Crisis y seguro

Roberto es un importador como cientos en nuestro país. Importa productos de limpieza principalmente de China, Brasil y Argentina. Empezó muy joven continuando el esfuerzo y sacrificio de sus padres quienes iniciaron el negocio en un pequeño local de venta sobre Eusebio Ayala. Hoy la importadora ya cuenta con cinco locales de venta a mayoristas, un centro de distribución y su propia flota de camiones con la que distribuye a todo el país sus productos.

La cosa iba bien hasta que la pandemia le obligó a mantener en depósito toda su mercadería que había importado recientemente y no logró distribuir ni el 20% en los meses críticos afectando de sobremanera su venta. Como si fuera poco, un tiempo después empezó a sentir el efecto de la inflación, el contrabando y el incremento de la moneda norteamericana. Pero lo peor era que tanto el contrabando como competencia desleal y la competencia local le impidieron subir sus precios que de por sí ya estaban casi al costo de importación.

Se le presentó así a Roberto una “tormenta perfecta”, consecuencia: caída de las ventas, flujo de caja negativo y elevadísimos costos fijos. Era el momento para tomar decisiones. Obviamente los expertos le asesoraron a Roberto con lo primordial: ¡bajar los costos! No había tiempo para pensar en buscar otros mercados o bien diversificar en sus líneas de productos, etc.

Como primera medida, atacó sus costos fijos y luego los variables. En algún momento llegó al rubro “seguros”. Una difícil decisión. Podría bajar sus costos, pero al mismo tiempo arriesgar su patrimonio compuesto de edificios, mercaderías en tránsito, stock de productos a distribuir, entre otros, constituía un riesgo muy alto para tener que absorberlo. ¡Pero estaba en la tormenta perfecta! El principal elemento que ponía en duda en ese momento a Roberto era nada más y nada menos que la incertidumbre. El impacto de ahorrar en el seguro versus el valor de su patrimonio. Era elegir la certidumbre de la prima a pagar ante la incertidumbre del riesgo.

La decisión final de Roberto fue no solamente mantener el seguro, sino que incrementar sus coberturas. Encontró flancos sueltos en los riesgos de robo de valores, cuyas consecuencias podrían afectar sus cobranzas. Aseguró su flota de camiones ya que cualquier daño a estos podría significar costos elevados en su reparación y cubrió a sus choferes y operarios más expuestos con un seguro de accidentes personales. Importó todo lo que podía, a precio aún razonable y se estoqueó. Y es que ante la “tormenta”, refugiarse y esperar es una opción. Por supuesto tomó otras decisiones como cierre de algunas sucursales y seguir manteniendo sus precios hasta que la tormenta pase.

En esa “espera y refugio”, el seguro contuvo los gastos de reparación de su flota por siniestros de circulación. Mantuvo protegido el amplio stock de mercaderías en depósito, lo que le permitió que hoy –aún con la inflación y aumento del dólar estadounidense– salir a vender con todo superando así a su competencia que estaba sin stock y mejor aún mantuvo su precio, ya que no necesitó importar gracias al stock suficiente que tenía.

Así, hay cientos de ejemplos como el de Roberto, en el que la crisis se convirtió en una oportunidad y lo que para algunos el seguro fue un gasto, para otros se convirtió en un aliado estratégico para aguantar la tormenta. Y es que: Crisis y oportunidad, seguro e incertidumbre… van de la mano.

(*) Abogado

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