Uno de los primeros desafíos aparece en la relación entre educación y empleo. Las estadísticas oficiales muestran que el 25,8% de los jóvenes ocupados estudia y trabaja al mismo tiempo, casi el doble del 13,1% registrado para el total de ocupados. Entre los jóvenes de 15 a 24 años esta proporción se eleva al 35,5%, mientras que entre los de 25 a 29 años cae al 13,4%. El dato tiene una doble lectura: evidencia que una parte importante logra mantener un vínculo con el sistema educativo mientras trabaja, pero también muestra las exigencias que enfrenta una generación que debe compatibilizar formación y actividad laboral en una etapa decisiva para acumular capital humano.
La forma en que los jóvenes ingresan al mercado constituye otro elemento central, ya que el 63,6% de los jóvenes ocupados trabaja como empleado u obrero privado, muy por encima del 43,2% observado entre el total de ocupados. El trabajo por cuenta propia, en cambio, representa apenas 16,6%, frente al 29,3% nacional. Entre los jóvenes de 15 a 24 años, el empleo privado llega incluso al 66,4%. El informe identifica así al empleo dependiente privado como la principal puerta de entrada de los jóvenes al mercado laboral.
Sin embargo, dónde se produce esa inserción resulta especialmente relevante para evaluar su calidad. Los datos revelan que 44,8% de los jóvenes ocupados trabaja en microempresas, porcentaje superior al 40,5% del conjunto de trabajadores. La concentración es todavía mayor entre quienes tienen entre 15 y 24 años: 48,7% se encuentra en microempresas y solo 9,4% trabaja en empresas grandes. Entre los 25 y 29 años el peso de las microempresas disminuye a 39,8%, mientras la participación en empresas grandes aumenta a 12,8%.
En línea con lo anterior, el desafío juvenil no pasa únicamente por obtener un puesto de trabajo. Una elevada proporción inicia su trayectoria laboral en unidades económicas pequeñas. Por tanto, las oportunidades para transitar posteriormente hacia empleos de mayor productividad, estabilidad y protección se convierten en un aspecto fundamental de la evolución laboral de esta población.
La concentración también aparece cuando se observa qué actividades absorben a los jóvenes. El 36,9% trabaja en comercio, restaurantes y hoteles, mientras otro 21,6% se encuentra en servicios comunales, sociales y personales.
En conjunto, ambas ramas reúnen a más de la mitad de los jóvenes ocupados. El comercio, restaurantes y hoteles tiene un peso particularmente elevado entre quienes tienen entre 15 y 24 años, con 38,9%, frente al 34,2% entre los de 25 a 29 años. En contraste, agricultura, ganadería, caza y pesca representa 8,9% del empleo juvenil, por debajo del 12,8% observado entre el total de ocupados.
Más preocupante resulta la composición por tipo de ocupación, dado que el 26,2% de los jóvenes trabaja en ocupaciones elementales o no calificadas y otro 24,7% se desempeña como trabajador de servicios o vendedor. Ambas categorías concentran 50,9% de la ocupación juvenil, frente al 42,6% entre el total de ocupados. En cambio, los profesionales científicos e intelectuales representan apenas 4,3% de los jóvenes ocupados, frente al 8,3% nacional, mientras los cargos directivos alcanzan solo 1,5%, contra 4,0% del total.
La situación vuelve a mostrar una fuerte diferencia por edad. Entre los jóvenes de 15 a 24 años, las ocupaciones elementales y las vinculadas a servicios y ventas concentran conjuntamente 55,1% del empleo, mientras que entre los 25 y 29 años esa proporción baja a 45,5%.
Paralelamente, los profesionales científicos e intelectuales pasan de apenas 1,6% en el primer grupo a 7,6% en el segundo, en tanto que los técnicos y profesionales de nivel medio aumentan de 8,2% a 11,2%. Existe una mejora en la estructura ocupacional conforme aumenta la edad y se acumulan educación y experiencia, aunque el punto de partida continúa fuertemente asociado a empleos de menor calificación.
El indicador que sintetiza buena parte de estas dificultades es la informalidad laboral. Entre 2022 y 2025, la informalidad no agropecuaria juvenil disminuyó de 71,4% a 68,2%, una mejora de 3,2 puntos porcentuales. Sin embargo, en 2025 todavía superaba en 8,1 puntos porcentuales el 60,1% correspondiente al total de ocupados.
La situación más delicada se concentra nuevamente entre los 15 y 24 años. Pese a que su informalidad cayó de 78,6% en 2022 a 74,8% en 2025, casi tres de cada cuatro jóvenes ocupados de ese tramo continuaban en empleos informales. La tasa superaba 14,7 puntos porcentuales la del total de ocupados y en 14,8 puntos la de los jóvenes de 25 a 29 años, cuya informalidad alcanzó 60,0%.
El panorama, por tanto, no puede evaluarse únicamente por la cantidad de jóvenes que consiguen trabajar. Los datos oficiales muestran un problema más complejo: una parte importante combina empleo y estudios, ingresa, principalmente, como trabajador dependiente privado, se concentra en microempresas y en actividades comerciales y de servicios, ocupa con frecuencia posiciones de baja calificación y enfrenta tasas de informalidad considerablemente superiores al promedio nacional.
Para Paraguay, donde aproximadamente 1 de cada 4 personas es joven, el desafío económico consiste en que el ingreso temprano al mercado laboral no se transforme en permanencia prolongada dentro de empleos informales y de baja productividad. El propio informe plantea la necesidad de diferenciar las políticas para quienes todavía atraviesan la transición entre educación y primer empleo de aquellas destinadas a los jóvenes que ya se incorporaron plenamente al mercado, con énfasis en mejorar la calidad, estabilidad y protección social del trabajo.
Empleo dependiente
El informe Situación de los jóvenes en el mercado laboral identifica al empleo dependiente privado como la principal puerta de entrada de jóvenes al mercado laboral.


