Bajo este marco, los datos oficiales correspondientes a diciembre del año 2025 sobre la “Calificación de los créditos (porcentaje sobre la cartera total, excluida la cartera vencida)” ofrece una radiografía detallada de la exposición al riesgo en cada entidad bancaria. El análisis no incluye a Citibank, Banco de la Nación Argentina ni Banco Do Brasil, dado su escaso –e incluso nulo– peso dentro del sistema local.
En la categoría 1, que agrupa los créditos considerados plenamente recuperables, la mayoría de los bancos presenta niveles elevados. Itaú encabeza el ranking con 94,79% de su cartera en este tramo, lo que implica que casi 95 de cada 100 guaraníes prestados se encuentran en el nivel de menor riesgo. Atlas se ubica en 93,86% y Bancop en 93,73%, ambos con una estructura de cartera ampliamente concentrada en activos de alta calidad.

Continental registra 93,30%, Interfisa 92,93% y Basa 92,52%. En estos casos, más de nueve décimas partes de la cartera están clasificadas en el segmento más saludable. El Banco Nacional de Fomento, por su parte, muestra 91,19%, mientras que GNB alcanza 90,83%. Estas cifras reflejan que, aun con diferencias marginales, el grueso de la cartera del sistema se mantiene en el tramo de menor exposición al riesgo crediticio.
En un segundo bloque aparecen Familiar con 88,65%, Sudameris con 86,95% y Solar con 86,68%. Si bien en estas entidades la proporción de créditos en categoría 1 continúa siendo mayoritaria, ya se observa una reducción respecto a los niveles superiores al 90%.
Ueno presenta 85,73% y Zeta 84,26%, el porcentaje más bajo dentro de esta categoría. En este último caso, cerca de 16% de la cartera se distribuye en categorías de mayor riesgo.
El análisis adquiere mayor sensibilidad al observar la categoría 6, que reúne los créditos irrecuperables. Ueno encabeza este tramo con 6,84% de su cartera en la clasificación más deteriorada. Es el porcentaje más alto del sistema y marca una diferencia considerable frente a la mayoría de las entidades.

BNF aparece en segundo lugar con 2,77%, seguido por Basa con 1,42% e Interfisa con 1,21%. Bancop registra 1,18%, GNB 1,05% y Atlas 1,00%. En estos casos, la proporción de créditos irrecuperables se mantiene en niveles moderados, inferiores al 3%.
Sudameris presenta 0,79% en categoría 6, Itaú 0,67% y Continental 0,56%. En el extremo inferior se ubican Familiar con 0,18%, Zeta con 0,13% y Solar con apenas 0,05%, el nivel más bajo entre las entidades consideradas. Este último dato indica que prácticamente la totalidad de su cartera se encuentra en categorías de riesgo bajo o intermedio.
La comparación entre ambos extremos de la clasificación permite identificar perfiles diferenciados. Itaú combina 94,79% en categoría 1 con solo 0,67% en categoría 6, lo que evidencia una cartera fuertemente concentrada en activos de alta calidad y con mínima exposición al tramo irrecuperable. Atlas y Bancop también muestran una relación favorable entre elevada proporción en el segmento más sólido y niveles acotados en el más crítico.
En contraste, Ueno presenta una estructura más dispersa: 85,73% en categoría 1 y 6,84% en categoría 6. Esta diferencia sugiere una mayor concentración relativa de riesgo dentro de su cartera. BNF combina 91,19% en el tramo más saludable con 2,77% en el más deteriorado, cifra que supera ampliamente a la mayoría de los bancos privados.
En términos sistémicos, el cierre de 2025 muestra que la mayor parte de las entidades mantiene más del 90% de su cartera en Categoría 1, con excepción de algunos casos puntuales. Al mismo tiempo, salvo una entidad, la exposición en categoría 6 se mantiene por debajo del 3%, lo que limita el impacto potencial sobre provisiones, resultados y capital regulatorio.
El análisis de la calificación de la cartera crediticia al mes de diciembre de 2025 deja una conclusión clara: el sistema bancario paraguayo se sostiene sobre una base mayoritariamente sólida, aunque no homogénea. La elevada concentración de créditos en la Categoría 1 en la mayoría de las entidades confirma que el grueso de los préstamos mantiene adecuada solvencia, capacidad de pago y niveles de riesgo acotados. En términos estructurales, esto refleja un sistema que, en su conjunto, conserva disciplina crediticia y una exposición limitada a deterioros significativos.
En definitiva, el sistema bancario paraguayo cierra 2025 con fundamentos sólidos, pero el desafío hacia 2026 radica en sostener la calidad de cartera en un entorno potencialmente más exigente. La fortaleza agregada es evidente, aunque la evolución individual de cada entidad será determinante para preservar la estabilidad del conjunto.
Se mantiene en el tramo
Las cifras reflejan que, aun con diferencias marginales, el grueso de la cartera del sistema se mantiene en el tramo de la menor exposición al riesgo crediticio.
Sobre una base sólida
Análisis de cartera crediticia a diciembre 2025 dice que el sistema bancario paraguayo se sostiene sobre una base mayoritariamente sólida, aunque no homogénea.
Entorno más exigente
El desafío para este año radica en el sostenimiento de la calidad de la cartera en un entorno potencialmente más exigente.
Evolución individual
La fortaleza agregada es evidente, aunque la evolución individual de cada entidad será determinante para preservar la estabilidad.

