país, son varias las delegaciones extranjeras que visitan Itaipú y Yacyretá, y no precisamente por interés turístico. Algunas han realizado propuestas de diversos tipos como su utilización por cincuenta o más años. La propuesta realizada por un político paraguayo para que nuestro país solicitara a Itaipú una colosal suma como adelanto de sus beneficios de varios lustros, para utilizarla en potenciar nuestro desarrollo, no pasa de ser una “propuesta indecente”, considerando el destino que tendría tan elevada suma en este descomunal ambiente de corrupción sistémica generalizada. En este mismo sentido, no son pocos los compatriotas que, preocupados por el destino del país, han percibido, con razón o sin ella, en el frenesí desatado en el Gobierno por los innumerables préstamos internacionales, una manera perversa de endeudar al país hasta dejarlo en bancarrota, a efectos de presentar luego, como única solución posible, la venta de nuestros beneficios en la administración de la hidroeléctrica. ¿Será que a ese perverso objetivo obedece el hecho de seguir permitiendo tantos robos descarados, sin solución de continuidad, manteniendo siempre en la necesidad a las instituciones destinatarias de dichos préstamos, de manera de mantenerlas como permanente justificativo para continuar ese delirio prestatario? No se cuestiona aquí el préstamo en sí que, indiscutiblemente, resulta necesario y requerido para atender las urgencias derivadas del crítico momento que se vive. Lo condenable es el robo permanente e impune, así como la falta de transparencia para explicar el destino de tales préstamos.
(*) Ex ministro de Defensa
Próxima entrega: El ambiente nacional interno frente a las negociaciones
