El reciente acuerdo de cooperación tecnológica entre ambos países marca un punto de inflexión en la política energética nacional. Lejos de representar la construcción inminente de una central nuclear, la iniciativa busca establecer un marco de capacitación, investigación y fortalecimiento institucional en un área de alta complejidad tecnológica.
Para comprender el alcance de este entendimiento, es fundamental analizar qué implica para un país ingresar al ámbito nuclear.
Nicolás Foissac, consultor especializado de FSC Energy en proyectos de energías renovables y eficiencia energética, profundiza en las etapas operativas, los requerimientos técnicos y las oportunidades estratégicas que se abren para Paraguay en el contexto regional e internacional.
Desde la perspectiva técnica, sostener un programa de esta naturaleza trasciende la mera adquisición de infraestructura tecnológica.
Proceso paulatino y construcción de capacidades
Se trata de un proceso paulatino que demanda la construcción de capacidades estatales y la formación de capital humano altamente especializado para supervisar cada fase de la cadena de valor energético.
“Desde el punto de vista energético, un programa nuclear no consiste simplemente en comprar un reactor. Requiere construir una capacidad institucional que debe funcionar durante décadas: regulación independiente, profesionales especializados, legislación, seguridad operacional, gestión del combustible y de los residuos, planificación de emergencias, supervisión ambiental y capacidad permanente para operar y fiscalizar instalaciones de alta complejidad”, explica Nicolás Foissac.
La adopción de tecnología nuclear exige el cumplimiento de protocolos internacionales estrictos y marcos regulatorios rigurosos.
Por este motivo, los organismos multilaterales sugieren abordar las etapas preliminares con prudencia, priorizando el aprendizaje técnico antes de asumir compromisos financieros de gran escala.
“Por eso tiene sentido comenzar hoy con cooperación, capacitación y estudios. Un país que evalúa incorporar energía nuclear necesita prepararse mucho antes de decidir una inversión. El proceso recomendado por el OIEA para países que incorporan su primera central está dividido en varias etapas y puede extenderse durante 10 a 15 años o más desde las primeras evaluaciones hasta la operación. En ese sentido, estudiar nuclear en 2026 pensando en el sistema eléctrico paraguayo de 2040 es razonable. Lo prematuro sería interpretar esa preparación como una decisión de construcción”, aclara el especialista.
Uno de los principales desafíos en el debate público radica en la percepción del riesgo operacional y la gestión de la seguridad, aspectos que continúan generando aprensión debido a precedentes históricos de fallas en instalaciones atómicas.
“La preocupación es comprensible. Chernóbil dejó una asociación muy fuerte entre la palabra nuclear y el riesgo de accidente, y una central efectivamente exige niveles extraordinarios de seguridad, regulación y preparación. Sin embargo, comparar directamente los diseños actuales con Chernóbil también puede llevar a conclusiones equivocadas. Los reactores modernos incorporan arquitecturas de seguridad muy diferentes y muchos diseños de SMR utilizan sistemas pasivos capaces de actuar sin depender exclusivamente de electricidad externa o intervención humana”, destaca Foissac.
Responsabilidades a largo plazo el Estado
A pesar de los avances tecnológicos en seguridad pasiva y eficiencia, persisten responsabilidades a largo plazo que el Estado debe estar preparado para administrar de manera solvente y sostenible.
“Eso no significa riesgo cero. Continúan existiendo cuestiones de seguridad, combustible usado, residuos, desmantelamiento y responsabilidad que el país tendría que poder gestionar durante décadas. El interés energético de la tecnología está en otra característica: puede producir grandes cantidades de electricidad de forma continua, con bajas emisiones y sin depender directamente de las condiciones meteorológicas o del caudal de los ríos”, puntualiza el consultor de FSC Energy.
La dependencia directa de las fuentes hídricas plantea un desafío clave para la seguridad del suministro eléctrico nacional, dada la elevada concentración de la matriz energética en pocas centrales hidroeléctricas sobre una misma cuenca fluvial.
“Esto último es particularmente relevante para Paraguay. Nuestro sistema es excepcionalmente limpio, pero también excepcionalmente concentrado: en 2025, 87,6% del consumo nacional fue abastecido por Itaipú, 10,5% por Yacyretá y 1,9% por Acaray. Prácticamente toda nuestra generación depende, directa o indirectamente, de recursos hídricos. A largo plazo, diversificar esa dependencia puede tener un valor estratégico. Nuclear es una de las alternativas posibles, pero no la única”, señala Foissac.
Asimismo, la percepción histórica sobre la abundancia inagotable de excedentes hidroeléctricos empieza a contrastar con los indicadores recientes de demanda industrial y residencial, lo que obliga a revisar las proyecciones a mediano y largo plazo.
“Aquí conviene actualizar una idea que sigue muy instalada: Paraguay todavía dispone de energía hidroeléctrica, pero el excedente ya no es tan enorme como suele pensarse. Itaipú produjo 72.879 GWh durante 2025. Por el Tratado, Paraguay tiene derecho al 50% de la energía producida; tomando la producción efectiva de ese año, eso representa unos 36.440 GWh. ANDE retiró 25.768 GWh. En otras palabras, Paraguay ya utilizó aproximadamente el 71% de la mitad de Itaipú que le correspondía en 2025”, argumenta el analista.
Dinámica de crecimiento y necesidad de nuevas fuentes de generación
La dinámica del crecimiento económico y el aumento exponencial del consumo obligan a analizar la viabilidad de incorporar nuevas fuentes de generación firme que complementen el esquema hidroeléctrico existente ante futuras fluctuaciones hidrológicas.
“Quedaron unos 10.672 GWh de esa mitad sin consumir, aproximadamente un 29%. Para ponerlo en perspectiva, ese margen equivale a alrededor del 36% de todo el consumo eléctrico paraguayo de 2025. Es todavía una cantidad importante, pero claramente ya no constituye una reserva energética para varias décadas si el consumo mantiene ritmos de crecimiento elevados. Y los números de 2026 muestran que el margen continúa reduciéndose”, advierte el consultor.
Contexto geopolítico
El contexto geopolítico y la búsqueda de minerales estratégicos posicionan a Paraguay en una coyuntura favorable para el intercambio técnico, siempre que se mantenga una planificación propia alineada con las necesidades reales del sistema nacional.
“También existe una dimensión geopolítica evidente. Estados Unidos busca desarrollar su industria nuclear y fortalecer cadenas de suministro de minerales estratégicos. Paraguay puede beneficiarse de esa cooperación siempre que sea utilizada para adquirir conocimiento y ampliar opciones, no para permitir que el proveedor termine definiendo qué necesita nuestro sistema eléctrico”, analiza Nicolás Foissac.
Hablar de una planta en Concepción es “poner la carreta delante de los bueyes”
Por otro lado, dentro de las discusiones en un momento se ha hablado de la eventual instalación de una planta de energía nuclear en Concepción, ¿Se puede hablar hoy de eso? Nicolás Foissac responde que “no”.
“Todavía no en el sentido de un proyecto definido. Concepción ha sido mencionada como una posible ubicación y se ha hablado públicamente de un escenario de reactores modulares. Sin embargo, seleccionar el sitio debería estar bastante más adelante dentro del proceso”, indica el especialista atendiendo a que todo el debate se realiza de manera incipiente, lo concreto es el acuerdo entre Paraguay y Estados Unidos. “Antes corresponde determinar cuánta nueva generación necesita Paraguay, para qué fecha, de qué características, cuánto puede pagar por ella y qué tecnología resulta más competitiva, después se define si la respuesta es nuclear”, subraya.
Por lo dicho, para el experto, hablar hoy de una “central nuclear de Concepción” corre el riesgo de poner la carreta antes de los bueyes. “Lo que existe es una tecnología bajo estudio y una localización mencionada como posibilidad, no una central decidida”.
Posibles beneficios de una central nuclear
¿Qué implicaría energéticamente una central nuclear y qué beneficio podría darle al país? Foissac responde que el principal beneficio sería “incorporar generación firme y diversificar un sistema que hoy depende casi completamente de la hidroelectricidad”.
Un reactor modular de 300 MW podría producir (energía) de manera prácticamente continua durante buena parte del año. Varios módulos representarían una porción significativa del actual sistema paraguayo y podrían complementar una matriz que en el futuro tenga mucho más solar y almacenamiento.
“La diversificación también tendría valor frente al riesgo hidrológico. Itaipú y Yacyretá son activos extraordinarios, pero ambas dependen de los caudales. Incorporar una fuente firme que no dependa del agua reduce esa concentración”, explica.
Más allá de las fuentes, el problema radica en el sistema
Sin embargo, advierte, la energía nuclear no resolvería problemas de transmisión, distribución, pérdidas o eficiencia. “Paraguay continuará necesitando enormes inversiones en esas áreas independientemente de cómo produzca su electricidad”.
Para Foissac, la pregunta que debería preceder cualquier decisión es entonces: ¿qué problema del sistema queremos resolver?
“Si hacia 2040 Paraguay necesita cientos de MW adicionales de generación firme, (la energía) nuclear puede convertirse en una alternativa muy interesante. Si esa necesidad puede cubrirse de forma más económica mediante otra combinación tecnológica, no existiría razón para construir una central solamente porque el país tenga acceso a esa tecnología”.
Hablemos de números y de inversiones privadas, estatales o asociación público privada (APP)
¿De qué inversión estamos hablando? ¿Privada, estatal o APP cuando hablamos de una eventual implementación de la generación de energía nuclear?
Un SMR (esto quiere decir reactores modulares pequeños) es pequeño en comparación con un reactor nuclear convencional, pero no es una infraestructura pequeña.
“Estamos hablando de inversiones que potencialmente se miden en miles de millones de dólares, dependiendo del diseño, número de módulos, condiciones financieras, infraestructura asociada y características del emplazamiento”, explica el consultor. En ese aspecto añade que “todavía no existe un proyecto paraguayo suficientemente desarrollado como para establecer un costo responsable”.
Tres pruebas básicas
“También sería prematuro definir si debería ser 100% privado, estatal o una APP. Incluso bajo propiedad privada, una central nuclear implica inevitablemente una participación estatal importante: regulación, seguridad, responsabilidad nuclear, gestión de residuos, desmantelamiento y, probablemente, contratos de compra de energía de muy largo plazo”. A criterio de Foissac, antes de discutir quién financiaría el reactor, el proyecto debería superar tres pruebas mucho más básicas: necesidad energética, competitividad económica y capacidad institucional.
“La oportunidad actual es diferente. Paraguay puede utilizar esta cooperación para desarrollar conocimiento, entender mejor sus recursos de uranio y comenzar a analizar nuclear dentro de la planificación de largo plazo”.
“La construcción de una central es una decisión posterior y mucho más exigente. Estudiar nuclear hoy es planificación. Decidir ya que Paraguay debe construir un reactor sería adelantarse varios pasos”, finaliza.
Sistemas de seguridad
La preocupación por Chernobil es comprensible, pero compararla con diseños actuales puede llevar a conclusiones equivocadas.
El agua como fuente
La dependencia directa de las fuentes hídricas plantea un desafío clave para la seguridad del suministro eléctrico nacional.
(*) Doctora en Defensa, Desarrollo y Seguridad Estratégica.
