Para Asunción, mantener una buena relación con Brasil no es una cuestión ideológica, sino estratégica. El objetivo paraguayo es claro: mejorar la tarifa y las condiciones financieras que hoy establece el tratado.
En ese contexto, tomar partido en la disputa Lula–Milei–Trump parece, cuanto menos, imprudente. La reciente nota del diario El Observador de Uruguay aporta elementos clave para entender el tablero geopolítico regional.
Un gesto europeo con fuerte contenido político
La visita de la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, y del presidente del Consejo Europeo, António Costa, a Lula en Brasil, antes de viajar a Asunción, no es un simple detalle de agenda. Es un reconocimiento explícito al liderazgo brasileño en la negociación del acuerdo Unión Europea–Mercosur. El mensaje implícito es claro: Brasil fue el verdadero motor político del acuerdo.
Que la firma se realice en Paraguay no cambia el peso real de los actores.
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La ausencia de Lula en Asunción
La decisión de Lula de no asistir a la firma en Paraguay refleja una distancia política evidente:
-Malestar con el alineamiento de Paraguay y Argentina con EE.UU.
-Diferencias con los gobiernos de Peña y Milei.
-Evitar legitimar un eje político opuesto a su visión regional. Brasil no quiere aparecer como parte del bloque “Milei–Peña–Trump”.
Itaipú: el factor decisivo
Paraguay no puede darse el lujo de tensar su relación con Brasil cuando:
-Está renegociando el Anexo C.
-Busca mejores condiciones financieras.
-Necesita buena voluntad política brasileña.
Un alineamiento ideológico rígido va directamente contra el interés energético nacional.
Los riesgos de una alineación ideológica
Apostar sin matices por Milei y Trump implica asumir riesgos:
-Brasil es el socio más poderoso del Mercosur.
-Controla la llave de Itaipú.
-Es central para el comercio regional.
-Europa prioriza estabilidad, no confrontación.
-Trump es impredecible y Milei confrontacional.
Paraguay gana más con pragmatismo diplomático que con banderas ideológicas.
La firma en Asunción: más simbólica que geopolítica
Que el acto se realice en Paraguay:
-Refuerza la presidencia pro tempore.
-Da visibilidad al presidente Peña.
-Pero no altera el equilibrio real de poder. El centro de gravedad sigue siendo Brasil + Unión Europea.
La asimetría económica con Brasil
Hay un dato estructural que no puede ignorarse: Brasil es el principal inversor privado en Paraguay. La industrialización paraguaya actual depende en gran medida de capital brasileño, especialmente en sectores como:
-Maquila
-Autopartes
-Textil
-Plásticos
-Agroindustria
-Logística
-Energía
-Servicios industriales.
La maquila no está protegida por el Mercosur
La maquila no es una obligación del Tratado del Mercosur. Funciona porque:
-Brasil la tolera.
-Brasil la facilita.
-Brasil la considera útil.
Pero no es un derecho adquirido. Es buena voluntad política y económica.
Brasil puede reconfigurar el escenario
Sin violar el Mercosur, Brasil podría:
-Endurecer reglas de origen.
-Cambiar criterios aduaneros.
-Aplicar barreras técnicas.
-Revisar beneficios logísticos.
-Desincentivar inversiones.
No sería una sanción, sino una reorientación estratégica.
Paraguay no tiene margen para una diplomacia ideológica
Porque:
-Itaipú depende de Brasil.
-La maquila depende de Brasil.
-El comercio depende de Brasil.
-La inversión depende de Brasil.
-La logística depende de Brasil.
Paraguay no gana nada enfrentando a Lula para alinearse con Milei o Trump.
Europa ya eligió su interlocutor
La visita previa a Brasil:
-Reafirma el liderazgo de Lula.
-Reconoce su peso económico.
-Envía un mensaje a Paraguay y Argentina.
-Consolida a Brasil como socio clave. Europa apuesta por estabilidad, no por confrontación.
Conclusión
Paraguay debería:
-Evitar alineamientos ideológicos rígidos.
-Mantener pragmatismo diplomático.
-Proteger Itaipú.
-Cuidar la maquila.
-Preservar la inversión brasileña.
-Actuar como socio confiable.
Brasil no es solo un vecino. Es un socio estructural.
Y en diplomacia, como en energía, la ideología no paga la cuenta.
Paraguay, Milei, Lula y el costo de la confrontación
La ausencia de Luiz Inácio Lula da Silva en la firma del acuerdo Unión Europea-Mercosur en Asunción no puede explicarse únicamente por una foto publicada por Javier Milei junto a Nicolás Maduro. Ese episodio fue, a lo sumo, el detonante visible de una tensión más profunda: el choque entre dos estilos de liderazgo y dos visiones opuestas sobre la política exterior en América del Sur.
Mientras Brasil apuesta por una diplomacia pragmática, de equilibrios y construcción regional, el Gobierno argentino ha optado por una estrategia de confrontación ideológica, alineada con Estados Unidos y con una narrativa de ruptura frente al “estatus quo” latinoamericano.
Esa diferencia se refleja no solo en el tono, sino también en los gestos.
Brasil se hizo cargo de la Embajada argentina en Venezuela cuando quedó sin servicios básicos y con refugiados políticos en su interior. Auxilió a la Argentina con energía de emergencia para evitar un apagón el año pasado. Y en la última reunión en Río de Janeiro, Lula eligió un discurso cuidadosamente neutro, evitando provocar a socios con los que mantiene diferencias evidentes.
Sin embargo, desde Buenos Aires, la estrategia ha sido otra: exposición mediática, confrontación simbólica y mensajes dirigidos más a la audiencia ideológica que a la diplomacia regional.
La publicación de una imagen de Lula con Maduro –en un contexto ya sensible– no fue un error inocente. Fue un gesto político. Un mensaje. Milei busca diferenciarse, marcar perfil y consolidar su identidad como líder antisistema, incluso si eso implica tensar relaciones con el principal socio estratégico de la región.
El problema es que la política exterior no se rige solo por símbolos, sino por intereses concretos. Brasil no es un actor más en el Mercosur: es su columna vertebral económica, diplomática y energética. Y cuando se trata de acuerdos comerciales, energía, infraestructura o estabilidad regional, el estilo importa.
Europa lo entiende. Por eso Úrsula von der Leyen y António Costa eligieron visitar primero a Lula en Brasil antes de viajar a Asunción. No fue una cortesía protocolar: fue un reconocimiento político al liderazgo brasileño en el proceso.
La diplomacia de gestos confrontativos puede rendir frutos en el plano interno, pero tiene costos externos. En un contexto donde Sudamérica necesita previsibilidad, integración y pragmatismo, la lógica del choque permanente debilita la capacidad de negociación regional.
Paraguay, por su parte, observa con atención. En momentos en que renegocia el Anexo C de Itaipú y depende estructuralmente de su relación con Brasil, la región necesita menos ideología y más realismo.
La política exterior no se mide en “likes”, sino en resultados. Y en diplomacia, la estabilidad vale más que el espectáculo.
Liderazgo brasileño
Es un reconocimiento explícito al liderazgo brasileño en la negociación del acuerdo Unión Europea–Mercosur. El mensaje implícito es claro: Brasil fue el verdadero motor político del acuerdo.
La relación con Brasil
Paraguay no puede darse el lujo de tensar su relación con Brasil cuando: Está renegociando el Anexo C. Busca mejores condiciones financieras. Necesita buena voluntad política brasileña.
La gran ausencia
La ausencia de Luiz Inácio Lula da Silva en la firma del acuerdo Unión Europea–Mercosur en Asunción no puede explicarse únicamente por una foto publicada por Javier Milei junto a Nicolás Maduro.
Menos ideología
Paraguay, por su parte, observa con atención. En momentos en que renegocia el Anexo C de Itaipú y depende estructuralmente de su relación con Brasil, la región necesita menos ideología y más realismo.
(*) Obs.: MSc. Electrical Power Engineer - Consultor.
